Martes 10 de agosto
Hoy tenemos a una distinguida visita en la sala. Se trata del Rector de la Universidad de Rumania, Sr. Paul Popescu. Nos visita luego de que tres profesores de esta escuela, P. Cáraves, R. Saavedra y M. Puentes asistieran recientemente invitados por él a una serie de actividades académicas en su iniversidad en europa. El señor rector no habla castellano, por lo que me corresponde saludarlo en inglés. Dear Mr. Popescu. I was saying to the students that is a plaesure and an honor to have you here today. We are now in a class called or named Taller de América; it means smoething like America’s Workshop. Every week, since the last 20 years, all the students and the profesors meet here to talk and study the relation between poetry and architecture and design. And also the relation between poetry and all the trades and professions. So in the name of our School, specialy in the name of the students and the profesors, be wellcome in our class and in our home. Bien. La clase anterior dejé pendiente la última parte de esta relación entre la eneida y américa, o mejor dicho entre la eneida y nuestra tradición poética. Mencioné tres momentos que recoge Godo en el su libro Eneida-Amereida. Ahora voy a mencionar dos clases de travesías que el mismo Godo recoge e interpreta desde el poema de Virgilio, y desde esas clases de travesía nos vamos a preguntar por América. La travesía de los muertos. Godo nos dice: “El primero es conocer nuestra tarea en la historia. ¿Pero dónde se conoce? ¿Dónde se oye? ¿Quién nos la dice? ¿Quién la indica? Es la travesía de los muertos. Hay que entrar a la patria por los muertos, no hay otro acceso. Y allí también están nuestros muertos. ¿Pero qué son los muertos, nuestros muertos? Son los testigos de la tradición desde donde nosotros partimos, con quienes hemos convivido la peripecia de la errancia que llevamos en la sangre, y quienes nos dieron la existencia. Eneas, como Ulises (Odiseo en griego), desciende al mundo de los muertos, inmediatamente, apenas aborda Italia. Lo hace en Cuma, junto a Nápoles. (Junto con otros artistas yo recorrí, vi, constulté y oí la misma sibila en el mismo lugar que la oyó Virgilio). Y allí, él va a encontrar la sombra del padre muerto, Anquises. Padre que le indica a Eneas el destino de Roma. Cito el texto: “Otros sabrán labrar con más suavidad el bronce ... sabrán otros abogar con mayor elocuencia ... tú, ¡oh, romano! acuérdate de someter a tu imperio a los pueblos (porque éstas son tus artes), de imponer condiciones de paz, perdonar a los vencidos, y someter con la fuerza a los soberbios”. Perdonar a los vencidos en el orden guerrero y político; en la historia es la primera vez que sucede como mandato de destino.
He ahí revelada la tarea. He ahí el oficio que ha de oficiar Roma, por lo tanto, abierta al mundo, pues con ella comparece por primera vez en la historia una misión ecuménica y mundana y aflora inmediatamente, a raíz de eso el modo de vivir y de morir con que termina el poema inconcluso que es “La Eneida”, de Virgilio.
La misión de Roma es acoger el mundo, lo que significa hacerlo perdonando a los vencidos y doblegados a los soberbios, e imponer condiciones de paz.
Dante, en el 1300, va a recoger esta palabra poética y va a señalar, específicamente, como Roma cumplió eso, señalando, que Dios esperó hacerse hombre, es decir, que Cristo naciera sólo cuando el mundo estuviera en paz, y hubo paz en el mundo bajo Augusto, a partir de Augusto, que hasta el día de hoy se llama la Pax Romana. Es una apertura radical al mundo."
La ciudad abierta, nuestra propia creación poética también está fundada sobre sus muertos. No puede ser de otra manera; para que una ciudad sea ciudad sea ciudad debe tener un cementerio donde enterrar a sus muertos. De otro modo será indefectiblemente habitada por gentes de paso. El cementerio de la ciudad abierta se originó con la muerte trágica de un niño; el hijo del poeta Ignacio Balcells que se ahogó en el estero. Los antropólogos modernos definen la separación de la raza humana de los primates no cuando comienzan a hacer herramientas, no cuando pintan el las paredes de las cavernas, sino cuando entierran a sus muertos. Es este entonces el primer ritual esencialmente humano, el primero de todos. Por eso el último verso de amereida dice: ¿oh desapegos que uno mismo ignora antiguas gentes nocturnas a quienes el peligro abre sus ofrendas y la primera tumba inútil donde con gracia comenzar otro pasado!
Se trata de comenzar desde los muertos. No es esta una cuestión trágica ni deprimente, por el contrario, allí donde están nuestros muertos comienza nuestra historia, comenzamos nosotros mismos. Por eso a los familiares de los muertos se les llama también deudos; porque nos debemos a ellos, porque tenemos deudas con nuestros muertos. Nuestra deuda es así un deber; mantener sus legados, sus tradiciones. Por desgracia nuestra sociedad actual le teme al futuro y por ende le teme a la muerte. De ahí los cementerios-parque, en que se hacen todos los esfuerzos porque desaparezca el dolor; que todo parezca jardines asoleados, que nada recuerde las deudas. Es el intento por ocultar la muerte. Eneas, cuando huye de la Troya destruída por sus enemigos se preocupa de recoger los penates de su padre Anquises, y va a realizar todo su viaje, toda su tremenda peripecia con los huesos de su padre en una bolsa a cuestas, para depositarlos en la tierra que va ser su patria. La travesía del modo de vivir y de morir. Cito a Godo: "¿Cómo termina La Eneida, cómo es esta lucha para vivir y morir? Voy a tomar el último momento de La Eneida. Eneas lucha y está en trance de matar venciendo a Turno, es una lucha entre héroes, para vengar la muerte de Palante, su amigo, que fue muerto por Turno. En el momento de matarlo, en el mismo momento de matarlo, así termina La Eneida, vacila. Insensata cosa en un héroe. Dice el texto: “Eneas, moviendo los ojos, contuvo su diestra” y desde ese extremo pasa al inverso y mata. “Cómo escaparías a mis manos ... mientras esto decía le hundió con encono en el pecho su hierro”. Toda la Eneida, todo Eneas, toda la latinidad tiene un nombre; es esta vacilación profunda de Eneas, es el atributo que todo el libro, constantemente le da a Eneas: la “piedad” latina, Eneas el piadoso. ¿Pero qué es la piedad, la piedad latina? La piedad es la abertura, es la hospitalidad sacra. Cuando alguien tiene reverencia por otro es porque lo hospeda, lo recibe y ese es el secreto inagotable de Roma, esa es el alma del Imperio, la cabida de pueblos, de razas, de lenguas, de hábitos múltiples, en la paz y en la lengua, toda Europa habló una sola lengua: el latín, durante siglos, y las nuestras de él se derivan.
La guerra que es como antes fue el mar el extremo donde el hombre se pierde, se anega y desaparece, es también desde donde se yergue, se construye y se ilumina, porque la guerra en la Eneida, los últimos versos de la Eneida, es la misteriosa disputa entre la apertura y la muerte. La muerte que se ofrece precisamente para que no se cierre el mundo. A de morir Turno, que cierra, para que Eneas abra, a fin de que se extienda lo extensible, que se invente la extensión o pietás. Y yo le dije que es la relación misteriosa entre apertura y la muerte, porque el último verso de la Eneida, misteriosamente, sombríamente dice: “cum gemitu fugit indignata sub umbras”, “gimiendo huye indignada a las sombras” la sombra del héroe y esas son las últimas palabras del poema."
En nuestras travesías y en la ciudad abierta (también al interior de nosostros mismos en la escuela) nosotros heos querido recoger la profundidad de la palabra hospitalidad y desde ella edificar el ritmo de nuestra tradición. Esta hospitalidad se ejerce con actos y actitudes sencillas y otras más difíciles y duras. Sencillo es comprender, a la luz de este mandato poético que nostros recibamos, año a año, a los alumnos nuevos con una fiesta. Celebramos una fiesta en la que los invitamos a ser, desde el primer momento, habitantes de esta comunidad artística. No son aprendices ni iniciados, son en propiedad. Más difícil es comprender, por ejemplo, que en la ciudad abierta la hospitalidad se ejerce comenzando con la propia familia, con los hijos. Porque allí no hay propiedad privada y que donde habitamos se llamen hospederías no es porque sí. Las hospederías son la consumación de esa palabra; sus habitantes no son dueños y no tener nada de nada es una vocación difícil, dura, potente. En las travesías ejercemos la abertura desde un extremo; nuestras obras se regalan, son un regalo. Así cumplimos con la esencia de esta fiesta de la poesía, con la relación de la eneida con américa. Pues es en américa donde vamos a ejercer la hospitalidad máxima; aquella en donde nada nos pertenece, donde de todo nos desprendemos, donde sólo queda, refulgente y nítido, el regalo. Sólo así es posible abrir y abrir.
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