Nota 49. Eneas supo de esta espesura y renunció incluso al amor de Dido, porque sabía que ni aún con ella podría atravesarla. A él le correspondía lo que ahora a nosotros nos toca; la travesía, el ir a través, el sólo irse en virtud de un rumbo. Y para este atravesar no basta la convención de los caminos. Todas las travesías de este año están mirando en los mapas, escogiendo las rutas, calculando los kilómetros y las distancias de los recorridos. Y esto por cierto es absolutamente necesario. Pero al final no se trata de esto. No importa cual ruta incluso considerando que muchas veces este cálculo es una parte esencial y constitutiva de la poética de la travesía. Porque es distinto recorrer un camino, por muy largo que este sea, que dejarse atravesar por América. El sentido del rumbo no es la cuenta de miles de kilómetros recorridos en tal o cual dirección, sino el ir a “campo traviesa”. En este modo surge y aparece esa espesura que hay entre hombre y hombre y que no puede ser vencida ni por el amor. Nuestras travesías se regocijan en este sentido del rumbo, en dejar que América las atraviese. Los caminos pueden estar llenos de obstáculos, el rumbo no tiene ninguno. Por ejemplo; las dificultades para hacer un camino que una el Cabo de Hornos con México son un problema de dinero; contratamos a una empresa de cualquier parte del mundo y le pagamos lo que sea necesario para que nos haga esta carretera, y no tendría ningún problema. Incluso podríamos dedicarle amor a semejante empresa, pero en último término sería igual sólo un problema de dinero. Pero la unificación del rumbo, que es lo que buscan nuestras travesías no tiene nada que ver con esto, porque sabemos que esta carretera no es el camino. No lo es porque este camino jamás lograría vencer a la espesura ni menos unificar algo. En amereida hay un pasaje que dice: sólo es a pesar suyo que un término cualquiera entra en fusión con Europa se unificado, separado y reunificado cientos de veces en cientos de guerras, así han cambiado sus fronteras siempre. La conquista del oeste de los Estados Unidos fue también una guerra que logró unificar el continente norteamericano. Nosotros no actuamos así. Nuestros actos poéticos son la celebración de una fiesta que exhalta la posibilidad de atravesar la espesura desprendiéndonos de nuestras propias identidades, por eso no tiene sentido la pregunta ¿quién eres tú? Porque se trata precisamente de una multitud donde cada quien deja de ser si mismo para ser a la vez los otros, todos los otros. Un taller no está sólo compuesto por cada uno; un taller es también un corpus que es mayor, o mejor dicho es otra cosa, que la mera suma de sus integrantes. Un taller en travesía es un corpus poético, una multitud de seres descompuestos, descarados en quienes prevalece el yo es otro de Rimbaud. Aquella espesura invencible es la manifestación de otra distancia – tiempo que se habita de voz a voz, y no basta la voz de uno, por eso la poesía la hacemos todos o no serviría de nada. El martes pasado hicimos este ejercicio. Entre todos nombramos los rostros de San Francisco, y el nombre dado por ustedes quedó flotando en el aire de esta sala, pero quedó grabado a fuego sólo cuando entregamos las láminas, diciendo en voz alta el nombre de cada San Francisco y de cada lugar de las travesías de este año. Las travesías no sólo lo van a llevar, sino que incluso algunas van a hacer de esta lámina y de esta indicación toda su obra. Esto es irse en virtud del rumbo; acoger una indicación así de leve, de sencilla e inocente y convertirla en obra, en empresa de travesía. La palabra de la poesía le dio rostro a San Francisco y los talleres llevarán ahora esos rostros por el largo y ancho de América y son libres para elegir el modo, pero son también fieles al inicio que fue dicho. Es la voz del poeta que agrega un ritmo único, insalvable, a las obras que residirán en medio de la espesura. Sólo esa voz poética permite que esas obras no se pierdan ni se extravíen en la espesura. Y esto es lo que nosotros celebramos constantemente, sobretodo durante la travesía. Atravesar la espesura de voz a voz es el modo de la palabra poética, de la poesía hecha por todos, dejando que ese presente medie entre nosotros y el continente. Para que así se nos haga patente y así también llevar a flor de piel la diferencia entre distancia y lejanía, porque la imposibilidad de salvar una distancia es un castigo; en cambio la presencia de una lejanía es el amor al horizonte. Y un horizonte no puede ni debe ser alcanzado jamás; permanece como tal indicándonos siempre el desconocido, lo incierto. Es decir nuestro rumbo, el que nace incluso de nuestras propias incertidumbres. Nota 63. Hoy es 12 de octubre. Hace más de 500 años comenzó todo este cuento y canto. Y comenzó por la aventura de un hombre que comprendía muy bien a la espesura. El coraje de su condición poética abrió el mundo. Su visión convirtió toda su vida, y la historia de nuestro continente, en la virtud extraordinaria de un rumbo. Colón es el héroe más que de las rutas, del rumbo. |