Treceava Carta al Taller de Amereida.
Carta de travesía, Caleta Tortel, Aysén.
Segunda parte
Estimado Manuel.
Como no es posible escribir todo el tiempo sobre cuestiones realmente notables, vaya esta carta en pos de ciertas simplezas que nos pudiesen interesar. Como es costumbre, pretendo apenas dejar una pregunta que ronde a algunos campos de los que nos sostienen.
Es cierto y verdadero que existe una diferencia entre hacer una obra de travesía y hacer una obra normal en la ciudad o en cualquier otro lugar. Me refiero a esto porque me parece que es esa tal diferencia la que no sólo va a determinar el carácter íntimo y propio de tal o cual obra sino que además va a concedernos un modo de estar con cuerpo y con alma, va a dejarnos un modo de ser.
Es posible que existan muchísimas y muy variadas diferencias entre hacer una obra acá y otra en nuestro mundo cotidiano, pero la principal es precisamente ésta: no estamos en nuestro mundo cotidiano. ¿El venir en un grupo heterogéneo, que no se compone necesariamente por amigos, es lo que nos diferencia? ¿Acaso sea el dormir o bañarnos o comer en una comodidad distinta? Acaso sea que somos un grupo que persigue afanoso una empresa común, que incluso somos un cuerpo común en pos de una misma cosa. Acaso lo distinto sea que la sola reunión cuidada de toda la actividad diaria nos coloca en fiesta, todo el tiempo en el borde de la risa, constantes en la alegría, conociéndonos unos a otros a una velocidad y en una profundidad inusuales. Acaso sea que el tiempo se torna disponible y apto para el buen encuentro con la gente, con el aprendizaje, con el lugar. Acaso lo extraordinario sea que la sola juventud reinventada se manifiesta en plenitud anulando al cansancio y despertando cada vez un nuevo asunto siempre imperdible que hay que aprovechar. Tal vez lo diferente sea la producción de una alegría nueva y desconocida que como luz vitalizante recorre la sangre hasta hinchar los corazones.
Todo esto puede sumarse como preguntas para jugarlas – con alguna figura - como factores en la ecuación que arroja como total el regalo de una travesía. Factores reales y ciertos que efectivamente actúan sobre los días y bajo las noches, que abren este nuevo mundo para colocarnos fuera de la mascarada ante la verdadera fiesta.
Es alcanzado todo esto cuando debía aparecerse otro factor, más bien una condición peculiar que en calma transforma y transfigura a todo lo demás. Porque todas las anteriores, unas más y otras menos, son posibles y pensables y de hecho sí surgen y aparecen en diversas ocasiones ocurridas en nuestro mundo cotidiano. Suceden, por ejemplo, en casi todos los buenos viajes que hacemos junto a otros por negocios, por vacaciones, para conocer y ver mundo, etc. La otra condición de que hablo es un tamiz que filtra lo ordinario para dejar acumulado sólo la novedad. Es el velo misterioso y acaso terrible que oculta como secreto lo que tantas veces hemos intentado conversar para reconocerlo, aquello que de suyo es apenas mencionable y que no se deja establecer como una acción, ni siquiera como un lógico y vago recuerdo. Hablo del jardín ulterior de la memoria, que todos tenemos pero que nadie en verdad conoce.
Es necesario desprenderse aún más allá de lo puro elemental, hay que perderse en pos de los propios pasos, hay que extraviar incluso el sano nombre. hay que ser otro, a mitad de la fiesta, desconocido. Sólo en esa incertidumbre maravillosa y oscura es posible partir hacia las revelaciones de la belleza. Hay que despojarse d todo cuanto es la suerte, del conocimiento aprendido. Existe aquí la latitud cero de la impropiedad. entre dar y dejar que me quiten, dejo que me quiten. En este extremo de la donación es donde el presente va a comparecer como rumbo, como destino y origen que nos sitúe de una vez y para siempre desnudos y libres para amar a América. Para que sea sólo el amor el vínculo precioso que nos regale su advertencia y su dolor.
La travesía exige, para ser real en un campo principal, que nosotros vayamos en ella atentos a esta condición de desapegos aún sumidos en su ignorancia y desprevenidos, a pesar de los esfuerzos, ante sus aparecimientos.
Salud.
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