poema Adagio Cumplido

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Mucho habíamos estado lejos del fin del mundo

vinimos a aminorar el ritmo de la demora

        sin embargo los gigantes Hijos de Gea despertaron con nuestro desembarco

y convirtieron la isla en abismo


Ya sabíamos su sueño delicado para cuidar el sur aún sin nombre. Ya sabíamos el riesgo voluptuoso de interrumpir ese sueño sagrado, pero era la hora

        -la nueva y severa-

        he aquí nuestra excusa

travesía


entonces nos hundimos

y nos fue gobernado el presente

cada lugar y cada instante

volvimos al fondo inicial         la condición

oh humanos


    sin adelantos             sin progreso

        antes de la evolución

El Abismo nos despojó de la historia y comenzamos y fuimos los primeros en levantar la casa, en ordenar la figura de las piedras, en contemplar la soledad de los bosques. Nadie había oído a los animales invisibles; en el seno de la Creación fue reconocida nuestra risa.

El Abismo nos tuvo perplejos

en la prueba exquisita de su propia existencia

fuimos un reflejo         brote del mundo

la civilización otra

la correspondecia de la gracia amable

y el dolor

El Abismo nos mostró el principio virginal de la belleza en el instante radical de su nacimiento

belleza humana        el rostro del Abismo joven

transfigurado en piel rosada infantil

en sudores dulces que suavemente… oimos al viento del Abismo convertirse en voz femenina acunando la furia de los huracanes, convirtiendo en canto los gritos de la locura

mediante una celada exquisita

        vimos los ojos del Abismo

interior calmo donde leímos a viva voz los signos conmovedores que nos llamaban clamando aventura; leímos secretos que surgen y urgen sólo una vez en la vida; leímos transparencia que el pudor reserva sólo a los amantes; leímos partidas que la eternidad marca en la carne

                            como una fiesta


Cuando se han cruzado miradas con el Abismo todos los cauces extravían su costumbre; sus alcances ahora vigilan todos los cursos. Cada gesto deberá responderle, cada acto deberá atenderlo y servirlo, cada palabra deberá guardar -en algún fondo- su nombre


Hoy nos presentó su faz imposible; reveló nuestros propios e íntimos cambios. Aquel cuyos ojos no se olvidan, cuyo color hondo indica el espesor del tiempo distinto. Hemos venido a conocerlo. Comprendemos la dura medida del soy otro, marca de amor que nos convirtió en mujeres y en hombres preparados para el rigor extraordinario del mundo


¡Ven entonces, oh poderoso!

que el mar sean tus mantos feroces

        abrazando nuestro regocijo

que el viento gélido nos cale tu música en los huesos

y que las selvas profundas y las lluvias sin fin

        nos atraviesen la sangre

¡Aquí te aguardaremos!

Sumidos en la mansedumbre de la espera, alzando nuestros cuerpos al vilo de la noche para que su regalo te demuestre enfrentado a las estrellas que aquí -en medio de tu vientre tumultuoso- residimos las mujeres y los hombres. Aquellos cuyo espíritu es acaso tan grande y vasto como la infinitud magnífica de tu porte.



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Ya bajan aguas desde las cimas de los árboles

nacen los ríos

la niebla eterna y la lluvia y las nieves

mandan a sus almas surcar la tierra

mandan que el mar sepa

que su vastedad se alimenta fluvial

que sus orillas atravesadas serán por otras aguas


aquí no se debe hablar, sólo oír.


La soledad transmuta cosas en recuerdos

golpes lentos siempre efectivos

éxito de sus enfermedades

pero tus aromas salvan toda distancia

tu templanza disipa siglos

mientras el último abrazo del sol

copa el cuerpo desnudo

mientras el río consuena en mis canciones

tu voz llama en paz

endurecida en la separación

reconforta y calma


Sin comprensión apegado al fondo

una primera vez sencilla y radical

elabora existencias adueñando los deseos

en la vastedad preciosa de una familia

que se alimenta en tu seno


mientras el candor extraño de la tarde

absorbe la escasés de los días.



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Llegarán las salidas

para que el tiempo encuentre su espesor

de completitud al ciclo necesario

sobre el cual descansaremos

hasta la aparición de las señales celestes

en la hora final de la aventura

se vuelve todo inocencia


la turba contenida de las energías

explotarán sin sentido

diseminando fuegos incontrolables

sobre el espíritu del país


cae la noche agotada e inútil

que resguarda una redención

pues sabemos que la familia nos acogerá

dentro de un seno generoso

hasta que se laven las heridas

un instante en la tirada del silencio

el semblante pagano de la fiesta


la colisión es la marca del hallazgo

            su potencia descomunal ha de liberarse

para que nada se pierda y todo se transforme

para que el peligro llegue al adviento

para la paz y y la pausa de los hombres


alguna vez seremos sólo testigos

antes ser del desquite y la paciencia

sin arbitrio en la catarsis humana

configurada como abrazo tumultuoso e informe


cuando Eros emerja maldiciendo y bendiciendo

doquier como lo imperfecto

pues los poetas no dominan el caos

que reina en los corazones

no obligan el curso de los actos


los hermosos desdichados nos enseñan

el verdadero rostro de la alegría.



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¿Tiempo de suerte en los cambios difíciles?

¿Sabemos atenuados los destellos del iluminado fondo terso de los rostros?


Poco importa

al fin y al cabo los residuos moran en nuestra historia

durante una tarde no lejana amaneciendo en tus sueños

mientras el mar te cuidaba todavía

            dijiste

con esa voz comprometida en otras vidas imaginarias


        enlazar las llanuras que repletan el hueco

de los universos

incluir las fuerzas macrocósmicas

las magnitudes tiernas y feroces

        con que la materia forma mundos


un lazo apenas audible leve como viento de orilla

permanece incrustado más allá de mis humanas memorias

y hasta en el más oculto recodo abunda un aroma fantástico que quiebra todos los planes

y las apuestas malditas que corrompen el futuro


en la frontera delicada los hechos sucumben de pronto

así volveríamos a conocernos

                    desde antes de antes


¿cuántas veces he sido derrotado?

tantas he perdido los hilos de Ariadna

agraciados sobre las salidas


a merced de los monstruos toda cuenta dice


las crueldades que nos aguardan

no han de saberse

porque semejante estremecimiento

sería mortífero

porque no existe el futuro

                    sólo el presente


he ahí a pesar de los extravíos

las partidas hacia la maravilla

entre la tensa bruma de la sorpresa

la espera en dulce cautela

prendida como el hueco apenas



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el tono distinguido de las ubicaciones

la voz viaja entonada en giros propios

visiones comunes arraigan una marcha


los dias claros sobre la arena

tardes irrecuperables sólo sobre la risa

un paseo durante los bosques antiguos

las caricias del mar a los pies

con el son frío de sus cuentos


he visitado los bordes insondables

sumidos en la bruma hermana

limpio en la vastedad sublime del mundo

las ciudades se rompen contra el día

la jornada empapada en mansedumbre


volver a ser los príncipes

el fragor intenso no amanece

erigiéndonos desde la nada

reinaremos más allá

detoda simple coincidencia


volver a ser príncipes es la seña…