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2004, Puerto Guadal

 
Esta era la lámina original para ubicar en la obra de travesía, realizada según los dibujos e indicaciones del Taller de Amereida para todos los talleres de la Escuela. Fue extraviada durante el viaje. En el cruce a Puerto Montt, en medio de la noche, nos encontramos con el taller de Diseño de Objetos de Boris Ivelic. Ellos nos regalaron la placa que finalmente fue ubicada en el oratorio de San Francisco.


Poema a San Francisco 


PARA dar comienzo


casi la luz falsa

en la tormenta oscura


como una ciudad convulsa

al parque ausente

mis niños

que vinieron y vinieron

una risa los alimenta


estas páginas siempre han abierto

nuestro duelo se mantiene     preparado


y el cuerpo celoso de la mariposa

cayendo en su vuelo fúnebre


a esa, la estrella entonada

sola

  cuya memoria es jardín

que florece los secretos


así cambia la naturaleza

el rumbo del universo


en una vía fulgurante

canta el rumor marino


eterno eterno

      un regalo precioso

  será siempre inapreciable


su danza

sin transcurrir

acontece sin medida

sin quiebres

la fianza tomada y enceguecidos


aquella valentía portentosa

el nido de los que quedaron


sumidos


la marisma parlante

sus seres paridos por la leyenda


atrás muy atrás


mientras crecimos de cerros

los guardianes del aire


sumidos

nadie regresa sólo por el odio

hay entonces un triunfo

una musa que espera

y asalta como el miedo

los hielos purpúreos, cardinales

entonan al caos

que ellos vuelven y redimen


las aguas geológicas manchadas

al paso humano

hundido tras la transparencia


es el bosque convertido en gigante hijo

besando a sus madres tierras

el adelanto de las eras


amanece congelado

sobre la trampa exquisita

andando rigores aún crueles


de férreo mandato


héroes de la propia historia

en la noche de los fuegos

al cielo gélido límpido


hasta abrazarnos en la cuerda sublime

pétreos contra el curso de los rios

con una conversión que perdura

en el lago de los corazones

todas nuestras puertas abrieron

el cuerpo 

leve

en los gemidos y los llantos

somos la primera marca

signatura imborrable

del hallazgo del mundo


llegan los saludos

las advertencias

el banquete de los justos


escondido tras la tarde

de gloria

como la fuerza de sólo la fe

consentimiento que extiende

cambia y renueva


porque lejos de las olas

el silencio crea montañas

el vuelo de aves en majestad

de la palabra alta

cúlmine de prodigio


la mano embellece la seña

que miente    tal vez

pero cursa el destino


en la postura joven

cuida a la primavera


pero hay que salir de partida

sin encubrir golpes

astucias logradas en la valentía


el talento

aburre al trabajo

y se desdice en la flor de los labios

el ardid entregado

que delata como el humo


en la cabeza de los lagos

equívocos y alejados

porque la noche conduce 

en alimentos

y fragua en las alianzas


el círculo que encauzó a los cataclismos

inquieta al presente


ofrece aventura

en la mano mendiga


en el externo álgido comparece


su cruz

de pobreza.





¡Estamos advertidos por estas señales!

¡Que comienza la Fiesta!



Las fotografías de las obras de la travesía se pueden ver en la colección Travesía Puerto Guadal 2004, del Archivo Histórico JVA.

Un poeta en travesía

¿En qué surge un poeta en travesía? ¿para qué incomodarse en ir con él justamente hacia donde se supone se va a la praxis misma del oficio? ¿y si la palabra ya dicha también basta y hasta sobra; un poeta directamente “en persona”?

Nota 30 (amereida volumen II). 
En Palermo Aike conversamos con el administrador inglés pionero de la ovejería. En el cerro sobre las casas. En su cumbre. El nos lleva allí. Dice en un momento. “Los caciques indios tenían por lo que les pertenecía, lo propio, aquello que la vista alcanzaba a ver”. El ver les otorgaba propiedad. Y la tierra vista se volvía lo propio. Así ahora conversar en este cerro comparece lo propio. Allí se está en un ritual lejos de la confidencia. Y a través de él descubrimos lo que es lo propio. 
La confidencia, en cambio, superpone siempre lo impropio. Al otorgarnos una pseudo posesión. 
No aquella de los caciques. 
Cuyo ojo estaba enseñado a ver lo que ha de ser conocido e instaurado como lo propio. 
Los poetas son los que enseñan a ver aquello que nos circunda y que ha de ser lo propio. 
Nuestro propio campo. 
Nuestra heredad.

¿pueden los oficios arrojarse en la carrera sobre la extensión y obrar sólo sostenidos por lo inmediato de la faena? ¿pero qué es lo que heredan los oficios y que les permite entonces oficiar con plenitud? ¿se heredan las obras mismas, la forma o la técnica con que fueron realizadas? ¿se heredan acaso los temas o los símbolos o los dioses que inspiran y obligan? Nada de esto. No hay heredad así en los oficios. El campo propio sólo es aquello donde se logra definir y discernir un horizonte. Sólo ese horizonte es lo que se hereda. Porque un horizonte sólo tiene sentido cuando es ir hacia él; cuando se convierte en rumbo. Es casi una paradoja, pero lo que es heredable es sólo un momento extraño y fugaz en el presente que alcanza a iluminar una breve porción del porvenir. Ese porvenir que al no existir es siempre oscuro. 

Nota 31 (amereida volumen II).
De la nada casi obtener una perfección. Una forma. Así son los poetas. Ellos dicen Gracián definiendo el barroco han de ser oscuros. Ellos no exponen la naturaleza. Sino que traman como Dios la providencia. Esta, es oscura. Luego, los poetas han de ser oscuros. 

Aún cuando proclamemos, creyéndolo de verdad y ciegamente- nuestra rigor precioso con la absoluta modernidad, aún cuando se muestre maravilloso nuestro anhelo por la Gracia y nuestros mejores esfuerzos en pos de la belleza; lo cierto es que no hay ningún oficio, por muy artístico que sea, que pueda sostener su materia sobre un límite inalcanzable. Por eso son útiles –los más- los poetas.  

Del inventario

El tiempo de espera previo a una travesía no es un período solamente de espera o preparación. Por supuesto que estamos en los preparativos y en el cálculo de todo cuanto necesitamos para la aventura, pero hay algo más. Godo decidió incluir algo llamado el inventario, en un libro de poesía como es amereida. El por qué de esta inclusión es un modo de pensar y de creer en el tiempo. Al igual que los antiguos guerreros, que previamente a la batalla “velaban” sus armas, orando por el favor divino despiertos toda la noche. Ese velar significa un estado de vigilancia, una vigilia es un acto extraordinario y paradójico; porque velar quiere decir esconder, ocultar, y sin embargo en este caso se trata de lo contrario: abrir, traer a presencia aquel don invisible y extraño que surge sólo cuando atravesamos esos estados extremos. Venciendo el sueño para establecer un cuidado distinto. Porque no se trata solamente de revisar una y otra vez las armas para verificarlas o contarlas, tampoco es estar pendiente de que nada se olvide o se extravíe. La vigilia es un arrojo por medio del cual el vigilante o vigia cuida el buen sueño y el descanso de quienes están a su cargo. Más aún, la vigilia poética es el cuidado atento y generoso del sueño y descanso del mundo.
Este tiempo previo de la travesía se llama de inventario y ya es parte integrante y fundamental de la travesía misma. Es una espera poética en la que reside la posibilidad misma de que que la empresa y la aventura existan. Durante este tiempo debemos estar incluso más atentos y expectantes que durante el viaje mismo, porque en lo que fallemos ahora será luego mucho más dramático. Olvidarse de la sal significa que durante 15 dias comeremos muy mal, llevar la ropa inadecuada significa pasar mucho frio durante muchas noches, etc. Nuestro tiempo de travesía ya ha comenzado.  



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Jaime Reyes,
16/12/2009 03:00
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Jaime Reyes,
16/12/2009 03:01
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Jaime Reyes,
16/12/2009 03:23