INTRODUCCIÓNEn el epílogo de los Apuntes a una Clase Magistral se anuncia que estas grabaciones, de las clases de Godofredo Iommi M. para el Taller de Amereida de 1979, serían la continuación natural de aquel trabajo. Son la continuación por el simple y sencillo hecho de que estas grabaciones están a continuación en las mismas cintas o casettes y de que una parte de estas grabaciones se incorporaron a los contenidos del texto publicado como “Hay que ser absolutamente moderno”. Las grabaciones de lo “Buscadores de los Desconocido” (publicadas en el podcast del Archivo Histórico José Vial Armstrong) están divididas en tres partes. Esta división proviene de la división de las cintas y no de la estructura de las clases. El orden o esqueleto de la clase puede configurarse en tres partes esenciales. El segmento inicial (que ocupa la primera grabación y la mitad de la segunda) trata sobre los buscadores de lo desconocido en la matemática. Es muy probable que Iommi haya basado toda su clase y la elección de los personajes en algún libro en particular. En la tercera grabación menciona este posible libro “así como hace un instante el autor del libro sobre los matemáticos presentía…” (CL ame 79 … parte 3, en el minuto 7:28). De hecho, el segmento segundo trata sobre los buscadores de lo desconocido en la física y Iommi utiliza el libro “Física y Filosofía” de Werner Heisenberg. CL AME 79 - BUSCADORES DE LO DESCONOCIDO (IOMMI CLASE 02 / PARTE 1)Segunda clase de Godofredo Iommi M. para el Taller de Amereida de 1979. Sobre los buscadores de desconocido. Grabación de 34:48 minutos. “Con la desesperanza ganamos el ojo limpio, absolutamente lúcido y una revelación que es de la que vamos a hablar al final; de esta revelación que produce la desesperanza. Pero al proclamarse en la poesía, en lugar de la armonía -la armonía conocida hasta entonces: la concordancia de las partes con el todo- lo desconocido, se abre por primera vez en la historia poética una mirada que va mucho más allá de la poesía de las palabras. Ya Apollinaire había hecho señas a este campo en una célebre conferencia pronunciada en el teatro […le die de colombié] de París. Y el primer manifiesto futurista lo declara abiertamente [1]. De suerte que se puede producir, y se produjo, una relectura de muchas cosas ocurridas en el pasado y que no habían sido instituidas poéticamente. Hoy vamos a decir parte de esos dulces nombres. Como poesía, como poiesis, el diez de noviembre de 1619 un joven de 23 años, volviendo de Frankfurt, a donde había asistido a las fiestas de la coronación del emperador, se detiene en alguna parte de Alemania. La noche que va del diez de noviembre al once de noviembre, este joven es sacudido por tres sueños consecutivos y se despierta cada vez, en cada sueño. No era, a pesar de su juventud, la primera vez que un estremecimiento profundo lo recorría. El escribe, el 26 de marzo, de ese mismo año, antes de estos sueños, lo siguiente: En el caos oscuro de esta ciencia, yo me he percatado no sé bien de qué clase de luz, pero a la cual ninguna espesa tiniebla ya podrá jamás disipar. Los dos primeros sueños, son sueños angustiantes. Transminado de sudor y de terror este joven despierta. El tercer sueño, es un sueño consolador y que lo confirma y asegura. Poco después se hace oficial de caballería. Y es un joven oficial de caballería, con convicciones religiosas profundas y con raptos de verdades y proyectos de iluminaciones y se debate, en medio de este claroscuro, galopando sobre su silla, en medio de batallas ardientes, en os montes de Bohemia. Por fin, en la planicie húngara, se detiene. Acaba de dar a luz una obra que no tiene semejanza en historia de la ciencia. Ella consiste esencialmente a mostrar como el empleo sistemático de las coordenadas conducen a un método cuyo poder y universalidad sobrepasa de lejos todo lo que hasta ese momento se conocía en materia matemática. Y a poder preveer que ese método está destinado a anular a todos los que existían anteriormente. Gracias al concepto de función, este método, venía a revolucionar y regenerar todas las ciencias, que tienen relación con el tiempo y el espacio. Para él los griegos no estaban en posesión de un método adecuado. Ellos no habían visto la identidad del álgebra con la geometría y por esa razón no pudieron edificar sistemáticamente sobre la base del álgebra, una ciencia general de las formas. Esta ciencia deja de lado las nociones puramente realistas y objetivas de la dimensión y del espacio, y puede entonces ser llevada a un tan alto grado de perfección como uno lo desee. Una vez que las formas y las cantidades, subyugadas por la fuerza encantadora del algoritmo y del arte combinatorio, es entonces posible volver a las disciplinas de la aritmética y de la geometría que siempre han estado presentes, en estado latente, detrás de esta álgebra generalizada en extremo. A partir de él, el álgebra y la geometría dejan de ser ciencias en el simple rango de aplicaciones. Pero no sólo hace esto, este joven, sino que evidentemente inventa un método, que afecta radicalmente el pensar del hombre. Se convierte, en boca de Hegel, en la piedra angular de la filosofía. Es René Descartes. Pero lo que no dicen los filósofos que lo leen, ni los matemáticos que lo leen, es lo que sí puede decir la poesía de él. No sólo en su arrojada aventura a la tiniebla de lo desconocido, sacudida originariamente por un método onírico que se le da a su pesar. Lo que Descartes hace es que por primera vez en la historia de la humanidad, un hombre, cualquiera de nosotros, puede en un cuarto, a solas, pensar efectiva, real y decididamente el mundo. Y eso lo hace. No se había producido nunca así [3]. Desde Aristóteles a Descartes se escribe un período del pensamiento humano. Y por lo tanto, y esto es lo importante, del devenir del mundo. Y se agrega algo más, con mirada retrospectiva, desde Descartes para atrás y desde Descartes para adelante, que todo descubrimiento matemático es eterno, se hace subespecie termitatis. El teorema de Pitágoras, aquí y en cualquier otro mundo, será siempre y para siempre, el teorema de Pitágoras. Me salto a otro nombre… raro. En Lyon, en la ciudad de Lyon, en el siglo XVII vivía un joven arquitecto y que los amigos consideraban dotado en matemáticas, pero un verdadero extravagante. A una obra de una enorme profundidad le pone un título absurdo. Y no solo, como era un extravagante, decide escribir esta obra en hojas volantes con una letra microscópica. Pero no solo, sino que disimula sus descubrimientos bajo el velo de un lenguaje extraordinariamente ampuloso, y revistiendo todos los conceptos geométricos con nombres de la botánica. De tal suerte que en esta geometría se trata de flores, de tallos, de ramas. El mandó su manuscrito a algunos amigos y también a algunos matemáticos célebres, pero estos, como bien se puede imaginar, no sabían como tomarlo este objeto nuevo que se les presentaba de una forma tan enigmática. En toda la ciencia y bajo esa relación -las matemáticas no son una excepción- está lleno de charlatanes que llegan prácticamente a filtrarse, inclusive a distinguirse por una novedad que es una supuesta novedad, que en el fondo es un filibustero. Este joven tenía todas las características para ser tratado así. Pero hubo un pequeño grupo de espíritus particularmente clarividentes, como por ejemplo Fermat [Pierre de] el matemático, Descartes y Pascal, que se dieron cuenta de lo que escondía este jardín matemático botánico del lyonés. Sólo Pascal, que entonces tenía 16 años, se dio cuenta que este joven arquitecto Gérard Desargues le abría un campo enorme a su propio trabajo. Y sobre el trabajo de Desargues se funda el no menos célebre teorema de Pascal. Desargues es el que ocupa del abismo que separa a las rectas paralelas a las rectas secantes. Abismo que hasta entonces se había tenido por infranqueable. Pero Desargues subraya que las propiedades comunes a las secantes y a las paralelas son más numerosas que las propiedades divergentes. Por otra parte en la perspectiva era claro que uno debía identificar a menudo las paralelas y las secantes. Pero esto parecerá menos extraordinario si uno trata de recordarse que la perspectiva de dos rectas paralelas está formada por dos rectas concurrentes, si uno elige convenientemente el punto de vista. Este hecho permite afirmar que hay una cierta identidad entre el cono y el cilindro. Y es entonces que comienza a aparecer un concepto paradojal; ¿cuál? el del punto al infinito. Las rectas paralelas son aquellas se cortan en un punto al infinito. Se inventa ahí. El cilindro se vuelve asimilable a un haz de rayos cuyo origen es el punto en el infinito. Todo ocurre como para nosotros si miramos los rayos solares. Estos últimos nos parecen paralelos, lo que no es sin embargo un razón para considerarlos como provenientes de dos soles. Estos dos hechos fundamentales: la conservación de ciertas propiedades a pesar de las deformaciones de la perspectiva y la existencia de figuras infinitamente alejadas, después de un cierto tiempo de maduración, dieron nacimiento a una geometría enteramente nueva, que se fundó sobre ella. Lo que no impidió que en el momento de su nacimiento fuera tratada de ridícula [4]. Este es otro de los buscadores de lo desconocido. Jean-Victor Poncelet era oficial del ejército francés. Hace la campaña de Rusia con la Grande Armée [de Napoleón] en 1812, y cae prisionero en Krasnoi. El frío de ese terrible invierno era tal, que el mercurio se helaba en los termómetros. Sin embargo Poncelet, obligado a hacer a pie toda la ruta, desde Sarátov, sobre el Volga, llega enfermo y desecho. ¿Cómo no admirarnos, entonces, frente a la grandeza de alma de este hombre? que por algunos copecs, que constituían todo su dinero, compró un muy mal papel y plumas; y no teniendo plata necesaria, y por lo tanto se moría de hambre, se fabricó el mismo la tinta con el sebo de su lámpara. Y es con este opulento material que él comenzó a trabajar en la primavera, y expuso los principios fundamentales de su obra. Y voy a nombrar a dos jóvenes. Niels Henrik Abel y Évariste Galois. Abel nació en 1802; era hijo de un pastor de Findö, en Noruega. A la edad en que sus camaradas jugaban con bolas de nieve y soñaban con un porvenir feliz, él ya estaba triplemente marcado por el destino. La pobreza, la tisis y la melancolía, que fueron sus tres siniestras madrinas. Ellas presidieron su entrada en la existencia, que a pesar de una formidable capacidad de trabajo, no alcanzó nunca a ser una verdadera vida. Contra todo, el demonio del genio le abrazaba el pecho a este joven nórdico, y la brasa era la matemática. Y en un gran trabajo de autodidacta logró penetrar hasta el trasfondo de la ciencia. En el año ’22 entra a la Universidad de Cristianía. Y en ese momento un descubrimiento de importancia capital parecía iluminar esta sombría existencia. Él cree ser el primero en encontrar el medio para resolver general de quinto grado. Apenas si podemos hoy día hacernos una idea de la tragedia íntima que se desencadenó en esta alma, en los cursos de los años siguientes. Apenas si podemos presentir el horror de las pesadillas que lo asaltaban en sus noches de fiebre, a donde él veía su descubrimiento hundirse en pedazos, y su desesperación de ver la dicha que había creído tocar, desvanecerse poco a poco, como un vano humo. Esta desesperación, sin embargo, le dio entonces un coraje increíble, para en 1824 dar el golpe final, ¿cual?, demostrar que la ecuación de quinto grado no puede ser resuelta por medio de los radicales. Es entonces que su destino toma un nuevo giro. Las autoridades competentes reconocen la importancia enorme del hecho, en apariencia puramente negativo descubierto por Abel. ¿Qué había descubierto Abel? La existencia de un límite infranqueable, para siempre, en la resolución de ecuaciones de orden superior, que en efecto por eso mismo venían de ser revelada y la inutilidad de algunas búsquedas que hasta ese momento se llevaban a cabo. Él parte para Berlin y va a trabajar en un diario que se ocupa de matemática, el “Ober Baraut” [sic] [pareciera que el diario al que se refiere Iommi es el Journal für die reine und angewandte Mathematik] que dirige [August Leopold] Crelle. Ahí se ejerce, en el diario de Crelle, para ir finalmente a ver a uno de sus dioses, el matemático francés [Augustin Louis] Cauchy, que él venera. Y atraviesa Francia para llegar a París. Cauchy está entonces en el apogeo de su gloria, pero para desdicha su carácter no estaba a la altura de su aura científica y sencillamente no recibe a Abel. Y he aquí a nuestro pobre joven hombre, en una situación trágica indecible; para llegar a París él había gastado todo el dinero de su precio y sus honorarios. Honorarios de lecciones que él daba particularmente. Este golpe terrible no lo abate, pero ya la enfermedad no cesa de empeorar. Al contrario, su genio se levanta una vez más con una performance gigantesca. ¿Qué descubre? descubre el teorema que lleva su nombre; el Teorema de Abel, que es una generalización del teorema de [Leonhard] Euler sobre la suma de las integrales elípticas. Abel después quiso hablar con otro gigante de la matemática; con [Johann Carl Friedrich] Gauß, pero sus desilusiones frente a Cauchy habían sido tantas que se asusta y no va a la entrevista. Mortalmente golpeado por la enfermedad vuelve rápidamente a Cristianía a donde vaga por algún tiempo, y muere de hambre y de frío pidiendo una situación fuera lo más modesta que fuera. Él murió en 1829, pocos días después de su muerte, llega de Berlín a Cristianía, la oferta a Abel de una situación muy importante material y moralmente, y en el año ’30 la Academia Francesa de Matemática le da un premio al difunto. Un destino semejante al de Abel lo participa otro joven hombre, que tendría que tener una existencia también trágica. En 1811 nace en Bourg-la-Reine, cerca de París, un niño que recibe el nombre de Évariste Galois. En 1823 abandona la paterna para ingresar en el colegio Louis-le-Grand. Cuando tiene trece años Galois había dado pruebas de tales dones matemáticos y tan extraordinarias que no lee un sólo libro de los habituales que leen los estudiantes, sino que se dedica a leer de entrada los clásicos de la matemática y principalmente a [Joseph-Louis de] Lagrange. Los primeros trabajos, sus primeras memorias, siendo un adolescente, él las envía a la academia y se han perdido todas. Está frente a sí la Escuela Politécnica de París; él trata de dar examen y de entrar y lo rechazan por malo. Se presenta el año ’29, a los dieciocho años, a otro examen, pero es rehusado dos veces. ¿Por qué?, porque se niega a contestar preguntas que él considera ridículas. Por ejemplo la cuestión de la teoría aritmética de los logaritmos. La tragedia comienza con este hecho incomprensible que es el fracaso al examen del Politécnico. Al cabo de un año -él entra a la escuela normal superior- es obligado a salir por conducta inconveniente. El último lazo que lo retenía unido a la sociedad, se rompe entonces. Se lanza a cuerpo perdido en la política; es arrestado y pasa muchos meses entre los muros de la Prisión de Santa Pelagia. Pero nosotros podemos presentir muchas cosas contemplando el retrato de este joven niño, cuya cabeza altiva y rubia es desafiante. Nosotros comprendemos que es el demonio íntimo de este joven efebo que ha sido la causa de su pérdida, pues él era demasiado joven para poder soportar su genio. ¿De qué se habla?, se habla de una historia de amor que terminó en querella y lo condujo a una provocación en duelo. Puede ser la mujer o la amante de alguno de sus amigos, quién sabe. Pero lo que es cierto es Galois no se sustrae a su deber, aunque cuando genio debió saber que era irremplazable. Fue muerto en ese duelo el 31 de marzo de 1832; no había cumplido aún veintiún años. En la noche que precedió a su muerte, de la cual él tuvo el presentimiento, escribe una larga carta a su amigo [Auguste] Chevalier. Es uno de los documentos más conmovedores de la historia intelectual del mundo, que nosotros conocemos. Entre las líneas de su memoria matemática, nosotros sentimos pasar el soplo del espectro de la muerte. A la concisión desesperada de esta exposición, uno siente todo el esfuerzo del autor, para utilizar al máximo las últimas horas que le quedan. Y que él quiere lograr completar una obra que normalmente hubiera demandado años para llegar a la madurez [5]. Sin embargo no conviene aquí epilogar, y sobre todo llorar a un hombre que supo morir tan fieramente y tan dueño de sí. Su testamento no muestra en efecto la menor traza de una excitación o de una pusilanimidad. Galois es una prueba viviente de que las matemáticas son una cosa viril, en el sentido más elevado de esta palabra, y que pertenecen a quienes saben elevarse por encima de la medida común. La matemática es un oficio divino y su culto una vocación; una iluminación. Nosotros, en ella, nos encontramos en la vecindad de Dios y nos embriagamos de esa verdad. CL AME 79 - BUSCADORES DE LO DESCONOCIDO (IOMMI CLASE 02 / PARTE II)Segunda clase de Godofredo Iommi M. para el Taller de Amereida de 1979. Sobre los buscadores de desconocido. Archivo de 42:58 minutos. Dejemos un minuto de lado la vida de este desdichado joven, cuya carrera se parece a un efímero cometa que pasa por el cielo y que desaparece en la noche, para reaparecer algunos instantes como un relámpago. Pero si nosotros lo hacemos será para mejor consagrarnos a hacer sobresalir como su obra creó una época entera en la matemática. Y tan importante como tan eterna; en el frontis de su panteón donde reposa este joven altanero, hay que inscribir con letras de oro estas palabras. Teoría de los grupos; él es el inventor. En el año 1805, en Irlanda nace otro genio de las matemáticas: Sir William Rowan Hamilton. Un genio caprichoso. Muchos pensaron que era un loco divino; un loco perdido en nuestra ciencia, o mejor dicho en nuestro gran arte. A los diez años Hamilton sabía ya a Homero de memoria y se ponía de inmediato al estudio del árabe y del sánscrito. Algunos años más tarde poseía trece lenguas. Componía poemas y era el amigo íntimo de Wordsworth, el poeta inglés. A los 23 años le dan el lugar muy honorable de director del observatorio de Dunsink, cerca de Dublin, con el título de Royal Astronomer of Ireland, que él conservó hasta su muerte en 1865. A pesar de su actividad científica, él permaneció siempre fiel a la poesía y, desgraciadamente también, al alcohol. Sus libaciones eran tan copiosas que, si uno le cree a la leyenda, había que atarlo al telescopio del observatorio para impedir que cayeran. Las ebriedades combinadas de la poesía, de la alta matemática, de la filosofía y del alcohol, terminaron por oscurecer su espíritu hasta tal punto que al final de su vida su extrañeza confinaba casi con el desequilibrio mental. Pero es inútil juzgar a alguien de tal valor. Su vida y su muerte fueron verdaderamente dionisíacas. El que quiera cumplir, en efecto, el aún infinito y gigantesco desarrollo de su obre pondrá después de él, el siguiente epíteto: reino de los espíritus. Uno de los genios matemáticos, Felix Klein, escribió un texto sobre los matemáticos de la segunda mitad del siglo XIX. Y nombra a uno, que también es decisivo en la historia de la matemática. Y dice de él, Klein: [Bernhard] Riemann es el hombre de la intuición, la más conmovedora. Por su genio universal él sobrepasa a todos sus contemporáneos. Doquiera que él vaya y vaya su interés, el crea siempre algo nuevo sin dejarse abusar jamás por ninguna tradición y sin reconocer jamás la constricción de ningún sistema. Riemman era como Abel, hijo de un pastor de campaña. Nación en 1826. La providencia, en la cual él creía con todo fervor con una fe silenciosa, no le dio sino 40 años de vida. Y aún una vida que es un calvario que es inimaginable. Inmediatamente pierde a su madre; su padre, una hermana, un hermano y otra hermana. Esta suite de muerte es el trágico destino de una familia de tuberculosos. él mismo cae muy luego como presa de la temida enfermedad. Se casa en 1862 y apenas un mes después lo derriba una pleuresía que será para él el comienzo del fin. Tiene, sin embargo, la dicha de ser padre de un niño, que nace en Pisa, Italia, en 1863. Pero sus tres últimos años de vida no son más que un sueño afiebrado y confuso. Los pasa en gran parte en Italia. Sin embargo en el ’65 huye hacia el lugar de donde había salido toda su producción intelectual, y parte de nuevo a Göttingen; intenta durante un invierno de trabajo de salvar algo de lo que él puede ser. Pero de pronto, durante en los primeros días del verano siente que todo está perdido. Con un último esfuerzo de voluntad, él intenta acercarse a la vida y trata de volver a Italia. La guerra con Austria le cierra el camino; en Kassel [?] las vías del ferrocarril están arrancadas, pero contra todo el trata de ganar el sur, y persigue su ruta a caballo o a pie. El 28 de junio llega al fin al borde del lago Mayor y muere como un santo, el 20 de julio en el jardín de la Vila Pisoni, en Selasca, cerca de Intra. Riemman puso a provecho, hasta el último momento de sus cuarenta cortos años, lo que el destino avaro le había asignado. Es porque a pesar de la suerte adversa él pudo verdaderamente salir adelante y llevar a buen fin una edificación sencillamente calificada de un inmenso monumento intelectual. ¿Qué sucede? Estos son buscadores de lo desconocido. Son, en la perspectiva abierta de lo desconocido para la poesía, poetas. Y algo que se produce constantemente en la zona donde ellos buscan y donde busca toda la ciencia; se inauguran grandes campos desconocidos, y muchas veces -la generalidad de las veces- se suponen distintos sino contrarios a otros campos también desconocidos. Pero de tarde en vez se produce un genio como Descartes y sucede algo que estremece el espíritu del mundo. El matemático francés Brunschwig un día exclama: “es un momento solemne aquel en que dos dominios matemáticos entran en contacto”. Posiblemente es lo único fuera de lo religioso verdaderamente solemne que registra el intelecto humano. Otros buscadores de lo desconocido. Durante el verano del 1900 [Ferdinand] Curlbaum y [Heinrich] Rubens, dos físicos, hicieron en Berlín unas nuevas medidas muy precisas del espectro de la irradiación térmica [6]. Otro físico alemán, Planck, tuvo conocimientos de estos resultados y tuvo una inmediata reunión con Rubens. Planck pudo escribir pudo escribir matemáticamente el fénomeno que acaba de ocurrir, pero al mismo tiempo iniciaba un intenso trabajo teórico. La pregunta era cuál era la interpretación correcta de esa fórmula. Siendo que Planck, gracias a su trabajo anterior, podía fácilmente traducir su fórmula en una expresión matemática que concernía al átomo irradiante, que se llamaba el oscilador, él debió rápidamente descubrir que según su fórmula todo ocurría como si el oscilador no pudiera poseer sino energía en forma discreta, no continua. Resultado que difería absolutamente de lo que se conocía en física clásica ahasta ese momento. Y el propio Planck se rehusó a creerlo. Pero en un corto período de trabajo intenso, en el verano del novecientos, terminó por convencerse que no podía escapar a esta conclusión. He aquí el relato del hijo de Planck. El hijo de Planck cuenta que su padre le habló de estas nuevas ideas. ¿Dónde? en un largo paseo a través del Grunewald, bosque de los alrededores de Berlín. Sin embargo durante este paseo, él explicó (Planck a su hijo) que tenía el sentimiento de haber hecho un descubrimiento de gran primer plano, comparable solamente con los descubrimientos de Newton. Planck se dio cuenta en ese momento que su descubrimiento tocaba los fundamentos de nuestra descripción de la naturaleza; que esos fundamentos comenzarían un día, a deslizarse de su colocación clásica, para adquirir una nueva posición estable aún desconocida. Planck, que era en general de un espíritu conservador y esta consecuencia no le gustaba nada, contra sí mismo, era el descubridor, la publicó como hipótesis del Quantum en diciembre de 1900. Y con esto varió el mundo ¡el mundo! ¡entero! el que estamos viviendo. Las preguntas que se hacían los físicos en ese momento eran inmensas. ¿Puede verdaderamente la naturaleza ser tan absurda como ella nos parece serlo en los experimentos atómicos? [7]. La idea de absoluta precisión, de descripción justa de la naturaleza se hace añicos. Otra forma de pensar, completamente audaz y temeraria se inicia en los comienzos de siglo. Y Heisenberg va a decir [8]: nosotros a veces estamos obligados de utilizar nuestros conceptos de una manera que no es justificada, no está justificada y que no tiene sentido. Insistir sobre el postulado de una completa clarificación lógica haría la ciencia imposible. La física moderna nos recuerda la sabiduría antigua, que quiere que si uno insiste en no decir jamás cosas erróneas, lo mejor que puede hacer es guardar silencio. Hace algunos años, algunas décadas, un filósofo italiano que enseñaba en München, Ernesto Grassi, me llevó a conocer al biólogo [Konrad] Lorentz, premio nobel. Lorentz tenía su gabinete en un inmenso lago, cubierto de patos, y todo medido. Y el pato era muy importante porque el pato lleva una vida sexual ambigua, y por lo tanto sus desplazamientos son curiosos. El estudiaba la conducta animal. Lo que recuerdo claro, de este hombre grueso y grande, de muy bellas facciones, era una cabeza lejana siempre distante. A pesar de que en esos momentos Grassi le preguntaba: –¿no hay ninguna pata que esté enamorada de usted? –Sí, dijo él, una que está en frente. –Llámela. Entonces la llamó y dice –no se muevan–. Al poco rato, nos hizo caminar, íbamos los tres andando y dijo –Vuélvanse. Y nos volvimos el filósofo y yo, y efectivamente detrás venía una pata contoneándose como Mae West [risas del auditorio]. Lorentz compara los conceptos a priori de Kant -el tiempo y el espacio- con los comportamientos de lo que se llama en los animales esquemas hereditarios o innatos. Y dice y prueba que el espacio y el tiempo, en ciertos animales primitivos, son rigurosamente diferentes de lo que Kant llamaba nuestra intuición pura del espacio y del tiempo. Esta última intuición, en el mejor de los casos, puede pertenecer al espacio del hombre, pero no hay espacio en el mundo independiente del hombre [9]. Dice Heisenberg a propósito de lo desconocido pero los conceptos científicos existentes no cubren jamás sino una parte muy limitada de la realidad. Y la otra parte, la que aún no ha sido comprendida, es infinita. Cada vez que nosotros vamos de lo conocido a lo desconocido podemos esperar comprender, pero no podemos tener ni aprender un tiempo nuevo y una nueva significación. Lo único que aprendemos es un nuevo sentido de la palabra comprensión [10]. Hay un momento crucial en la historia del mundo contemporáneo, de estos buscadores de los desconocido. Se establece después de Planck, que descubre el Cuanta, la física cuántica. El Cuanta, a diferencia de las imágenes ondulatorias, es un elemento discreto, una unidad de medida. Dos hombres claves en esto: Niels Böhr y [Werner] Heisenberg, amén de otros también grandes, pero que se ocupan de otras maneras. Pero sucede que en Viena amanece un día un físico extraordinario [Erwin] Schrödinger, y que postula la mecánica ondulatoria, con la cual salta la dificultad de los elementos discretos del Cuanta, de lo que se llamaba el ‘salto cuántico’. Y lo hace con una demostración de una enorme elegancia y simplicidad matemática. Hay una reunión en München a la que va invitado Heisinberg. Y Heisenberg se siente derrotado, pero completamente seguro que él tenía razón. Entonces Neils Böhr invita a Schrödinger y Schrödinger va a ver a Neils Böhr, que lo recibe en su casa. Cuenta Heisenberg, que está presente, que la discusión comenzó en la estación apenas llegó Schrödinger. Y no paró durante tres días y tres noches seguidas, al término de los cuales Schrödinger se enfermó, entonces tuvo que quedar alojado en la casa de Böhr. Y la señora de Böhr le llevaba leche y pasteles, y Böhr sentado en la cabecera le volvía a preguntar “¿pero no crees tú que…? permanentemente. No hubo acuerdo, como era de esperarse [11]. Entonces Böhr por su lado y Heisenberg por el otro lado se lanzan a explorar a fondo la mecánica cuántica. Y Böhr postula y descubre el principio de complementariedad; que por ejemplo la luz es corpuscular y ondulatoria a la vez, y que eso no es una contradicción. Y Heisenberg aclara la no contradicción cuando introduce el principio de incertidumbre. Sobre esta base que finalmente se impone, a pesar de que Einstein, íntimo amigo de Böhr, resiste a pie juntillas, a pesar de todo eso se impone y con esa física se dio vuelta el mundo. En estas discusiones… voy a darles el final de la discusión. Einstein que resiste, resiste ciegamente el desarrollo de la mecánica cuántica, dice “ustedes tendrán razón, pero Dios no juega a los dados”. A lo que Böhr entonces responde “pero me parece que no nos toca a nosotros prescribirle a Dios como Dios tiene que gobernar el mundo”. Y entonces sigue la física cuántica. Un gran amigo de Heisenberg, compañero de colegio, dos veces premio nobel, Wolfgang Pauli, un día rompe con la física cuántica, la mecánica cuántica. Y esto deja a muy mal traer a Heisenberg. Y finalmente se encuentran en Ginebra en 1958, y se extraña Heisenberg porque no puede tener una conversación detallada con Pauli. Se detienen frente a los jardines, caminan a orillas del lago, pero no pueden calar la conversación. Y entonces, finalmente, Wolfgang Pauli le dice “yo creo que tú estás en el buen camino, continúa trabajando, y hazte siempre esas preguntas. Puede ser que las cosas son como nosotros un día las hemos esperado y tal vez tienes razón tú en ser optimista. En cuanto a mi yo ya no puedo participar de tu trabajo; ya no tengo fuerzas. Si hubiera sido navidad pasada tal vez, pero ahora ya no. Acaso tú llegues. Haz de conocer las investigaciones del Instituto de Göttingen”. Se despiden esa tarde. Inmediatamente después Heisenberg recibe la terrible noticia: Wolfgang Pauli murió inmediatamente bajo la intervención quirúrgica dada la necesidad que le imponía su estado. Heisenberg cuenta esto profundamente conmovido, porque Pauli no le dijo nunca que iba a morir. Lo que lo alentaba excusándose él. Estos son ejemplos de la ciencia. En cuanto a la técnica, no voy a dar ejemplos; voy a leer un muy breve fragmento de un texto del más joven y acaso de los jóvenes el más importante de los filósofos franceses contemporáneos, que es François Fédier. Dice lo siguiente [este fragmento aparece íntegramente y con pocas modificaciones en el texto editado “Hay que ser absolutamente moderno”]: “Por el contrario, para Aristóteles el ser en el sentido más elevado, el ser que merece los mayores cuidados es la emergencia, allí el ente está en su mayor plenitud, eso es ser en obra. Ahora, ser en obra dice Heidegger es el modo de ser de las cosas que están y son a la mano, si ellas están son a la mano es que ellas pueden ser todas tomadas en la mano para ser llevadas a ser en obra. Esa es la sublime visión poética de los griegos, nuestra visión técnica es la hija de esta visión poética. Así es ella de tan sublime pero nosotros ya no tenemos más medios para darnos cuenta”. Buscadores de lo desconocido. La ciencia y la técnica. Pero vamos a ir más lejos. No sólo la técnica, creo yo, sino también todos los oficios ¡todos! Hay en cada oficio, sea por ejemplo barrer la sala, una ley interna, propia de él, que no permite que se lo catalogue o se lo llame de oficio servil. Hay una ley propia, inherente al oficio, sea el que fuere. Y el que toca esa ley interna inherente al oficio, de pronto, como quien aparta en las aguas con sus dos manos lo que turba el agua y ve la claridad debajo, se asoma al abismo. ¿A qué abismo? al abismo de la libertad. Al riesgo puro que late dentro de cada oficio. No está el oficio la falta de libertad o el servilismo; está en nosotros que no nos colocamos en el oficio en tanto cuanto el oficio lo requiere. Y pensamos, por ejemplo, que barrer es subsidiario de otro oficio, y de otro oficio y que hay oficios mejores y oficios peores. La latitud de cada oficio excluye cualquier comparación de valores. La comparación de valores procede de otro campo, puede ser del económico, del prestigio social, de cualquier campo que no tiene nada que ver con la realidad; que es puramente contingente. El oficio en sí conlleva una ley interna que abre el abismo de la libertad, y hay libertad abisal en cada uno. Si yo me limito en el oficio, simplemente, a recoger la tradición y a repetir los gestos de una tradición dada, sigo conviniendo con la libertad originaria, pero opaco la libertad propia del oficio. Pero si yo me interno en él y si a la forma de barrer hasta hoy aprendida yo le tuerzo la escoba en un ángulo que aún no ha sido hecho, entro también en la zona de lo desconocido. Por eso es que la libertad solamente se defiende necesariamente a partir del oficio. La libertad de pareceres no tiene consistencia, es contingente. La del oficio es una libertad necesaria so pena de que no haya oficio. Es indetenible. Es como la libertad del rey; es regia porque es real. Este trabajo en el oficio exige una vigilia constante. ¿Y de dónde puede sobrevenir esta vigilia constante? de la llama de la libertad que llevamos dentro. Las valoraciones, los órdenes, la única realidad que tienen es la siguiente: que muy probablemente -y digo muy probablemente- barrer una sala con un ángulo especial de la escoba, ordene menos complejidad que la teoría de los grupos de Galois. Pero nada más. Sucede lo mismo, y eso lo vamos a ver en la segunda parte, con la poesía de las palabras. No es más poeta Dante, que ha ordenado un mundo, que Gerard de Nerval, que escribió unos cuantos sonetos. ¿Cuál pues, el fundamento de esta libertad inherente del oficio, de la técnica, de la ciencia, que hace que efectivamente, obliga necesariamente a bucear en lo desconocido? Es lo que Platón denomina con una frase meridiana y terriblemente difícil de estudiar, pero si fácil de comprender, el paso del no ser al ser. Es decir, en boca de Platón la poiesis o la téchne, es este paso del no ser al ser, este giro que enciende exactamente el abismo, el campo de lo desconocido donde yo voy a sumergirme. Por eso pues la poesía es el fundamento de la libertad. Pero ¿qué es lo desconocido y cuál es el fundamento de la poesía? Eso lo vamos a ver después de un descanso. ¿Qué es pues lo desconocido? ¿Cuál o dónde se produce lo desconocido en la poesía de palabra? Imaginemos por un instante la palabra invención; alguien es un inventor de algo. Lo que quiere decir estrictamente esa palabra, que viene de invenire ‘venir a’, es que alguien trae a luz, sube a la aparición lo que no se veía antes. Es evidente que esta tarea llana a cualquier oficio como dije antes, toma características específicas en lo que atañe a la poesía de palabras. Durante muchos siglos, se pensó (y al pensarlo de la poesía de palabras se pensó de las artes mayores también) que podía hacerse un distingo capital para -entre comillas- entender, recepcionar, conmoverse, entrar en diálogo con una obra de arte. Y esas dos categorías fueron la de fondo y forma. En verdad no son sino que proposiciones utilitarias que sirven como muletillas lógicas para aproximarse a algo que se escapa. El arte en sí, en general, y específicamente la poesía, podemos decirlo hoy, después de todo lo andado y con mirada retrospectiva, no tuvo nunca, no tiene ni tendrá fondo y forma. Sino que en la tarea de hacer subir a la aparición lo que era inaparente, se vale de los medios que le son propios, en el caso del poema, de las palabras. Y en ese sentido, se puede decir, dándole la significación corriente, no la originaria, que cada poesía que verdaderamente trae lo inaparente a la aparición inventa su modo de decir; que no es forma, sino su modo de decir. Inventa la dicción, lo que equivale a decir que solamente en esa dicción, y no en otra, aquello inaparente se hace aparente. De un modo general, esto es válido para todas las artes. Esa invención del modo de decir o dicción compromete, es el lenguaje. Porque tampoco se trata de imaginarse que con un lenguaje cualquiera, se trae lo inaparente a lo aparente. Por lo tanto cada invención o modo de decir que trae lo inaparente a lo aparente, conjuga un límite o un confín del habla. Y esto también es válido para todas las artes… un confín del habla. Naturalmente que es esta siempre, por lo tanto, una situación, en cuanto a la dicción, límite. Como por ejemplo en pintura lo es el blanco sobre blanco de Malevitch. Lo que yo estoy diciendo es en el horizonte de lo desconocido. Es decir, de la poesía después de la exclamación de Baudelaire. Sin embargo, hace unos años un grupo de escritores abolió la palabra poema y la sustituyó por textos, por producción de textos; donde se pretendía mostrar, precisamente, que esa producción de textos era la que permitía llevar al límite el lenguaje. Pero no sucedió así otro grupo de personas -yo participaba de ellos- se vio obligado a restituir un término, muy peligroso para la poesía, que viene de antiguo; que resuena con una luz especial en la poesía romántica, especialmente la alemana y que de alguna manera, aunque con otro sentido Heidegger, el gran filósofo alemán, también la utiliza con la misma perspectiva. Es decir que la poesía se ocupa de lo sagrado; en palabras de Heidegger ‘nombra’ lo sagrado [12]. Y aquí nacen, a su vez, otras grandes conclusiones, según lo que yo pienso. Así como la producción de textos precisamente lo que hacía era eludir el arrojo al límite o confín del habla del poema, so pretexto de describirlo, también lo sagrado se presenta como un grave error. Pero gravísimo… [fin de la grabación] CL AME 79 - BUSCADORES DE LO DESCONOCIDO (IOMMI CLASE 02 / PARTE III)Segunda clase de Godofredo Iommi M. para el Taller de Amereida de 1979. Sobre los buscadores de desconocido. Archivo de 47:31 minutos. …de alguna manera le dieron pero, poéticamente, los poetas románticos. Pues ¿qué es, en definitiva, lo sagrado? Tiene razón un poeta francés Robert Marteau cuando distingue con claridad, y por otra parte François Fedier el filósofo de quien les leí un fragmento, también distingue con claridad la diferencia que hay entre lo sagrado y lo religioso. Lo sagrado es por definición lo intangible, lo inasible, lo propio de lo que uno no es ni puede ser. Es decir, el substratum –mala palabra, digamos el abismo– de lo desconocido. Podríamos hacer una paradoja y es decirles que lo desconocido flota en el abismo de lo sagrado; entendiendo por desconocido la aparición de signos, señales no conocidas, mas señales al fin, que flotan en lo sagrado. De suerte que hay una falsa petición de principio cuando se dice hay que nombrar lo sagrado. Lo sagrado es por definición lo innombrable. Pero ¿cómo se comporta este sagrado donde flota lo desconocido en la palabra? Dante se había planteado este problema y él se hace explicar por Adán, en el paraíso, cómo fue la primera lengua, para qué fue y por qué cambió. Adán contesta que el don de la palabra es lo que Dios dio, y que la mutación sobreviene por una densidad de placer que en los términos antiguos se identifica con belleza. Un idioma, una lengua, colma su densidad de belleza y muda [13]. La palabra, por lo tanto, es el signo que flota en lo sagrado; son las señales y están puestas de tal modo que se nos aparecen desconocidas. Durante muchos siglos se pensó, Dante entre ellos, que lo que había que tomar eran estos signos, estas palabras que aparecían como desconocidas y transformarlas en conocidas. Pero después de Baudelaire y específicamente después de la exclamación de Rimbaud “forme o informe” [14] no se requiere eso. Este es un punto muy difícil de ser aceptado por todos en el mundo hoy; poetas, no poetas, filósofos, críticos, gente común, gente no común… punto muy difícil. Pero a mi no me cabe duda. ¿Dónde entonces van a reflejar estos signos si permanecen casi como desconocidos entre las manos de uno, lo sagrado? Y el gran error de filósofos y críticos fue creer que lo que importaba era el significado de los versos que hablaban de lo sagrado. Y entonces consideraban una gran poesía la poesía cuya temática debatía lo sagrado, que como bien digo no es lo religioso. Pero nosotros apuntamos a otra zona y decimos que en la invención interna de la dicción reside el canto a lo sagrado. Así como hace un instante el autor del libro sobre los matemáticos presentía qué cerca de Dios y qué embriaguez de la verdad producía la teoría de los grupos. Es en la invención interna. Y voy a tomar un caso, no polémico sino un poeta del renacimiento español, donde eso es transparente y traslúcido: ¡Es mucho más poeta sagrado Góngora que San Juan de la Cruz!, lo que no quita que San Juan de la Cruz sea un gran poeta, y por supuesto Fray Luis de León. ¿Por qué?, porque en la invención interna de la dicción de Góngora reluce el abismo de lo sagrado a través de las señales que son sus palabras flotando en él. Este acento fue muy fuertemente marcado a partir de los románticos alemanes recogido vibrantemente por la poesía moderna, debatido, olvidado, criticado, vilipendiado por los poetas puramente significativos; en general los poetas políticos. Pero siguió su norma y siguió su marcha hacia adelante. Ya Mallarmé no vacila en escribir un soneto [15]a un elemento completamente banal, que es un puro que está fumando, un cigarrillo que está fumando, a la las volutas de humo que se van yendo para decir que si el texto no es vago y alusivo es una mala literatura. Llegar a comprender esta situación es acercarse realmente al foco donde la poesía de las palabras se debate hoy. Yo no tengo ningún temor en decirle a ustedes, para que tengan escala de esto, algunos ejemplos. Me voy a limitar a Chile para no salir del cuadro conocido. Es muy probable que la Gabriela Mistral, que Neruda, que Pablo de Rohka, que todos los demás, que Nicanor Parra, sean buenos poetas. Es muy probable. A mi no me interesan nada; son todos poetas significativos y ellos se juegan en el significado. Viceversa, me interesan algunos poemas –no todos– algunos poemas de Vicente Huidobro; en el arrojo que tienen al proponer una invención interna. Y en algunos poemas de al comienzo de Eduardo Anguita. Lo que no quiere decir que los otros no sean poetas. Pero las aguas divididas. Podría ser esto mismo con la poesía de habla hispana, pero es inútil; no reportaría mucho; son nombres casi desconocidos. Si ustedes han alcanzado a entender con lo que yo les quise decir con la poesía no meramente significativa, que lo sagrado se da en la invención interna de la dicción, me basta, me es suficiente para que yo ahora, como hicieron los demás que me precedieron, defina mi situación. Yo voy a comenzar… voy a comenzar por lo siguiente. ¿De dónde, cómo se me produjeron a mi los poemas escritos? En el año ’65, en la Revue de Poesie en Francia yo declaré, en parte, una situación característica. Digamos para entendernos, lo que se le podría preguntar antes a alguien: bueno y ¿cuál es su inspiración? [comienza a leer “Mundo y Realidad” de la “Oda Kappa” disponible en línea en http://wiki.ead.pucv.cl/index.php/Oda_a_Kappa] : “Aunque parezca pretencioso, a propósito de esta carta de parabienes, quiero escribirte acerca de una distracción que tuve hace diez y seis años, y cuyos efectos aún me duran. Seguramente has estado, como tantas otras personas y no pocas veces, medio a medio de una distracción larga e involuntaria que suele ser anuncio de ciertas melancolías. Tú sabes que en esas circunstancias el ánimo anda suelto, disponible y, porque nos mantiene desprovistos, nos deja como quien escucha. Mientras dura, no se produce la cómoda y habitual separación entre pasado, presente y futuro; en cambio, los significados inhabituales comparecen simultáneos y distintos como cuando al entrar al mar, el agua te llega, al mismo tiempo, por todos tus costados. La sensación dominante, si se puede hablar así, es la de un curioso confort para el espíritu suspendido y oyente, confort semejante al de ciertos diálogos que, entre dos desconocidos, fluyen justos y reveladores mostrando, al par que se desarrollan, una paz imprevista. Durante aquella distracción me apareció el modo de hacerse del mundo”. Desde el ’65 al ’78. François Fedier me pregunta innumerables veces en innumerables años ¿qué es la distracción? y yo no respondo. Entonces un día puede responder; he aquí la respuesta: -Sea un hombre que actúa de tal suerte que él ya no se da más cuenta de sus gestos. Por ejemplo, él está perdido en sus pensamientos y no tiene ninguna relación con lo que hace. Él anda, soñando, razonando, imaginando. Él anda y va a derramar un vaso de agua justo en el momento en que lo comienza a beber. Y en ese momento él se da cuenta que tenía sed. Ese hombre –pregunta él– ¿no actúa en la más pura y simple libertad? - (La otra persona contesta) Yo no contesto, trataré de soñarlo, pero creo que usted viene de describir la distracción. - ¿La distracción de Godo? - Si usted quiere, sí. Pero lo que cuenta en esta distracción es un pensamiento sin relación con los gestos y los movimientos. Ese es el origen de la disyunción, una disyunción, el pensamiento disyuntivo. Pero él está al borde de… Esta es la justa respuesta del filósofo. Gran parte, si no toda, de mi obra escrita, brota de ahí. Y de otra forma. En el año ’50 yo recogí en otro texto poético el modo de producirse la palabra. Para mí por cierto. [lee “Cuarenta y tres” de “Las Purificaciones”]: hay una instrucción escon- dida en las exclamaciones que devuelve a mi cuerpo su saber este sobresalto lumino- so da vuelta los sentidos como un trapo el tacto escribe con jadeo irregular mi pu- ra ignorancia cuya intensidad ha adormecido los miedos y terrores en la vista se des- hace la memoria hasta dejar el ojo al vi- vo sin objeto tengo el olor fuerte y neutral de la especie un ruido homogé neo completa mi oído y el gusto pierde su ór- gano preciso y se expande en la piel así los sentidos se me van afuera envolven- tes como una paternidad con sus límites imprecisos - sólo presentes en la vida oscu- ra cruel y sin idea llego a un tiempo sin reco- nocimiento como un campanazo sin aire que lo descubra la indiferencia abre mi consen- timiento - un mar del que salen saltan y se hunden como peces los deseos tomando en cuenta los erro- res de mi propia observación - este acto que repugna toda voluntad será al aca- so una pasión desconocida merodeadora en- tre el enjambre de herencias y facultades ? sobre la piel misma li- gera y rica una penumbra disipa la ciencia aquella que aun sin justificarlo re- vela y confirma el conocimiento que empieza en toda ruptura yo sabía que el lenguaje ne- cesita del afecto pues no hay gesto sin cri- men necesita del llamado o nombre porque es confidencia - golpes de batientes que sa- len del viento pero delante de esta luz de este sueño sin imágenes de la gran ig- norancia aplacada en su ignorancia apren- do que las palabras desde antes vienen empapadas y que dichas sólo proponen so- bre los labios una corrección y ellas por ser ya palabras resisten la amalga- ma que las compone con la que surgen en voz - seducidas - por eso se agarran deses- peradamente a sus propios vocablos a sus significados con la misma inquietud sin tregua de los labios a sus dientes las palabras quieren parapetarse contra su o- rigen que las disuelve como la memoria quie- re siempre fluir y escapar del secreto donde ella misma flota - el secreto de donde se des- encadenan las mentiras y el aparato de los pa- sos porque la posición de pie es to- davía el peso donde apoyar la culpa la redención y el reencuentro distingo también un olvido inalcanzable presa de ilusión porque aún aquí el gusto este gusto diluido en to- da mi figura es una referencia que me obli- ga a saberme alguien en medio de esta defec- ción sorpresiva que ilumina aniquilando el alma en medio e esta serena esterili- dad que más parece conservación que muerte en la que no existen partes ni valores y que por el contrario como ola insisten- te se extiende franca y liberadora por el mun- do a través de las metamorfosis de unas es- pecies en otras los sentidos se unen y di- sipan toda respuesta el dolor o moción no roza ni invade este estupor de ser estúpi- do que se lame a sí mismo nadie me es- pía - ni letargo ni amparo la ausen- cia no tiene enemigos pero como la exis- tencia continua el gusto mi gusto es un aparte grosero y generoso como el sudor es- peso en las paredes internas de mi frente ba- jo las que no vive siquiera un silencio hay sí lo reconozco un vivo comer- cio de influencias y proposiciones con las que se predica la realidad concreta de mi vi- da - el vaso de agua - y cuando can- to mi estupidez se convierte en cosa con el ajuste y riesgo de una involuntaria convic- ción pero el estupor mismo queda ajeno ajeno al vigor que articula la conduc- ta - la real la anterior a toda resolución o propósito la que es un supuesto como un país ajeno a las arquitecturas ajeno a ese punto de estallido que es la abs- tracción y donde la realidad de un mundo abre su estado ajeno también a sus pro- pias modulaciones internas que tratan de pre- dicarlo en mi voz o en las estampas a fin de incorporarlo con libertad al rigor del juego humano todas las coordenadas se des- hacen en manada apenas tocan este estupro sin márgenes a lo sumo la relación de a- quellas con éste es una suerte de piedad sin sentimientos parecida a esas miradas que sonríen y dejan crecer - distantes - los ar- tificios y ese toque - como un des- pertador - queda cercado por los recuerdos que afanosamente se arman y se deshacen y por el gran recuerdo que no es otra cosa que de- seo vuelto de revés - la estupidez iner- me cualquier invención es de afuera co- mo las lluvias [fragmento no leído]: - pero hay indicios de temor en esta somnolencia ingrávida ? pero - temor de qué ? en el gusto tan genera- lizado ya no hay sabor ni sosiego ni malestar - que son siempre extremos de una unidad que se compone tampoco estímulo - gracias al que hay caras el estupor tiene la quietud de ese huevo oscuro que so- lemos ver en el interior de una llama lo distinto se denuncia por diferente y eso basta para que resbale y no se mezcle a la torpeza a esta torpeza que ni siquiera impide a mis facultades crear sus servicios habituales sus voces sus pasiones y los objetos que son siempre la ca- ridad de la existencia y si a veces desde su masa impávida aquí o allá sal- tan algunas intenciones desconocidas con las que se forma una conciencia apenas se desprenden pierden su origen como si nunca hu- bieran pertenecido a ese curso invariante autosuficiente y torpe una torpeza sin posibilidad de reflejo - tan necesario para que el delito o perdón se reconozcan - pero - aquellas intenciones que así se inau- guran qué otra cosa son sino deseos y és- tos qué si no cambios ? [continuación de la lectura] la atención que consti- tuye propiamente las intenciones y las arran- ca a la miasma autógena se vuelve a su vez abismo entre la indiferencia y la vo- luntad apenas nacidas el estado se cierra con la prontitud del agua en las sin- gladuras renovando su medida inviolable y su intransferible [intransformable] superficie [fragmento no leído] todo orden es segundo tal vez demasiado preso aún en el fuero excesivo de las leyes con que nos- otros mismos nos hacemos uno intento tener nombrar mentar indicar aquella tor- peza para que me incumba la suprema cobardía de querer ser sí mismo la in- capacidad universal de perdernos ella no es virgen la virginidad es intocable porque se retira y ad- hiere a un haz que se siente tampoco es distinta porque toda distinción implica rela- ción ni es inocente porque la inocencia ca- lifica inintentable movimiento desde el lenguaje - ya engaño - se complace a sí misma [continuación de la lectura] sea que ella sobrevenga en la extenuación del resentimiento en la an- gustia de la libertad en el impulso de ale- grías sucesivas que se incrustan una en otra para sobrevivir en la impotencia radical que a veces uno se regala a sí mismo para i- niciarse como hombre ante la propia voluntad o en la desgracia inadvertida que interrumpe el transcurso de la conciencia - lo cierto es que entonces el arrepentimiento o el des- precio la indiferencia o la gana en suma todo aquello que pulula alrededor de su fuen- te y con lo que uno es quien es se vuelve otro otro que apenas vive en los bordes - cabeza y corazón - en los últimos límites de esta torpeza invariable y desconocida cu- ya realidad es sólo éxtasis de presencia [fin de la lectura] Esas son las dos vertientes de donde surgen los poemas que yo escribo. Pero yo vivo poéticamente quebrado en dos, cosa que me alegra, porque no me gusta ser uno. Ahora van a ver por qué. Frente al acto provocación, inventado por los futuristas, exacerbado por Dadá, llevado a término por los surrealistas, recuperado por los jóvenes poetas norteamericanos y plásticos norteamericanos en el happening; frente a eso, en el año ’52 aquí y después en el ‘62, en París junto con todo otro grupo, nos planteamos la pregunta radical ¿qué rol, qué puede hacer un poeta hoy? y entonces se inventó internamente una aparición de la poesía, cuya característica fundamental es que no tenía contradictor, no tenía nada que denunciar, no tenía nada a qué referirse. Todos los actos provocación, hasta el happening, constituyen siempre, de alguna manera, tienen un interlocutor al que denuncian; sea político, sea el sexo, sea la moral, sea lo que fuere. El acto que se inventó, se inventó al abrigo de todas esas formas, por una razón capital: quien se coloca frente a un interlocutor al que quiere destituir, más que un contradictor es alguien que depende de lo que quiere destituir. En la búsqueda de la libertad absoluta y de la independencia total se inventó está forma. Y esta forma, tenía por objeto y tiene por objeto, una sola cosa; revelar a cualquier hombre, a cualquier ser humano, en el acto en que se hace, su condición humana. Es decir, su condición poética; su condición poética sobre la tierra. Y por eso se llamó fiesta. Porque si revela el acto humano, es por tal acción que ella llega a ser la fiesta. En verdad el poeta es un hombre de palabras, pero también es mucho más que eso; es el portador de la fiesta, y de la fiesta poética. Esto exigía una vívida libertad de juego. Y se transformó realmente en un juego. Es necesario obedecer al acto poético con y a pesar del mundo para desencadenar la fiesta, y la fiesta es el juego, el supremo rigor de mi libertad [16]. Así fue y así se hizo, se recorrieron muchos caminos y hubo muchos e innumerables actos poéticos, en América y en Europa, sin que nunca fueran recogidos más allá de lo que fueron. Por ejemplo no hay un texto, un libro especial que compile todos los actos poéticos y todo lo que se habló y se dijo. “Debemos recogerlo todo, nuestros temores y nuestras esperanzas, nuestros impulsos y nuestros desfallecimientos, y partir por los caminos para crear allí anti-sueños” [Carta del Errante]. Es decir vivir de verdad el juego poético. Hay un texto especial publicado sobre esto, pero la idea fundamental es esta de fiesta. Yo no podría sino que convenir aquí en un punto que me asalta en duda: ¿Pueden estos actos poéticos ser pensados como posibilidad para otra cosa que ellos mismos? Yo lo he hecho así también, pero no tengo respuesta. No tengo respuesta cabal y cierta. A lo mejor fenecen en sí mismos, a lo mejor se abren hacia otras aventuras. Y ahí no se escribe nada y se escribe todo. Y lo que se hace ¿qué es, escultura? no, es signo. ¿Es pintura? no, es signo. Y lo que se dice ¿es poesía? sí, es poesía, pero ¿es poema? no, no es poema. Y vuelvo rápidamente a la escritura. Tal como Fedier lo plantea en el análisis de la distracción, el juego, la invención interna, para mi ha sido la disyunción. Me explico. Así como el viernes pasado yo les hablé de las grandes conjunciones que rematan en la proposición de Lautreamont sobre el paraguas, la máquina de escribir, la mesa de disección, el giro es lo disyuntivo; ¿cómo sostener lo disyuntivo como tal? Cómo sostenerlo y por qué. Yo puedo decir por qué, pero no por una teoría literaria, sino con otra admiración poética. Por esto: algunos teólogos enseñan que Dios creó el mundo (da lo mismo si hay creyentes o no creyentes, tratémoslo de hipótesis; Dios creó el mundo) y lo tuvo que hacer tan plural y múltiple para que diera una lejana imagen de su infinitud. Y tuvo que crear mundos de mundos y universos de universos. Y no dan ni con mucho, no pueden dar, su infinitud. Pero sí la expansión plural al infinito. Es realmente… se puede realmente pensar así. Otros pueden no pensar así, necesitan una suerte de welten schauen, de mirada unitiva. Para mi no fue necesario. El rodar del mundo y de los mundos me sigue siendo admirable, de suerte que en la disyunción de mi poesía, yo no vengo a hacer otra cosa que mostrar la pluralidad sobresaliendo, emergiendo de su posible fondo de unidad. En ese sentido, es mundana. Pero, a su turno, ininteligible a veces, porque nosotros intelegimos el discurso lógico. Pero sin embargo hay plenitud; vuelvo al caso de los teólogos, por ejemplo, la plenitud de la gloria ¿cómo se va a cumplir? como somos muchos, infinitos hombres y seres humanos, y vamos a llegar infinitos a la gloria, cada uno corresponde a un vaso y será colmado hasta el borde en lo que puede contener. Pero hay vasos de distintos tamaños, pero lo que importa, nadie va desear tener más que el otro o menos, porque está colmado. Pero los teólogos griegos la planteaban de otro modo, naturalmente yo me inclino hacia ellos. Decían; la plenitud va a ser estar inmerso en la infinitud de Dios, de suerte que vamos a estar permanentemente colmados y permanentemente abiertos porque su infinitud es inatrapable. Y el gozo va a ser el gozo de este deseo de desear deseando lo que ya tiene, sin tenerlo. ¿Cuándo entonces hay palabra poética? Evidentemente en el poema, evidentemente en el acto poético, y posiblemente en la palabra poética acerca del poema. Y aquí un pequeño excurso. Los críticos no han existido nunca; yo no conozco -y he leído bastante- a ningún crítico que haya dicho algo interesante de un poema. En cambio sí, hay algunos, que son como catadores de vinos; que tienen un arte especial y encandilan y es una maravilla leerlos, aunque uno pueda no compartir con ellos sus gustos. Como catadores de vinos. Uno de ellos, sin duda el más grande de los últimos tiempos es Curtius [Ernst Robert], un alemán, que escribe sobre literatura. Esto que yo les vengo diciendo de la disyunción… les voy a leer un texto de un romántico alemán, uno de los más grandes poetas alemanes, ¿qué es la poesía? relatos descocidos, incoherentes que tienen sin embargo asociaciones, como algunos sueños. Poemas simplemente armoniosos y llenos de bellezas verbales pero también sin coherencia y sin sentido alguno, a lo sumo con dos o tres estrofas inteligibles que serán como puros fragmentos de otras y diversas cosas. La poesía, la verdadera, no puede tener sino en grueso un sentido alegórico y un efecto indirecto, como la música, etc. Es así porque la naturaleza es puramente poética, del mismo modo que lo son un gabinete de mago, el laboratorio de un físico, el cuarto de un niño, un cuarto de trastos o un granero a donde se apilan toda suerte de antiguallas. Esto es de Novalis. Y Hölderlin le va a decir a los jóvenes poetas “sobre todo no describan”. En un célebre poema a los jóvenes poetas les va a decir; “sobretodo no describan” [17]. Digamos algunos ejemplos. Estos son inéditos [en el año 1979 los poemas titulados "Comentarios y Cadencias" no habían sido publicados]: C) A vista plena no eran posibles las coincidencias. Las densas direcciones del condado confiaban en sus distingos, en los espejos desconocidos. La rue- da sobrelleva una delicadeza que ningún soldado soporta y en cualquier parte del rigor abre su ca- mino. Había que acceder simultáneamente a la exclamación del hecho con la risa múltiple del elogio. En la espesura inicia sus sentidos. h) Esta jornada resumida en sienes, su frase posa los dedos y el desplante de un fin en los balcones. El alma desprende sus arcos, la ciencia veloz del sueño en la inocencia, el patio entero de una pre- gunta. Su pelo retiene esta tarde incomprensiva, una penumbra desliza su caso y la verdad tiembla en el rango de su pulso. Tu mirada madura los cuerpos, pero otro mar extraviado en el desprecio y la tenue distracción del gesto en el suplicio. k) Una desapercibida cortesía quita la tarde. Ellos soltaron sus armas como bordes antojadizos (la recreación oscura del reino). Es un relato urdi- do por la carne y los antiguos vendajes del alien- to – una arquería de brazos en alma cuya blancu- ra advierte la estación pronta y enigmática. Pero ella se detuvo incomprensiva. Muda pupila en la dispersión sin recatos, los oficios del follaje tien- den el secreto. Ciega, precisa y rica, de pie sobre el lago. No me toques. y una cadencia. Esos son comentarios. Esto es una cadencia: oP. 1 Tu azul inacabable del descuido, guijarros lúcidos del pudor que vacila, ambiguo, adorado en especies, en la lenta explanada del daño que sube a la comisura de los velos. Una incitación ya afín por ensueños y truhanes embellecidos en el golfo. Otro viso en las mujeres y errores y bonanzas pasables-desliz al nombre. La joya gira cruel a crestas altas e ilegítimas. Vuelves rosácea envuelta de orillas a una jarra de luz que impide el rostro de otras asiladas en mi cuerpo bajo consonantes torpes y sagaces. Uno en otro bajo el pórtico vigías desnudos revelan sus rocas, la calidad fraterna del poniente –prematura aversión del relato al émulo familiar. Ellos no levantarán las barbillas, ciertos trastos locales, en la unívoca virtud del paisaje, en la utilidad in-fraganti del mar. A despecho del cuervo en el leño la memoria aduce una invisible artesana del adviento oblicuo al río… No hay pues, en esta línea, poema, sin esta invención interna. En 1781 Kant escribe: “el conocimiento filosófico es el conocimiento racional por conceptos y el conocimiento matemático es un conocimiento racional por construcción de conceptos”. Yo no conozco mejor definición para la poesía moderna. Después de haber visto lo que hemos visto sobre las distintas artes y la poesía, yo quiero citar al mayor de los filósofos franceses vivientes Jean Beaufret, para entender a fondo dónde se juega la libertad y el oficio: “Puede ser que nosotros comprendamos un verdadero sentido de la palabra revolución más decisivo y más radical que aquel que los hombres tienen el hábito de pensar en el terror o en el éxtasis. Puede ser que hay mucha más revolución de Heráclito a Aristóteles y de Aristóteles a Decartes que en toda la Revolución Francesa; y aún en la que los marxistas preparan como catástrofe final. Una semejante revolución jamás se produce en el ruido y en el furor. Ella adviene, dice Federico Nietzsche, en silencio, pues es a paso de paloma que se acercan los pensamientos que gobiernan el mundo. Eso es todo". APUNTES
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