2003 trimestre 2 clase 2

volver, palabra real 

Comenzamos este período del Taller de América sobre una palabra como enunciado principal: VIAJE. Preguntamos entonces qué cosas eran absolutamente indispensables para que un viaje exista, aquello esencial que no puede faltar para que un viaje se cumpla. Ustedes dieron una lista de la que recogimos la palabra partida y acabamos proponiendo que amereida es un poema de viaje y de partidas. Voy a extenderme un poco sobre esta proposición, aunque debo aclarar que el libro es mucho más y que se lo puede recoger desde múltiples puntos de vista. Este es sólo uno más. 

El primer poema de amereida es una exhortación a los marinos, que acaso sean los viajeros por excelencia. El 2º y el 3er poema tratan la travesía; la definen y la anuncian. Luego viene el inventario (pag. 51); un orden para enumerar poéticamente aquello que llevamos en un viaje. Luego se menciona quienes viajan y quienes ayudaron en el viaje (pag. 58). En la página 67 aparece la palabra náufrago, sobre la que me detendré más adelante. Y así puedo seguir citando directamente párrafos repletos de relaciones. 

- pag. 77: los viajes enseñan (entre otras cosas) que las palabras son como extrañas a las cosas que nombran... 

- pag. 80: ¿el viaje? acaso hay que venir a celebrar en el lugar mismo ver marcar inscribir 

- pag. 82: y aún más -para poder hablar hay que perder la palabra- lo que se produce en el simple viaje... 

- pag. 90: ...una respuesta - mañana partimos a recorrer américa 

- pag. 92: para respondernos mañana partimos... 

- pag. 96: para palpar el presente de lo leve es que mañana partimos a lo largo y ancho de américa... 

- pag. 99: mañana partimos a tierras de climas extremos en su estación extrema al cabo de hornos para desde allá comenzar a recorrer américa... 

- pag. 102: por eso mañana partimos a recorrer américa e ir junto a ella sin interrumpirla cuando nos diga sus encargos... 

- pag. 106: para deshacernos y deshacer este equivoco es que mañana partimos a recorrer américa... 

- pag. 111: para librarnos y librar al presente de toda sospecha de impostura mañana comenzaremos a recorrer américa... por eso mañana partimos... 

- pag. 116: por eso mañana partimos a recorrer américa en camioneta... 

- pag. 120: y para llevar a cabo este mirar mañana partimos a recorrer américa... 

- pag. 124: y este lenguaje de lo múltiple debe hablar en américa él nos lleva a que mañana emprendamos el comienzo de un viaje que atraviese sus tierras... 

Luego desde la página 134 a la 153 están citados los cronistas españoles que vinieron por primera vez y sus crónicas son relatos de viaje. En la página 169 están los mapas y la palabra orientarse, el sentido poético de nuestra orientación. En la página 186 y 187 están los mapas con la ruta de viaje de la primera travesía. En la 189 dice y acaba “el camino no es el camino”. 

Ahora quisiera recoger dos palabras mencionadas la clase pasada y que nosotros reunimos en una sola en aquella lista, las palabras “regresar” y “llegar” las unimos en la palabra VOLVER. Pues bien, en la página 184 de amereida, justo cuando el poema va a terminar hay un párrafo que dice: 

Resulta que todas las partidas habladas en el poema culminan con una sola, la más importante. Al final se parte para llegar, para volver. Y el poema indica la clave para comprender un poco más profundamente el asunto cuando dice que en esta acción intermitente de ir y volver se construye “lo permanente” de una ciudad. Voy dar un ejemplo. 

Hay una instancia en que una partida queda frustrada; una situación extraordinaria por la cual aquel que partió de viaje puede quedar impedido, incompleto, interrumpido. Hay un viajero cuyo viaje queda suspendido ad eternum y su alma permanece en vilo atrapada entre los fantasmas del tiempo. Estoy hablando del naufragio. Un náufrago vive en una contradicción del tiempo porque no tiene presente. Todo su mundo se basa en el pasado y en el futuro. Sobrevive entre sus recuerdos y la esperanza de ser rescatado. Vive así en una emergencia constante e insostenible, en un mundo que no le pertenece y que no puede recibirlo. Vive sin orientación, irremediablemente perdido y completamente sojuzgado por las circunstancias del fatal destino. Un náufrago no puede construir nada permanente porque no puede volver. Esa es la parte del viaje que le ha sido negada y es por esa negación que no consuma su viaje y así tampoco se presenta la verdadera realidad. La construcción de lo permanente que se da por el volver es también la construcción de lo trascendente. 

(Recuerdo a propósito de estas palabras una cita que hiciera hace algunos años en este mismo Taller y que la semana pasada tratamos en el curso de Presentación al Diseño del primer año. Hablábamos de la sociedad que elaboraron algunos piratas del Caribe: La cofradía de los hermanos de la Costa en la isla La Tortuga: 1999 Clase 01)

Pensemos entonces que el peligro sublime de un náufrago no es la soledad sino la melancolía; la enfermedad de bajo continuo de la desaparición y la distancia; la enfermedad que atrapa al espíritu para tumbarlo sobre su propia desaparición. Sólo la fe puede vencer a la melancolía, pero ¿una fe poética que nos alimente en travesía? ¿Nos afecta la melancolía y el naufragio en nuestras travesías? Aunque parezca exagerada la pregunta, pero hay aquí presentes algunos de los que fuimos a Puerto Raúl Marín Balmaceda en 1990 y pueden dar testimonio de esto. Seguro que en otras ocasiones también ha surgido el fantasma melancólico del que hablo. La fe de un náufrago ha de ser aquella iluminación por la cual su más íntimo fuero más que resignarse, resucita para el mundo. Es decir, vuelve al mundo, a habitarlo, a vivir sobre la realidad y a construir algo permanente. Ha realizado el ejercicio de llegar y decir este sí es el mundo, que es lo mismo que volver (volver a la vida, al mundo y a sí mismo). Lo realmente hermoso, a pesar de lo dramático y penoso que pueda resultar, es que sólo entonces, sólo una vez que se decide estar de regreso en el mundo se sobrevive (pienso en Shackleton y sus hombres, o en los uruguayos de los andes, etc.). Y más aun: sólo entonces es posible pensar en partir. 



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