2003 trimestre 2 clase 1

El Viaje / La Partida

24 de Junio de 2003. 


En este período quisiéramos comenzar a aproximarnos a la Travesía, que acaso sea la experiencia más radical de cuantas se acometen en esta escuela. Manuel y yo vamos a hacer este acercamiento desde los campos de la poesía, por lo que escogimos una palabra a la que interrogaremos durante todo el trimestre. Es la palabra VIAJE. 

Existen muchas clases de viajes, quizá tantos como seres existan cogidos por sus impulsos complejos y extensos. Impulsos derivados de los anhelos, los instintos o las pasiones. Propongo entonces una primera pregunta: ¿qué es, esencialmente, un viaje? ¿hay uno o más elementos que, sin excepción, sean comunes a todos y cada uno de los viajes habidos y por haber? 

el taller responde:

- el azar o expectativa 
- la partida 
- el regreso 
- el destino o meta 
- la memoria 
- el traslado 
- el desconocido 
- las motivaciones 

Antes de escoger alguna de estas cosas que ustedes han dicho quisiera sacar de la lista la meta o destino porque pareciera que sí hay viajes que se cumplen sin la necesidad obligatoria de alcanzar el destino trazado, aunque la llegada, el llegar, sí está en la esencia profunda de los viajes, aunque íntimamente relacionada con la palabra volver. Sobre este punto abundaremos en otra ocasión. Ahora escojo un verbo de la lista: Para viajar hay que partir. Inexorablemente partir. Para viajar basta el sencillo y aparentemente inocente partir. Pero esto es mucho más que comenzar o empezar a caminar o ponerse en marcha o “ir hacia”. Es aún más sencillo; partir significa dividir una cosa en dos o más partes. Pero quisiera tomar esta división no como un hecho que produce fronteras o límites, sino precisamente lo contrario: partir es una división como son las de los puentes, que comunican y reúnen dos orillas distantes y lejanas. Leemos la división como una abertura, como abrir con una escisión desgarradora que asienta y muestra una realidad nueva. Nosotros decimos en castellano que partir es “abrir un fruto”, por eso se parece al puente. Porque abrir un fruto es una acción amorosa, erótica. Como un beso que reúne y convierte, a través de las bocas, a dos personas en un solo ser de una vez y para siempre. 

Aquello que se divide en dos o más partes es el tiempo. Un hombre o una mujer que han viajado devienen en personas enriquecidas con elementos nuevos de todo orden, con un tiempo repleto de distingos insólitos y vastos. Por eso decimos de alguien que ha viajado “se le abrió el mundo”. En el fondo podemos decir que el tiempo - al partir- se “compone” con otra configuración. En castellano son semejantes partir y partitura. Se trata entonces realmente de una composición; en un caso es la forma de la música y en el otro es la forma del tiempo. Una forma que se relanza, se reordena y se revive. Una vez que el tiempo ha sido abierto, los horizontes del desconocido asoman consonando como la canción imposible que nos encanta y nos convierte, como el canto de las partidas que nos conmueve y nos impulsa. Amereida es un canto de viajes, un canto de partidas. 

partir es “abrir un fruto”

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