2004 Trimestre 2 Clase 3

la lectura

Bien. Vamos a intentar leer, como si la lectura fuese el ejercicio que por excelencia nos corresponde. Al respecto una cita de Godo del texto “Eneida-Amereida”:


“Variadas y legítimas son las formas de leer. Sea con tedio entrecortando la lectura por fatiga o ensueño, sea por distracción suspendiéndonos. Otras por real gusto que es el surco de la cultura con la que maduramos, o por ilustración a fin de lucirnos en los reflejos del recuerdo. A veces, las menos frecuentes, la lectura nos toca, nos despierta, nos advierte o nos llama. No importa el modo como sucede, pero se nos transforma en un toque, en un llamado. Puede decirse entonces que la lectura nos acaece como una experiencia. Heidegger decía para definir la experiencia que la mejor expresión para comprenderla es la expresión popular “se me cayó la casa encima” o “se me cayó el mundo encima”. Cuando algo a uno se le cae encima hay experiencia. Ella abre, provoca una pregunta, al par que trae o insinúa respuestas al modo como una herida alerta y revela el cuerpo.
Vamos a tratar de una lectura de esta especie”.


He traido una lectura en virtud del encargo –tal vez como ejemplo- que tienen ustedes para aprobar esta asignatura. Una lectura que ha sido y sigue siendo trascendente, al menos para nosotros en la Escuela, por varios motivos. Se trata de “The Rime of the Ancient Mariner” de Samuel Taylos Colerdige. Un poema escrito hace más de doscientos años y es una parte esencial del fundamento poético moderno de los mares del mundo. Sobretodo para quienes hablan inglés, por eso le he pedido a una compañera de ustedes que inicie leyendo el poema en este idioma. De alguna forma este poema convirtió a los océanos, especialmente al Pacífico, en un destino occidental; en un campo abierto y disponible para cumplir la condición humana. Los océanos son, para el castellano, sinónimo de “inmundo”, de carencia y de ausencias. América no sabe de sus mares y por esto es que la lectura de poemas como este puede traernos luz y aberturas. Quisiera que el libro de la poesía universal que ustedes escojan tuviese al menos el tono o los aromas de este.


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