Se está celebrando en todo el mundo el centenario del nacimiento de Neruda. Grandes acontecimientos, actos, reuniones, artículos, reediciones, recitales, etc. Quisiera explicar brevemente por qué esta fecha nos particularmente sentida ni significativa en nuestra Escuela. Antes de continuar pretendo aclarar la falta de soberbia y la absoluta tranquilidad para tratar temas sensibles como éste, pero insistir firmemente en ciertas cuestiones que son caras y fundamentales para nosotros. En primer lugar el natalicio de una determinada persona no significa nada en términos constructivos en cuanto no se celebra ni agradece una obra sino el hecho de una persona. Si bien se trata de una buena excusa para repasar obras y actuaciones y demases, en el fondo no deja de ser eso: una excusa. Por otra parte hay natalicios cuyas celebraciones sobrepasan al hecho mismo de una persona, como es el que celebran todos los años, cada 25 de diciembre, los cristianos. Porque en el fondo se trata de la llegada al mundo de una buena nueva que comienza en el instante mismo del nacimiento de Cristo. Pero eso es harina de otro costal y ambos casos no pueden compararse. En segundo lugar Neruda, que puede ser considerado como el más grande y mejor poeta de América de todos los tiempos, no hizo una obra que permita que América sea lo que debe ser. Este es el punto central y el más importante. Insisto: no me interesan aquí las consideraciones políticas ni estéticas ni voy a ser condescendiente; las cosas claras con toda libertad. No vamos a tener la desfachatez de decir que la poesía de Neruda es mala o que no sabía escribir. No estamos haciendo crítica. Por el contrario; sabemos y admiramos la belleza de los poemas de Neruda, pero el asunto es que esa poesía no conduce hacia la verdadera construcción de América. Y por sobre todo nosotros creemos que la poesía debe ser y es la palabra que construye. Neruda recibió el nobel de literatura y eso está muy bien y es muy justo; su poesía es parte esencial de la más alta y extraordinaria literatura. La cuestión es que nostros consideramos a la litertura como un arte. Y en este sentido creemos que todos los oficios pueden llegar a ser un arte en la medida que logren crear algo que antes no estaba, algo nuevo. He aquí entonces la cuestión: para nostros la poesía no es un arte. Tampoco un oficio. La poesía es anterior a la literatura y anterior a los oficios. Su juego esencial se ubica y acontece en un tiempo y un lugar previos al desarrollo de los oficios. De hecho es la poesía la que abre la realidad misma para que en ella exista la posibilidad de las artes y de los oficios. Todos los oficios trabajan con una materia a través de un lenguaje, pero la poesía no posee ni materia ni lenguaje. Ella trabaja a partir de y con la lengua, es decir, lo anterior a cualquier forma de lenguaje. Esta es la épica capaz de construir verdaderamente el mundo y así América. En esta faena podemos ser malos o buenos o regulares o mediocres; podemos fracasar o tener éxito, pero no es esto lo que importa. La cuestión es que en esta escuela estamos en este intento desde hace más de cincuenta años sin que pretendamos acordarlo o predicarlo. A este intento nos debemos enteramente y en él nos jugamos la vida, el trabajo y el estudio. Es por cierto un camino difícil, acaso el que más, pero es el que escogimos y nuestra fidelidad se funda en estos preceptos.
De Godo leo fragmentos de “Hoy me voy a ocupar de mi cólera”: ¿Qué nos pasa en América? En primer lugar, todos somos unos copiones, esa es la primera medida. Y hay que tener el coraje y la libertad de decirlo y promulgarlo. Somos copiones para adelante y para atrás, si no queremos ser copiones europeos, somos copiones indigenistas, somos todos copiones, que vamos corriendo como mendigos enloquecidos buscando algo que se llama el “proceso de identidad”. ¿Quiénes somos? Yo creo que lo más propio de los americanos, es preguntarse quiénes somos; no se le pasa por la cabeza a un francés preguntarse quién es. Lo sabe de más.
Y entonces qué hacemos. Juntamos todos los problemas, unos lo ven desde aquí, otros desde aquí, como ustedes prefieran; unos de arriba y abajo, centro, derecha, izquierda, los metemos en la maravillosa coctelera de las técnicas llamadas modernas y producimos obras. Y nos dan Premios Nobel, y nos lo creemos. Esta es la maravilla. Había una antigua fórmula, típica de Sudamérica: fulano de tal ¿lo conoces? No. – Triunfó en París. - ¡Ah! – Pero lo contrario era peor: ¿Conoces a fulano de tal? – Sí - ¡Ese nunca fue a París! ... ¡Ah!
¿Qué es lo que sucede? Nosotros tenemos que optar, no tenemos alternativa, nosotros ya hemos optado, hemos muchas veces olvidado estas cosas, nadie es puro aquí. O retomamos permanentemente y queremos renacer como el ave Fénix sobre las cenizas de nuestras propias derrotas en la línea inviolable de lo que nosotros llamamos específicamente la creatividad – entiéndanme bien – al alcance de cualquiera en su propia medida o nos inclinamos insensiblemente – y esto vale para la vida cotidiana – para las relaciones de amor, para los matrimonios, para los pololeos, para las tonterías y para las no tonterías también, o nos dejamos inclinar suavemente y dulcemente vestidos con poncho boliviano o a la moderna; al mundo de los problemas significantes. Entonces nos sentimos muy cómodos, muy bien, y muy justificados sobre esta tierra, y el camino de la intransigencia, por la palabra que construye, es duro, es implacable, es difícil, pero no porque sea difícil en sí sino por el lastre que llevamos adentro. Todos. El otro es más favorable, y por supuesto, muy existista.
Entonces yo me reitero diciendo: me arrepiento de haber predicado todo lo que prediqué contra mi propia voluntad y me vuelvo violentamente, contra mí mismo, a la postura, al origen de la palabra que construye y me vuelvo a jugar entero por el algoritmo. Y repito, no me interesa más que rime; celebro, lo canto, lo encuentro divino el cuadro, pero no me interesa más. Espero que otro sea capaz de traer a luz algo como trajo él cuando hizo el Guérnica, después de esto, Picasso, dejó de pintar, todo lo que hizo después es pura destreza. Como Klee también, como Miró, después es pura destreza, tal vez me toque a mí también, puede ser un problema de la edad.
Pero la batalla está situada en otro punto y es donde realmente es preferible ser reducido a cenizas que tener un Premio Nobel significativo. Frente a este cuadro, la pregunta se reinicia. Bueno y nosotros qué: ¿cómo podemos construir América? Yo recuerdo muy bien, y esto es bueno que lo sepan todos, porque a media que pasan las generaciones estas cosas desaparecen. El proyecto grande de Amereida, el proyecto concreto, fuera de instaurar la Ciudad Abierta, que es una realidad, es un hecho que está ahí, era: cómo podíamos unir el Cabo de Hornos con Caracas. ¡Ah, es fácil, se hace un camino, se toma un avión, no hay ningún problema; problema de dinero.
¡No! Entonces, cuando Alberto Cruz – en aquella ocasión – junto con todos los artistas que estábamos en pleno viaje y debate, dramático, por otra parte; pues una de las cosas deliciosas de América es que sin estar en guerra se viaja como si se estuviera en una guerra apocalíptica, increíble, es más fácil viajar en una guerra entre Alemania y Francia y cruzar la frontera que cruzar la frontera de aquí a Bolivia; en medio de ese debate, Alberto planteó una cosa que hasta hoy sigue como una estrella cuya luz aún no ha llegado a la tierra. “No es un camino lo que nosotros llamamos camino”. La pregunta, entonces, surge fácil, ¿qué es? ¡Ah, si yo lo supiera! ¿¡Pero, cuántos están dispuestos a dar la vida por él!? Porque aquí no se trata de decir; “yo tengo una buena idea”. Yo voy a contestar: en dieciocho años, nadie.
cuando ya se tiene destreza, inspiración, se puede llegar a ciertos momentos de arte, como los tiene Neruda, pero no tiene ningún interés eso desde el punto de vista de la palabra que construye, eso no tiene la menor diferencia con el buen periodismo. Y si nosotros pensamos que vamos a construir América por esa vía no vamos a construir nada, ¡jamás!, a lo sumo, la vamos a comentar, como si yo dijera del mar ¡qué bonito está el mar! ¿¡Qué sucede!? Nosotros lo hemos predicado muchas veces, porque parece que lo predicamos. Yo hoy quiero despredicarme; quiero que todos los poetas americanos por más buenos que sean, serán siempre inferiores a esa genial obra de arte, (señala “Guérnica”) no hay ninguno, ustedes comprenderán que Machu Pichu al lado de eso, ni siquiera es un balbuceo. Cada uno en su nivel, lo que plantea Machu Pichu no aporta nada a la lengua española, esto a la pintura, ¡Dios mío lo que aporta!
En esa línea, todos los americanos que trabajan para rematar en esa línea, no me interesan nada; los respeto profundamente, los canto y los celebro, en la vereda del frente.
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