poema Trama de Estela

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(Sentado sobre la amplia toldilla de popa diviso un carguero lejano. Pronto se pierde en el mar abierto).



Reconciliación en emergencia

de sal que moja páginas

atestiguando la salida

partida en rumbo sur

anhelando nuestra estrella

                            esclarecedora

para que sepamos un pueblo

que la ultra luz

prepara en la palabra


esta la compañía         la única sonrisa

en este ángulo final de América

el mar se sume en el color de su abismo

mar de humanos apenas en la máquina de armas

gris como el cielo

como la distancia

las aves hacen espejos

            de todo habitar terrestre

dura la lejanía de la tierra firme

se convierte en olas         espumas

mientras el tiempo se aísla detrás de los empeños


ya no hay premura

el tiempo convertido en oro se abre a la espera

así el residuo motor mueve su llanto

y vamos

                    y vamos


las escotillas cerradas                 el clima desenvuelto

dejan un exterior en llamas gélidas

que encienden el presente


sabemos la familia abandonada

                el amor abandonado

                        el mundo anterior

                                    abandonado


¿es la renuncia siempre renacimiento?

¿se cubre así la aptitud para volver?             Pero

¿qué abandono es otra cosa que la novedad?


Reconocer por la convención de los oficios

la falta         el exceso             y la pausa restringida

que los desbordes de las almas claman

y se despiden atareados en la espera


    es la hora de la espesura

        y entre hombre y hombre

                sólo la voz orienta

la voz sustancial como un rumor merecido

los abrazos estrechos en el Olimpo

y nuestros cuerpos colosales sobre las aguas


el sol se cuida en los labios

mientras cierran las tempestades.



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Hemos confirmado el raudal de los ojos

cayendo por los cuerpos

al desnudo de fríos


y sin embargo

                            llorabas

al ardid de mis cartas insuficientes

en la caricia escasa

por los años nuestros como abrigos

pero hay algo fuera del marco

que sobresale


como si el negro del mar

cayera poseso en fiebres rojas

que brillan en las noches


como si nuestra bandada testigo

se convirtiera en fantasmas

enviados por una naturaleza

a velarnos         a adoptarnos

sobre la térmica estela

de nuestro rumbo incierto



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Más atrás de los horizontes

inalcanzables al sentido

los jardines remotos de la Creación

quedan iluminados y aún geológicos

por el curso gigante del abismo

pero sin confines

        sin confines

                        nos repetía la voz

                    durante los sueños cumbres

que pueblan el trance desterrado de la vigilia

al través de un continente

con las hechuras pulidas en la guardia

se nos abre la estancia

como un tiempo nuevo

prestancia en el oído

        claridad en los ojos


y todo el destino despertará mansamente


quedamos al juego sólo disponibles

cada cual sumado en su coraje

cada cual íntimo y sagrado

cada cual convertido en otro

por la ardiente paciencia

            de las espléndidas ciudades


¡Seguimos advertidos por estas señales!

            Esta es la hora nueva, la severa


                        ¡Que recomience la Fiesta!



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Vuelta hacia el curso de alas náuticas

el equívoco en la ocasión

mientras celebramos la cruda primavera

nos perdimos                 un instante


pero la fuga exquisita perdura en los anhelos

y la deuda crónica produce mundos

nunca el cuerpo se abastece             sólo pregunta

                                    y canta


voy oyendo lento en las jornadas

el ruego de tu música


atenderé las costas         el precio del juicio

ahora que quedas gentil

sobre la frente del mundo


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Pero nosotros no nos traicionamos

no fuimos condenados

y en medio de la calma el abismo agazapado

                                                    asalta


            cuídense, cuídense

                            de la flor de la tormenta

que en las queridas tardes gira sus perfumes

y como toda Musa interpreta el dolor

en la causa de su risa


oh mortales indignos

aprecien el robo de la belleza y mueran

mutilados por su gesto                 tal vez

                                                        sólo tal vez

aquellos ojos verán un hijo

para que el estigma de una madre

alcance a salvarnos

                            a salvarnos


cada pausa aflige desde la prueba

que tensa su ausencia

el rigor sonríe como la angustia

en las arcanas guaridas donde se refugia

clamamos su estancia atrevidos

hemos cumplido con descubrirla

aún niña y oculta

detrás de sus propios ojos sabemos la claridad

que incuba en su mirada


se nos debe al menos el padecimiento

la cuenta de sus manos

el toque de su aliento

en el sueño mortal de la sospecha

como el cuerpo sufrido en la lentitud de su gusto

que nos alimenta         enormes         posados

en la horrible confusión

el suelo de los muertos

en horas a nuestros pies y las rocas de la playa crujen

bramando alegría para recibirla

víctimas celebramos su llegada

a salvarnos

                            a salvarnos…


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Fondeados en una cumbre de milagros

encubiertos sobre la blancura sitiada

tus manos anguladas trozaron

al perfil roca de tu semblante

a la triza más azul del ojo


mientras los rumores atenúan

el susurro hirviente de los besos ausentes

nos culpa y nos rasga al andar de tu roce

                                supe tu resguardo de lugares

                            de ejes gigantes y calmos

del continente tendido a la piel que se ofrece

a la flor de la herida que nace


la montaña como las olas en ristre

cayendo hacia los lagos ocultos

contra los cielos heleros

a la hechura tibia de orillas

al verbo hecho carnes bellas


y tus ojos traslúcidos

que escriben y velan hados

mientras bailamos sobre sombras

al ritmo terso de la gentileza

al calor amante de los abrazos


            serás el último recuerdo

            que amamos de la leyenda



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Si es cierto que la musa no es pensable

y que los signos hablan e indican

que ella no olvida y que no está lejos…


Musa el cambio de aires de pronto, la mutación del sol en hielo sobre los vientos, la acometida del riesgo común por un instante, el llamado glaciar de los montes, la confluencia precaria de los cuatro elementos sobre el número de nuestros ejes,


Musa la luz gris que se apacigua en los caminos, el aroma verde que cruje en la ausencia, el largo azul dormido sobre las sombras, el rostro blanco en la corona de la tierra, la traza sin riberas que miente como un niño,

pero los niños no mienten


sólo recomienzan         cada día         el mundo


Musa la jornada infante que devuelve a la mirada el principio del mundo, el juego pequeño que cuida el secreto de la vida, la risa creadora de infinitos horizontes, la inocencia curiosa que pasea en el peligro, la plaza abierta en los recodos imposibles,


Musa el cuento que descubre temperies decididas durante el trabajo, la palabra de la poesía que calza el desfase en las mitades del universo

            y nombra a la realidad escondida para que emerja al claro de los hombres,


Musa cada vista que indaga el habitar como el vigía abandonado ante el negro de la noche, el tiempo lento que jamás descuida el paseo, el Corpus sin familia que igual salva los afectos, la fiesta continua que consuela toda espera,


                    la espera que sostenemos

                            como una herramienta

                                    que se hunde en la materia


                                                la espera por la Musa


Musa el vacío que da cabida al porte y estatura de los bailes, nuestra espada que desenfunda el ha lugar de los pueblos, los ángeles de la guardia ocupados con nuestro vértigo, el extremo de la tierra que recibe nuestros viajes, el clima mutante que modifica el gesto de los cuerpos, la transfiguración de la historia lentamente,


y si es cierto que América no tiene pasado, no tiene historia, y que la historia no es historia de voluntad

¿cómo liberarse de la insistida creencia de que basta la voluntad para que se haga historia?

El poema nos dice: Sabiendo lo que es la historia o creyendo en la Musa,


Musa el rostro niña turbado por su propia belleza, el aprendizaje ejecutado en las manos por la extensión de un continente, la gracia gentil de alguien cuando simplemente acompaña

                                y pregunta

                                        pues sólo la pregunta habla

                                para que crezcan los lenguajes,


Musa el ruedo joven que renueva el ánimo cuando partimos, la soledad extensa que no aísla, la voz fémina cantando un poema como una madre que arrulla a sus hijos; como una amante distraída caminando del brazo; como una niña adorable, salvaje, ardiente, despiadada; como una joven atemorizada por su destino; sonriente,


Musa nuestra invertida Rosa de los Vientos que señala siempre hacia un Nuevo Mundo, el saludo breve y duro que ensancha las veredas, la distancia insalvable del hogar que nos amenaza con melancolía

                y esas fiebres mortales

                        cuyo delirio desaparece

                            sólo en la fe


Musa la seña incrustada en el lado oscuro de la piedra de los caminos, la pobreza sencilla que es paz humilde, un compañero de ruta que prefiere el andar –el partir- a la hermosura

                para no creer en los paisajes

                ni en las fotografías con nombre

                que pretenden salvar la memoria


Musa entonces la Memoria                 que cultiva en sus jardines secretos del alma la cuenta de estos viajes, para que nazcan como frutos los tiempos de la leyenda


                        y así América tenga pasado

                            tenga historia


                                    y florezca su destino.


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El camino calado como un hilo en montes de roca y de selva, la puerta de los pueblos atravesada hacia el cielo como el espesor de una venia, la puerta de entrada clavada sobre el paso musicado de la ronda, la puerta mayor frontera de dimensiones puente ¿el beso?


resuenan palabras

        pórtico             torres

                plaza             umbrales


orden sentido sobre su hacerse, palabras habitables…


                el nombre, el nombre


insistía la mujer paralizada sobre los armazones, y su clamor abrazaba al poeta como una fiebre tórrida y extenuante

sabor del delirio que ya es alimento

basta su existencia

sólo el nombre         compromete realidad

sólo el nombre             permanece


las cosas esperan en un campo ruidoso e inaudible


un niño nace

y lo primero es su nombre


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Y nos dominaba el rojo ausente

al frío de todas las lluvias

el país de los mares

ciego en la niebla cruda

donde perecidas las huellas

                                    cedimos


apenas al tanto de la locura

y sin peligros pequeños

rodeamos los ojos en callada postura

hasta el eco trabado de maderas

transparente aún bajo las olas

como un bajo violento

que alababa

                        y decía


regresad oh sencillos


porque se avecinan vuestras tempestades

y mi muerte ha despertado a los colosos

he aquí el manantial de las devastaciones

que se procrean como estrellas fulgentes


he aquí la fuente inicial del mundo

vertiendo la música inaudita


¿Vais acaso a beber de estos cristales?


porque la sangre soporta sólo un arrojo

                        breve

                                atrevido


y no abunda el coraje


sin embargo

desde la oscuridad

reconozco no pocas señas

y he aquí un lugar donde todo encuentro se vuelve comienzo y los ángeles cruzan agitados alzando las llamas creadoras; los umbrales vastos que se tragan a los hombres…



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el poema hecho por todos…


cada signo

como isla de ausencia

sin imposiciones

cada zarpe

hacia el continente

y una peluca de contorno         palta

hacia ese destello en la lejanía

-duro, futuro, de temblor-

sobre la sombra que traspaso         tu figura

durante una magnitud puente

hasta el mar propio donde partimos

tras aquel gimnasio todo lo continente

otro temblor llana lo espeso

y los tizadores del mar

según retrasa el enfrentar

porque desde Valparaíso hasta Aysén

el suelo movil es las dos planas


la trama de estela


de cada travesía