[••• •••] (Sentado sobre la amplia toldilla de popa diviso un carguero lejano. Pronto se pierde en el mar abierto). Reconciliación en emergencia de sal que moja páginas atestiguando la salida partida en rumbo sur anhelando nuestra estrella esclarecedora para que sepamos un pueblo que la ultra luz prepara en la palabra esta la compañía la única sonrisa en este ángulo final de América el mar se sume en el color de su abismo mar de humanos apenas en la máquina de armas gris como el cielo como la distancia las aves hacen espejos de todo habitar terrestre dura la lejanía de la tierra firme se convierte en olas espumas mientras el tiempo se aísla detrás de los empeños ya no hay premura el tiempo convertido en oro se abre a la espera así el residuo motor mueve su llanto y vamos y vamos las escotillas cerradas el clima desenvuelto dejan un exterior en llamas gélidas que encienden el presente sabemos la familia abandonada el amor abandonado el mundo anterior abandonado ¿es la renuncia siempre renacimiento? ¿se cubre así la aptitud para volver? Pero ¿qué abandono es otra cosa que la novedad? Reconocer por la convención de los oficios la falta el exceso y la pausa restringida que los desbordes de las almas claman y se despiden atareados en la espera es la hora de la espesura y entre hombre y hombre sólo la voz orienta la voz sustancial como un rumor merecido los abrazos estrechos en el Olimpo y nuestros cuerpos colosales sobre las aguas el sol se cuida en los labios mientras cierran las tempestades. [••• •••] Hemos confirmado el raudal de los ojos cayendo por los cuerpos al desnudo de fríos y sin embargo llorabas al ardid de mis cartas insuficientes en la caricia escasa por los años nuestros como abrigos pero hay algo fuera del marco que sobresale como si el negro del mar cayera poseso en fiebres rojas que brillan en las noches como si nuestra bandada testigo se convirtiera en fantasmas enviados por una naturaleza a velarnos a adoptarnos sobre la térmica estela de nuestro rumbo incierto [••• •••] Más atrás de los horizontes inalcanzables al sentido los jardines remotos de la Creación quedan iluminados y aún geológicos por el curso gigante del abismo pero sin confines sin confines nos repetía la voz durante los sueños cumbres que pueblan el trance desterrado de la vigilia al través de un continente con las hechuras pulidas en la guardia se nos abre la estancia como un tiempo nuevo prestancia en el oído claridad en los ojos y todo el destino despertará mansamente quedamos al juego sólo disponibles cada cual sumado en su coraje cada cual íntimo y sagrado cada cual convertido en otro por la ardiente paciencia de las espléndidas ciudades ¡Seguimos advertidos por estas señales! Esta es la hora nueva, la severa ¡Que recomience la Fiesta! [••• •••] Vuelta hacia el curso de alas náuticas el equívoco en la ocasión mientras celebramos la cruda primavera nos perdimos un instante pero la fuga exquisita perdura en los anhelos y la deuda crónica produce mundos nunca el cuerpo se abastece sólo pregunta y canta voy oyendo lento en las jornadas el ruego de tu música atenderé las costas el precio del juicio ahora que quedas gentil sobre la frente del mundo [••• •••] Pero nosotros no nos traicionamos no fuimos condenados y en medio de la calma el abismo agazapado asalta cuídense, cuídense de la flor de la tormenta que en las queridas tardes gira sus perfumes y como toda Musa interpreta el dolor en la causa de su risa oh mortales indignos aprecien el robo de la belleza y mueran mutilados por su gesto tal vez sólo tal vez aquellos ojos verán un hijo para que el estigma de una madre alcance a salvarnos a salvarnos cada pausa aflige desde la prueba que tensa su ausencia el rigor sonríe como la angustia en las arcanas guaridas donde se refugia clamamos su estancia atrevidos hemos cumplido con descubrirla aún niña y oculta detrás de sus propios ojos sabemos la claridad que incuba en su mirada se nos debe al menos el padecimiento la cuenta de sus manos el toque de su aliento en el sueño mortal de la sospecha como el cuerpo sufrido en la lentitud de su gusto que nos alimenta enormes posados en la horrible confusión el suelo de los muertos en horas a nuestros pies y las rocas de la playa crujen bramando alegría para recibirla víctimas celebramos su llegada a salvarnos a salvarnos… [••• •••] Fondeados en una cumbre de milagros encubiertos sobre la blancura sitiada tus manos anguladas trozaron al perfil roca de tu semblante a la triza más azul del ojo mientras los rumores atenúan el susurro hirviente de los besos ausentes nos culpa y nos rasga al andar de tu roce supe tu resguardo de lugares de ejes gigantes y calmos del continente tendido a la piel que se ofrece a la flor de la herida que nace la montaña como las olas en ristre cayendo hacia los lagos ocultos contra los cielos heleros a la hechura tibia de orillas al verbo hecho carnes bellas y tus ojos traslúcidos que escriben y velan hados mientras bailamos sobre sombras al ritmo terso de la gentileza al calor amante de los abrazos serás el último recuerdo que amamos de la leyenda [••• •••] Si es cierto que la musa no es pensable y que los signos hablan e indican que ella no olvida y que no está lejos… Musa el cambio de aires de pronto, la mutación del sol en hielo sobre los vientos, la acometida del riesgo común por un instante, el llamado glaciar de los montes, la confluencia precaria de los cuatro elementos sobre el número de nuestros ejes, Musa la luz gris que se apacigua en los caminos, el aroma verde que cruje en la ausencia, el largo azul dormido sobre las sombras, el rostro blanco en la corona de la tierra, la traza sin riberas que miente como un niño, pero los niños no mienten sólo recomienzan cada día el mundo Musa la jornada infante que devuelve a la mirada el principio del mundo, el juego pequeño que cuida el secreto de la vida, la risa creadora de infinitos horizontes, la inocencia curiosa que pasea en el peligro, la plaza abierta en los recodos imposibles, Musa el cuento que descubre temperies decididas durante el trabajo, la palabra de la poesía que calza el desfase en las mitades del universo y nombra a la realidad escondida para que emerja al claro de los hombres, Musa cada vista que indaga el habitar como el vigía abandonado ante el negro de la noche, el tiempo lento que jamás descuida el paseo, el Corpus sin familia que igual salva los afectos, la fiesta continua que consuela toda espera, la espera que sostenemos como una herramienta que se hunde en la materia la espera por la Musa Musa el vacío que da cabida al porte y estatura de los bailes, nuestra espada que desenfunda el ha lugar de los pueblos, los ángeles de la guardia ocupados con nuestro vértigo, el extremo de la tierra que recibe nuestros viajes, el clima mutante que modifica el gesto de los cuerpos, la transfiguración de la historia lentamente, y si es cierto que América no tiene pasado, no tiene historia, y que la historia no es historia de voluntad ¿cómo liberarse de la insistida creencia de que basta la voluntad para que se haga historia? El poema nos dice: Sabiendo lo que es la historia o creyendo en la Musa, Musa el rostro niña turbado por su propia belleza, el aprendizaje ejecutado en las manos por la extensión de un continente, la gracia gentil de alguien cuando simplemente acompaña y pregunta pues sólo la pregunta habla para que crezcan los lenguajes, Musa el ruedo joven que renueva el ánimo cuando partimos, la soledad extensa que no aísla, la voz fémina cantando un poema como una madre que arrulla a sus hijos; como una amante distraída caminando del brazo; como una niña adorable, salvaje, ardiente, despiadada; como una joven atemorizada por su destino; sonriente, Musa nuestra invertida Rosa de los Vientos que señala siempre hacia un Nuevo Mundo, el saludo breve y duro que ensancha las veredas, la distancia insalvable del hogar que nos amenaza con melancolía y esas fiebres mortales cuyo delirio desaparece sólo en la fe Musa la seña incrustada en el lado oscuro de la piedra de los caminos, la pobreza sencilla que es paz humilde, un compañero de ruta que prefiere el andar –el partir- a la hermosura para no creer en los paisajes ni en las fotografías con nombre que pretenden salvar la memoria Musa entonces la Memoria que cultiva en sus jardines secretos del alma la cuenta de estos viajes, para que nazcan como frutos los tiempos de la leyenda y así América tenga pasado tenga historia y florezca su destino. [••• •••] El camino calado como un hilo en montes de roca y de selva, la puerta de los pueblos atravesada hacia el cielo como el espesor de una venia, la puerta de entrada clavada sobre el paso musicado de la ronda, la puerta mayor frontera de dimensiones puente ¿el beso? resuenan palabras pórtico torres plaza umbrales orden sentido sobre su hacerse, palabras habitables… el nombre, el nombre insistía la mujer paralizada sobre los armazones, y su clamor abrazaba al poeta como una fiebre tórrida y extenuante sabor del delirio que ya es alimento basta su existencia sólo el nombre compromete realidad sólo el nombre permanece las cosas esperan en un campo ruidoso e inaudible un niño nace y lo primero es su nombre [••• •••] Y nos dominaba el rojo ausente al frío de todas las lluvias el país de los mares ciego en la niebla cruda donde perecidas las huellas cedimos apenas al tanto de la locura y sin peligros pequeños rodeamos los ojos en callada postura hasta el eco trabado de maderas transparente aún bajo las olas como un bajo violento que alababa y decía regresad oh sencillos porque se avecinan vuestras tempestades y mi muerte ha despertado a los colosos he aquí el manantial de las devastaciones que se procrean como estrellas fulgentes he aquí la fuente inicial del mundo vertiendo la música inaudita ¿Vais acaso a beber de estos cristales? porque la sangre soporta sólo un arrojo breve atrevido y no abunda el coraje sin embargo desde la oscuridad reconozco no pocas señas y he aquí un lugar donde todo encuentro se vuelve comienzo y los ángeles cruzan agitados alzando las llamas creadoras; los umbrales vastos que se tragan a los hombres… [••• •••] el poema hecho por todos… cada signo como isla de ausencia sin imposiciones cada zarpe hacia el continente y una peluca de contorno palta hacia ese destello en la lejanía -duro, futuro, de temblor- sobre la sombra que traspaso tu figura durante una magnitud puente hasta el mar propio donde partimos tras aquel gimnasio todo lo continente otro temblor llana lo espeso y los tizadores del mar según retrasa el enfrentar porque desde Valparaíso hasta Aysén el suelo movil es las dos planas la trama de estela de cada travesía |