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Ligadura de Ronda, poema

        [•••  •••]

 

Desde entonces             la llegada

en cuanto cada rayadura

como la teoría especial y radical

                                                     la trampa

atascados sobre mesas

esperando el comienzo

 

las piezas en bienvenida

mientras cuidábamos el espacio

de la guarda y la aventura perdida

 

la zona petrificada en el calor

que los hombres destinan a sus horas

y supimos la cuadra joven

 

el Atlántico bordeando el horizonte

mientras la que ahora crece

oh Tierra del Fuego y los príncipes

y todos aquellos versos

que oímos como un cobijo más

de los propios                                   que jamás ceden

quedándose

 

Antes fueron barcos

hoy carreteras

el movimiento cumple su letra

el perfil del horizonte es el mismo

al fin y al cabo es esta una isla

 

Cámbianos una vez más

mientras bailamos con tus musas

albergando el dilema de la lengua

de todos los ancestros

                                   y así olvídanos

un instante

antes de los motores

                  el grito animal

                                   que atravesaba las estepas rubias

para llegar                            para llegar

                                            al último cabo del mundo

el amarillo guía

suelto y silvestre           avecindado

allá en lo más lejos                       de miles de años

confundidos       con el canto rojo del atardecer

interminable                                      la línea doble

                  calzada con el viento

                  este lar pertenece enteramente al viento

 

y percibimos su venida

cuando arrasó verdores prometidos

con el gélido aullido acristalado

en el cauce de los ojos

el polvo inmenso anidado

en el trance de los viajes

el amarillo primitivo cantado

como la claridad de los tiempos

y nuestra humilde reserva de luces

se expande en el seno pequeño de la noche

la lluvia nos oye tomándonos

 

se ha curado la única salida

el coro completo nos reclama

elogios y elevaciones

 

no hay peligro en los raudales

la roca brota perdida

la frente de pampa estalla

y sus esquirlas hieren esta hora

 

escrita la planicie

donde incluso el mar parece su ruedo.

 

                  

        [•••  •••]

 

Un día abrí los ojos y habían nacido los bosques

millones de mantos purpúreos

extendidos sobre la estepa

como si el fin de mundo fuese sólo desenlace

 

y detrás nacieron las montañas preñadas

con el curso portentoso de los ríos

blancos como cicatriz angélica

 

nosotros no conocimos el marfil

que brotaba en las piedras imperiales

ni fuimos absueltos

por la espantosa maldición del conocimiento

 

apenas teníamos el abra

de lenguas bravas

solidificadas sobre el ritmo de las mareas

y unos pueblos atrevidos

en el súbito clamor de la naturaleza

 

tierras de fuego              cielos de mar

y así todas las cruzas terribles

pariendo memorias nuevas

en el caudal de las estaciones

anotamos la irradiación de semanas caídas

más allá de la cordura

enfundadas en el planeo de la soledad

 

sobre el cuarto personal          atiende

y nuestra esquiva coincidencia          para salvar

 

¿dónde estabais vosotros cuando el mundo cambió de signos?

 

allí también

en los recodos estrictos de la familia

que intervinieron con señales

desatendidas y adventicias

 

oh sometidos y esbeltos

reducidos por la belleza del rostro

como una ceniza fraguada en el viento

reabrimos huellas de piel

y entramos palpando la tibieza

 

un suave recorrido perpetrado

en la espera      en el beso

y tus ojos          raudos      quietos

atravesados sobre una mesa

mientras el duro filo nocturno

      callaba.


 

                  [•••  •••]

 

La mañana temprana repara los trabajos

a gemir la melodía de la esperanza

mientras alguien camina hacia mi

retornando

se concentra la lentitud del universo

en la expresión del mediodía

y apenas sabemos lo que sucede

 

alza tu figura en medio de las juntas

de esos juegos infantiles que nunca olvidamos

 

es el turno dramático                                   desenvuelto

cuando la calma es aparente sobre la orla

 

no sabemos de arribos sino de Esperas

 

(invitad al susurrante, para la Demora)

 


                  [•••  •••]

 

Hay el lúcido desvío

por donde los hombres pasan                              

advertidos

débiles palabras resonando

como el eco tardío de huestes fantasmas

marcas adheridas en la suerte espantosa

de los animales antiguos

cuando petrificaron sus soles                                

sus lunas

sus estelas universales bajo el cataclismo

que nos obliga y nos dirige en la jornada

en los mares cocidos al viento

en la isla de los ríos destapados

sobre el fuego voraz y sincero

que sirve a nuestros lares

 

(en tanto toda voz que nos llega blanca cobre un tono familiar que nos arrulle –solos, serios- no llegaremos hasta ningún lugar y la permanencia será inútil y vacía. Siempre habrá un fin de mundo más lejano).

 


                  [•••  •••]

 

El río   aguas a las aguas en las gélidas mitades jugadas como respiración que extravía el silencio del mar       del canal             aquella canción inevitable en la nostalgia  distinta

como las flores en la sombra húmeda y estéril

                  que marca vestiduras de bosque

como el orden nuevo y crudo de esta estancia     ruda

como la pobreza                            triste como la miseria               

pero un curso de árboles grises girando

sobre la muerte líquida emerge

despuntando marmóreos perfiles truncados                                sobre aguas níveas que arrastraron furiosas la sutileza arbórea de sus orillas hasta convertirlas en el sinuoso y cenizo esqueleto que ahora reluce y traspasa

y bordea  y acompaña                               

sobre el río se filtra un bosque vivo                verde    enraizado          

y otro bosque antepasado descansa muerto sobre el río 

y sus gritos de quebrajos y rajaduras blancas y verdes susurran el cuento desnudo                  soberbio            

                  de los cataclismos fundacionales

acaecidos y por acaecer          

cada vez             durante el rigor aterrador

de las estaciones         brazos               troncos                                  manos deformes de sequedad glacial  erguidas

y gestuales arman la clave de los remansos

                  donde duermen sus seres secretos  

pequeños médanos de hundimiento    se tragan

sus reliquias    esos árboles muertos esqueletos

                  son los huesos nutrientes    sus pastos raídos

en la ventisca desnudando los sueños.

desde la hondura largada        como un poeta                               

                  sin arcilla en la locura cuando en vano perdura

su barro de maravilla despedido en lo bebido

a las horas del intento que fecunda lo cierto                              

                  encendidos los calores mientras éramos alimento.

 


                  [•••  •••]

 

Es el día final de caminos      de durezas     

que lloramos sagradamente

en tributo a los oídos que descifraron

los murmullos remotos

volando apenas sobre el polvo

esparcido como abrazos

en el cuerpo perfecto de los amigos

 

es el día final de un tiempo amante

que celebramos sigilosos

como el ruido de los libros

que esperamos yendo al habla

en la conversación impresa entre nuevos huesos

que corren ensangrentados

 

entonces es el día de lo distinto

henchido de lo solitario y sabio

que existe naciente de aromas en las árticas flores

                                                     largamente en la pobreza.

 


                  [•••  •••]

 

Mientras vaya quedando lo de menos

estacionado     quieto

como las aves investidas al borde del mar

entre la lucidez justa de los ruegos

que nunca sobran

 

atrapado en verso

allá donde saltas y suspiras

estuvimos resguardados por la ausente razón

atrapada tu danza        

abolidos los golpes naceremos en otra historia

fundidos al relato de la Mariposa

ciega en la luz de la estrella

 

cubrimos la aflicción de la eternidad

elegidos los ojos

y el monstruo vulgar

diferentes en el inseparable episodio

como una doncella lavando sus ríos

 

arcaica claridad

 

conservada en una isla resplandeciente

iluminada y feroz allende el vacío

que se incendia en los errores

 

y las bocas tendidas como la vana ceguera

-ofrecidas y mudas-

refulgentes al beso que absorbe a los amantes

hasta la exaltación de una quietud incandescente

 

ha surgido la fiebre triunfal

vigía

de las separaciones de la tiniebla

nuestras vértebras boscosas se estremecen

dóciles dentro de la altitud de los llantos

y ebrios de turbación conocimos habitaciones

de espíritus

en el frío de cada sombra

hay un nudo pálido    antiguo

tras el vidriado eco de las mujeres

 

 -ved-

 

son las pieles bruñidas              dispares

limpias y gigantes y unidas

cuyo fragmento fantasma es plácido

                                   y lúgubre y débil

 

ved también los rostros atentos

cuando se apegan negando el hueco

                                                     -el hueco apenas-

que algunos sabemos absolutos

centelleante certeza apaciguada en lo alto

corona de latidos

nos libera en exceso

aquellas joyas del poeta

abandonando las señales auténticas

nos queda la ruda agonía venenosa

de la melancolía

                                  

                                                     pero la demora…

ah la Demora

y su voracidad lívida

atrapando la vejez de la princesa

dentro de los hielos tejidos en tu piedra

para que un nombre retorne

hasta el anillo de mis labios

vagos de canción en canción

desde las edades olvidadas

en el horror primero de las eras

corren tus animales perdidos    atrás e inmortales

sus huellas florecen en la mañana de cortezas desoladas

 

¿Será una nueva prisión el saludo de nuestra fiesta?

¿liberaremos el beso traidor del dios de los hombres?

 

O un impulso lejano que agoniza en la belleza

perfuma la creación sellada en signos de mar puro

y sólo los silenciosos serán los indómitos predilectos

llamados a la figura de este mundo

 

En la estampa una manera de entrega

a los accesos

las  apariciones sustituyen

y sólo caben los humildes

que siempre prefieren la pregunta

en vez de la certeza

ánimos de infancias voluptuosas

brillando en la mirada

al habla vertida sacrificando                   incluso

el propio vértigo

en la ayuda cualquiera y necesaria

ellos arderán como la sedienta Mariposa

cuando reine la Musa

 

                                   oh preciosos

la palabra conoce vuestros gestos

aún abruptos al fragor de las lámparas

metalizadas durante los inviernos inertes

sobre el reposo que abrigaron danzando

                                                     más allá de la ronda

y les concederá la victoria y la sangre

en la carga de los sacrificios

 

la palabra ha oído

la fertilidad que cultivan en los astros rojos

de vuestra carne

el fruto presentido que se desastra pupilar

como manantial lastimado

el interior impedido que lucha

                  por dar con su cima

franqueando los ídolos de columna

 

la palabra           

desde ahora anda gigante en vuestros corazones

ocurriendo como abismos

                  en el signo dorado del rostro

para conocer el azul de este país

meciendo los mantos fríos del follaje

extrañados

como una exhalación crepuscular y virgen

del fin del mundo

 

la palabra nos pregunta

 

oh vosotros     los idólatras

¿Acaso habéis reservado algún espejo donde mi reflejo sereno os emancipe una eternidad?

¿Habéis provisto milagros límpidos para curar la dureza perenne de vuestros malditos corazones?

 

o tal vez              habéis intuido  a la Musa

 

la que se aleja sumida en retiros

sin conocer el ardor de las gargantas gimientes

ella          vuestra desconocida hermana

que ha dormido los siglos ancianos

en la atormentada piedad de la isla

ahora nos ronda

adivinando que hemos venido a erigir sus altares

a jugar en sus prohibidos y egoístas jardines

alucinantes como la raíz líquida de los ojos

vestidos en el desvelo que celebra y enaltece

incendiando los antros

arrasando a los incrédulos

envenenando a los imbéciles de siempre

ella          fatalmente radiante

en el verano de las campanas

                  que tañendo nos descubría

como una estrella deliciosa bebida en jóvenes cálices

yo la he oído siguiendo los pasos

desde que nacimos continente

floreciendo en el caudal de los pudores

que extraviamos solos antes del edén-paraíso

antes de subir los nombres

yo la he oído

bebiéndose nuestro pasado

                  abrazada a la tristeza inmóvil

pidiéndonos una atención oscura

                  y extrema ignorancia

 

y así pulsaba una inmortal

sobre sus torres vivas y ofrecidas

                  como una sacrílega adoración

que nos toca la piel    siniestra e impíamente.

 


                  [•••  •••]

 

Recuérdanos la dura maravilla mientras viajamos

esperando el cruce

                                   las notas de los poetas

divididos como el cuerpo vencido

ante una muerte prematura

nuestra música esquiva sobrevive

a pesar de la estampida nocturna

el frágil rumbo acometido tiembla

enmudece estremecido

esperando la llegada creadora

de las aguas lentamente

 

ved esos rostros             allí

como la faz de las virtudes esenciales

ayudando a la calma

ved el estremecimiento lúdico

oculto en el sino de los lirios libres

unánime

bailando trágico en el filo ebrio

 

corrimos la captura hasta una noche deshabitada

que responda glaciar el trance de la espera

                                                     la Santa Espera.

 


                  [•••  •••]

 

(estaban resguardados en la crudeza ígnea de mi cuerpo –mis hijos-)

 

Supimos entonces esa crudeza corpórea que subía arrebatada por la marea indeleble que aquella voz nos dejó en las venas. La voz anciana-nueva recitada en cualquier casa y desaparecida frente al mar. Desde aquel primer instante se ejerció nuestro destino. Es todo cuanto pudimos hacer, al acecho violento de cantos y vientos. Nunca dudamos, suspendida toda incredulidad nunca desistimos. Eso también se llama coraje.

Avanzar sobre la obvia resistencia de las ciudades; vacíos los anteriores preceptos; anuladas las expectativas y cálculos futuros. Someterse a la leyenda, como los lirios del campo.

Concebimos la invasión de las hogueras que en grises amortajados lloraremos nuestras rasgaduras seniles.

 


                  [•••  •••]

 

Abrimos aplausos al puerto

al resguardo indolente

pidiendo el fin de la Espera

                  y efectuar los llamamientos

que abren designios para el estruendo saludo

cuando ríe aniquilando a la nostalgia

ocupados en la restitución de toda memoria

 

Oh Reina Fantasma

no has cubierto tus vestiduras de alba

y una rama quebradiza te delata

detrás de mi noche de inviernos

con tus manos en vapores

congelados sobre el vaho correntoso

 

ya no sabemos tu figura

apenas intuida en el recuerdo

pero la lejanía también nos ahuyenta

retirándonos hasta el último refugio.

 

 

                  [•••  •••]

 

¿Dónde está la huella?

 

desconsuelo del trabajo

en años de marca

ciegamente verdadera

 

pero      la recordamos

 

porque he aquí los animales fabulosos

cantando en la boca de bellas sirenas

contando legendarios viajes

                  y espantosos encuentros

con los hombres        

en las profundidades de las selvas intocadas

en los confines de las cimas nunca vistas

en la hondura oscura

                  y terrible de los mundos submarinos

 

animales que comparecen

con su magnífica dueña

 

y toda la poesía abraza sentido

sin fe                                       sino el gusto

los aromas        el tacto

sutil       el roce de las pieles hirvientes

prestas al giro

 

la dueña cuya aquiescencia solícita nos cubre

desde el comienzo de nuestros viajes

como la quimera espectral y todopoderosa

que se convierte y transmuta y destraza

rostro por mapa

                  herida por boca

                                   amargura por beso

y nos reconforta en la inquietud

de su extraña compañía

                  que no abunda

                                   que no domina

en sus ojos

                  hemos visto adorado el cruce de los mares

para que nazca una tierra

para que exista el continente

 


                  [•••  •••]

 

De instrumentos          el bajo

que interpretaba las imaginaciones inauditas

que trepaban rió arriba

como los brillos en el ojo viejo de los peces

 

de instrumentos           el filo

que abría la médula de las espesuras

que rogaban por el nuevo Sur

como un dibujo en las manos del mapa

 

de los pequeños gritos             el aullido

en el eco de los seres diminutos

que arrastraron nuestra suerte

                  en la recóndita tiniebla

como alas ciegas golpeando ráfagas gélidas

como el llanto del apego y la devoción

anidado en las cunas mientras nacíamos

 

de la comprensión del reflejo                                lejano

que nos demostraba nuestra costa escasa

que como un tajo surcaba el vientre del monte

en la cadena de los canales

 

y comprendimos un tiempo inexistente

sucedido y sucediente                                apenas

                                                                                         una escisión

que se abre fulgurante como una mano

sobre el rostro de un niño perdido

sobre una estela de rocas

extendida en medio del mar

devastada por la crueldad del viento

intermitente por la sed de las mareas

 

nos visitó el ave de los poetas

                                                     un albatros

 

que después de tanto símbolo

                  no disimula su porte

y razante como un susurro venenoso

atravesó la estela de rocas  

se detuvo sobre mi espalda

y desapareció en el interior atroz y soberbio

del canal enardecido

 

mientras parados en medio del mar

                                   como en el milagro

pasaron luego las ballenas lentamente

sin notar furia de oleaje           sin vernos

 

oh seres ínfimos

parados sobre un hilo terrestre

a mitad de las aguas de aguas

admirados del tránsito mamífero

del absoluto silencio

                  de la tregua de la ondulación calma

                                   que turna cielo y océano

 

mudando al monstruo en la Musa

 

al miedo en belleza

al pasar nadando exactas en el dolor del frío

que modifica el glaciar tamaño del continente

 

hasta aquí América

el límite de tu goce

 

 

desmembrados como el llanto

volveremos

                                                     volveremos