29 de julio de 2003.
Hoy corresponde hablar sobre la palabra MOTIVACIÓN, es decir el motivo de todo viaje o el hecho de que todo viaje responde a un motivo. Para ello les pregunto a ustedes ¿por qué viajamos? ¿qué clase de viajes conocen o han hecho ustedes mismos?
los alumnos responden:
Todos ustedes tienen absoluta razón respecto de todas estas motivaciones. Todas ellas son reales, válidas y efectivamente dan origen a los viajes. Y como me ocupo del más profundo sentido de las palabras mismas, permítanme leer la primera estrofa del poema “El Viaje” de Charles Baudelaire:
Según el poeta, el verdadero viajero es aquel que parte por partir. ¿Qué quiere decir esta motivación y como ella se relaciona con nuestras travesías o con la phalène?
La palabra motivación proviene del latín movere, que quiere decir mover, movimiento. De ahí la palabra motor. Un motivo es entonces aquello que como un motor mueve a partir; que induce a ponerse en marcha. Y este efecto o inducción se produce a través de una conmoción (conmovimiento). Esta conmoción o emoción se refleja principalmente en el espíritu humano, pero de suerte que ella es aprehendida y comprendida a través de los sentidos. Es cierto que la conmoción podemos traducirla a través de la inteligencia, pero en la honda verdad sucede que ella golpea algo mucho más certero, valioso y profundo que el intelecto. Son los sentidos, todos los sentidos.
La verdad por la cual viajamos no es enteramente determinada por razones. Un viaje no puede estar completamente fundamentado en la razón. Se requiere algo más para comprender el simple hecho de un cualquier viaje, y ese algo más no son causas, sino esa conmoción de los sentidos. Por eso Baudelaire dice “partir por partir”; sin razones ni causas que se puedan explicar por la inteligencia. Partir por partir es para que la verdad -es decir la belleza- aparezca en su más connatural residencia forastera: en este caso, el viaje mismo.
Nuestras travesías se fundan en esta visión. Recuerden que cuando hablamos de la palabra partir yo les enumeré todas las veces que en Amereida aparece “mañana partimos...” y en el poema dice partimos “por esto”, “para esto”, “porque esto otro”. Pero lo importante allí no son los por, los para o los porque, sino que mañana partimos a “recorrer América”. Esto significa que el motor de nuestros viajes es el recorrer mismo, el atravesar mismo. La conmoción que provocan las travesías es que la belleza -la verdad- de nuestra américa aparece, nace, surge en el ir, en el estar yendo. Atravesar y sobretodo dejarse atravesar para que lo singular de cada lugar nos cante a su íntimo, solo y propio dios y que así nuestras obras puedan elogiarlo.
La phalène, el juego de la phalène es exactamente igual. Se trata de que la palabra de la poesía sea hecha por todos allí mismo y en ese preciso momento. La única forma de que ella exista es a través de la conmoción puramente presente del juego mismo. La phalène no se juega para, por o porque , sino en el esplendor de la posibilidad de que ella misma exista como tal. No hay razones para hacer una phalène. Sólo cabe celebrarla. Es lo que hacemos los miércoles por la mañana en la duna de la ciudad abierta. Es lo que hacemos en las travesías por el continente.
Hoy corresponde hablar sobre la palabra MOTIVACIÓN, es decir el motivo de todo viaje o el hecho de que todo viaje responde a un motivo. Para ello les pregunto a ustedes ¿por qué viajamos? ¿qué clase de viajes conocen o han hecho ustedes mismos?
los alumnos responden:
- de negocios es decir para ganar dinero
- de placer es decir para descansar
- de estudio es decir para conocer
- de aventura es decir “a lo que venga”
- de migración es decir para vivir en otro lugar
- de escape es decir es decir para huir de las leyes, de la guerra
- de visita es decir para la familia o los amigos
- de obligación es decir como los niños
- de salud (o enfermedad) es decir para sanarse.
Todos ustedes tienen absoluta razón respecto de todas estas motivaciones. Todas ellas son reales, válidas y efectivamente dan origen a los viajes. Y como me ocupo del más profundo sentido de las palabras mismas, permítanme leer la primera estrofa del poema “El Viaje” de Charles Baudelaire:
I
Para el niño, amante de mapas y grabados,
El universo es igual a su inmenso apetito.
¡Ah, qué grande es el mundo a la luz de las lámparas!,
¡qué pequeño es el mundo a los ojos del recuerdo!
Una mañana partimos, con el cerebro en llamas,
el corazón henchido de rencor y de amargos deseos,
y, al ritmo de las olas, vamos
meciendo nuestro infinito en la finitud de los mares:
unos, felices por salir de una patria infame;
otros, por huir del horror de sus cunas, y no faltan
astrólogos ahogados en los ojos de una mujer,
la tiránica Circe de peligrosos perfumes.
Para no ser convertidos en animales, se embriagan
De espacio, de luz y de abrasados cielos;
El hielo que les muerde y el sol que les broncea,
Van borrando despacio la señal de los besos.
Pero los verdaderos viajeros son sólo los que parten
Por partir; corazones ligeros, iguales a los globos,
Que nunca se separan de su fatalidad,
Y, sin saber por qué, dicen siempre: ¡Adelante!;
Aquellos cuyos deseos tienen forma de nubes,
Y que sueñan, como sueña el recluta con el cañón,
Con inmensos deleites, ignotos y cambiantes,
¡que el espíritu humano nunca supo nombrar!
Según el poeta, el verdadero viajero es aquel que parte por partir. ¿Qué quiere decir esta motivación y como ella se relaciona con nuestras travesías o con la phalène?
La palabra motivación proviene del latín movere, que quiere decir mover, movimiento. De ahí la palabra motor. Un motivo es entonces aquello que como un motor mueve a partir; que induce a ponerse en marcha. Y este efecto o inducción se produce a través de una conmoción (conmovimiento). Esta conmoción o emoción se refleja principalmente en el espíritu humano, pero de suerte que ella es aprehendida y comprendida a través de los sentidos. Es cierto que la conmoción podemos traducirla a través de la inteligencia, pero en la honda verdad sucede que ella golpea algo mucho más certero, valioso y profundo que el intelecto. Son los sentidos, todos los sentidos.
La verdad por la cual viajamos no es enteramente determinada por razones. Un viaje no puede estar completamente fundamentado en la razón. Se requiere algo más para comprender el simple hecho de un cualquier viaje, y ese algo más no son causas, sino esa conmoción de los sentidos. Por eso Baudelaire dice “partir por partir”; sin razones ni causas que se puedan explicar por la inteligencia. Partir por partir es para que la verdad -es decir la belleza- aparezca en su más connatural residencia forastera: en este caso, el viaje mismo.
Nuestras travesías se fundan en esta visión. Recuerden que cuando hablamos de la palabra partir yo les enumeré todas las veces que en Amereida aparece “mañana partimos...” y en el poema dice partimos “por esto”, “para esto”, “porque esto otro”. Pero lo importante allí no son los por, los para o los porque, sino que mañana partimos a “recorrer América”. Esto significa que el motor de nuestros viajes es el recorrer mismo, el atravesar mismo. La conmoción que provocan las travesías es que la belleza -la verdad- de nuestra américa aparece, nace, surge en el ir, en el estar yendo. Atravesar y sobretodo dejarse atravesar para que lo singular de cada lugar nos cante a su íntimo, solo y propio dios y que así nuestras obras puedan elogiarlo.
La phalène, el juego de la phalène es exactamente igual. Se trata de que la palabra de la poesía sea hecha por todos allí mismo y en ese preciso momento. La única forma de que ella exista es a través de la conmoción puramente presente del juego mismo. La phalène no se juega para, por o porque , sino en el esplendor de la posibilidad de que ella misma exista como tal. No hay razones para hacer una phalène. Sólo cabe celebrarla. Es lo que hacemos los miércoles por la mañana en la duna de la ciudad abierta. Es lo que hacemos en las travesías por el continente.