Tercera clase del 30 de marzo de 2004 Carta. Sabrá usted, que aquello comenzó a diez y siete dias del mes de Junio de mil y quinientos y veintisiete, cuando partimos del Puerto de San Lúcar de Barrameda, mandados de vuestra majestad para conquistar y gobernar el cabo de la Florida. Con la armada de cnco navíos llevábamos seiscientos hombres, yo Cabeza de Vaca, por tesorero y alguacil mayor. Toda la aventura por Gloria de nuestro Señor resultó extraña si usted quiere, por toda la peripecia acaecida. Todo el mundo sabe que naufragamos y que los pocos y desperdigados sobrevivientes anduvimos extraviados muchos meses, hasta que estuve solo sin cristiana compañía. Sufrí hambrunas que no se pueden volver a contar, caminé dieciochomil kilómetros desnudo ya no en busca ni del oro ni de la gloria, sino sólo apenas intentando hallar algún signo de neustro Señor Salvador. Fui esclavo de indios paganos que apenas me vestían o me daban porquerías para comer. Durante mucho tiempo no pude escapar dellos porque no podía valerme de mi siquiera para comer en aquellas ciénagas, selvas y desiertos. Pero luego me convertí en médico y anduve curando a los enfermos de los poblados y las tribus. Y fui personaje muy respetado. Pero todas las atenciones bárbaras y paganas no disminuyeron la soledad que tantas veces me empujó hacia la locura. Sólo la eterna misericordia de nuestro Señor pudo tenerme despierto aún cuando ya no existían las esperanzas. Nunca vi otro oro más que aquel soñado malamente en noches de fiebres mortales ni tuve otra familia que esos amos del infierno. Tampoco conquisté tierra alguna y, lo que es lo peor de todo, no pude convertir a ningún salvaje a ver la luz divina de Dios. En todo ese tiempo hallé tantas lenguas que que no aprendí más comunicación que unas cuantas palabras ni pude tampoco hacerme entender más allá que los elementales signos que apenas reconocería un hombre civilizado. Diez años transcurrieron desde el naufragio hasta que hallé cristianos otra vez. Diez años que yo no sabía cuántos eran hasta que el capitán dellos me dio la fecha feliz. Pero ya ve usted, me volví a embarcar en capitulación de su Majestad Carlos V como gobernador, adelantado y capitán general del Río de la Plata…
Dejo ahora una pregunta. ¿Por qué Alvar Nuñez Cabeza de Vaca volvió a embarcarse después de todo esto?
Capítulo treinta y tres
Cómo vimos rastro de christianos
Después que vimos rastro claro de christianos y entendimos que tan cerca estávamos dellos, dimos muchas gracias a Dios Nuestro Señor por querernos sacar de tan triste y miserables cautiverio, y el plazer que desto sentimos júzguelo cada uno cuando pensare el tiempo que en aquella tierra estuvimos y los peligros y trabajos por que passamos. Aquella noche yo rogué a uno de mis compañeros que fuesse tras los christianos, que ivan por donde nosotros dexávamos la tierra assegurada, y avía tres días de camino. A ellos se les hizo de mal esto, escusándose por el cansancio y trabajo, y aunque cada uno dellos lo pudiera hazer mejor que yo, por ser mas rezios y mas moços, mas, vista su voluntad, otro día por la mañana tomé conmigo al negro y onze indios, y por el rastro que hallava siguiendo a los chistianos passé por tres lugares donde avían dormido, y este día andava diez leguas. Y otro día de mañana alcancé cuatro chistianos de cavallo que rescibieron gran alteración de verme tan estrañadamente vestido y en compañía de indios. Estuviéronme mirando mucho espacio de tiempo, tan atónitos que ni me hablavan ni acertavan a preguntarme nada. Yo les dixe que me llevassen adonde estava su capitán, y assí fuimos media legua de allí donde estava Diego de Alcaraz, que era el capitán, y después de averlo hablado me dixo que estava muy perdido allí porque avía muchos días que no avía podido tomar indios y que no avía por donde ir, porque entre ellos començava a aver necessidad y hambre. Yo le dixe cómo atrás quedavan Dorantes y Castillo, que estavan diez leguas de allí, con muchas gentes que nos avían traído. Y el embió luego tres de cavallo y cincuenta indios de los que ellos traían y el negro volvió con ellos para guiarlos, e yo quedé allí y pedí que me diessen por testimonio el año y el mes y día que allí avía llegado y la manera en que venía, y ansí lo hizieron. Deste río hasta el pueblo de los christianos, que se llama Sant Miguel113, que es de la gobernación de la provincia que dizen la Nueva Galicia, ay treinta leguas.
113 Culiacán, fundada por Nuño de Guzmán en 1530 con el nombre de San Miguel. El territorio de Nueva Galicia comprendía las tierras de los mixtecas, Michoacán, Ycanarit, Jalisco y Sinaloa. Su capital fue primero Compostela y más tarde, ene 1533, Guadalajara, fundada por Juan de Oñate.
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