1999 Clase 12

Duodécima Carta al Taller de Amereida. 


Estimados. 

Al mando de la campaña que ha de vencer a Toussaint para establecer el señorío de Francia sobre Haití viene el general Leclerc, que además de ser un notable militar europeo está casado con Paulina Bonaparte, la hermana del emperador, quien navega junto a su marido hacia el caribe soñando con un reino americano. Viene con ellos también Jerónimo, el hermano menor de Napoleón, quien además ha enviado a los hijos de Toussaint como señal de buena voluntad y signo de amistad. Los manuscritos, de puño y letra del emperador, que traía Leclerc con instrucciones secretas aún se conservan en el Archivo de París. Primero; hacer al negro las más amables promesas y confirmar las jerarquías militares y políticas de todos los haitianos. Segundo; perseguir a muerte a todos los rebeldes que no se acojan a estos términos. Tercero; embarcar a Francia a Toussaint, a Dessalines y a todo el estado mayor. 

Sin embargo el antiguo esclavo que era lacayo sabe como tratar a los europeos. Mientras recibe cartas desde Francia alabándolo y celebrando su constitución, compra armas por todas las vecindades y se prepara para una siguiente guerra que ve aproximarse sin remedio. Llega la expedición gigantesca; Leclerc desembarca en múltiples puntos de la isla y en todas partes se encuentra con que los gobernadores respectivos tratan a sus delegados con extremas atenciones pero se excusan de aceptar términos ningunos hasta no recibir instrucciones de Toussaint. Piden algunos días de espera siempre adulando como sólo sabe hacerlo quien ha sido esclavo o siervo. Leclerc ordena a sus adelantados actuar sin dilaciones pero cuando éstos - y él mismo - entran por la fuerza en las ciudades sólo encuentran cenizas y humos con todos los habitantes repartidos por el monte. 

Leclerc es un profesional y se precipita la guerra estrechando el cerco sobre Toussaint. Los rebeldes se defienden heroicamente en la selva hasta que se encuentran seriamente rodeados. Entonces fingen un ataque concentrado sobre un punto, los franceses corren a defenderlo y los negros huyen en brillante retirada por donde ha quedado más débil. Las jornadas se extienden, los meses se acumulan y las tropas de Napoleón comienzan a comprender que esta no es una guerra europea, que de nada sirven las modernas armas ni impresionan los reluciente uniformes, ni resultan las estrategias estudiadas para campos de batalla suavizados por la campiña y apenas interrumpidos por la mansedumbre de algunos ríos. El monte y la fiebre amarilla son enemigos desconocidos y atroces. Leclerc pide con urgencia más tropas mientras logra establecer contacto epistolar con Toussaint. Le envía una carta en la que el propio Napoleón ofrece sus más sinceros respetos y unas excelentes y productivas amistades. El negro responde mandándolo al diablo a él y a todo su ejército portador de tan buenas intenciones. Leclerc opta entonces por la única estrategia que mejor saben usar los imperios para sostenerse a cualquier costo: la traición. Comienza a negociar por separado con los generales de Toussaint prometiéndoles increíbles condiciones para establecer la ansiada paz, la que traiga finalmente una prosperidad para todos los hermanos e hijos de la gloria de Francia. Los generales se van entregando hasta que Toussaint no manda ya sobre su estado mayor; debe acabar la guerra. Ese es un día recordado en el caribe. El pueblo sale a vitorearlo por las calles, las campanas redoblan sus saludos, los soldados fieros lloran. Se organizan banquetes y desfiles para agasajar al negro que va a entrevistarse con Leclerc para establecer la paz. 

La única condición que Toussaint determina es su propio retiro de la vida pública; desea volver al campo con su mujer y sus hijos. Los años de guerras cabalgando incansablemente han hecho sus trabajos demoledores sobre el cuerpo del libertador. Leclerc acepta encantado; eso le da tiempo de tender su última trampa. 

Se organizan unas conferencias casi enteramente civiles para parlamentar sobre diversos asuntos concernientes a los destinos del pueblo de Haití. Lo invitan cariñosamente como a un padre sabio para que opine y aporte lo que sabe y Toussaint no puede negarse. El general Brunet va a buscarlo a su casa con una comitiva, se vienen juntos hasta llegar a la casa de la conferencia y entran conversando cordialmente a un salón vacío. Brunet se excusa por un instante saliendo a una oficina contigua. Por todas las puertas entran los soldados, lo arrestan y lo envían encadenado a Francia. Napoleón ha preparado el castillo más seguro de Europa como prisión, donde Toussaint va morir en menos de un año debido a las atenciones de sus carceleros. 

Atrapado por traición muere un hombre que venció a España, a Francia, a Inglaterra y a Napoleón. 60.000 hombres murieron por el lado francés, 150.000 por los isleños. Un hombre único en la historia de los hombres; historia que cuenta con sólo cuatro rebeliones notables de esclavos. Tres de ellas surgieron contra el imperio romano, incluyendo la del famoso Espartaco, y sucedieron condensadas en 70 años, entre el 140 y el 70 antes de nuestra era. Las tres fueron sangrientamente aplastadas y en breve tiempo. La de los negros de Toussaint es la única que no sólo tuvo éxito en liberar a los esclavos, sino que además significó la vergüenza de las más poderosas naciones e imperios de la época, significó un ejemplo nítido y rotundo para los sueños de la independencia, una señal de libertad para otros hombres como De Miranda o Bolívar. Toussaint demostró que esos grandes imperios y sus ejércitos no eran invencibles y que la naturaleza ayuda a los naturales sobre todo en América. Demostró que la esclavitud es una institución completamente inhumana y que todos los hombres merecen la libertad. 

Pero por sobre todas las cosas creó e inventó la posibilidad de pensar una nación, un pueblo, gentes y raza que miren en lo propio para constituirse en un presente; la posibilidad de establecer un rumbo propio y original liberado de las huellas hondas y sangrientas que marcan los imperios sobre el resto del mundo. Toussaint L’Overture fue el primero en presentar una América nueva, latina y sola, virgen y disponible. El origen de esta posibilidad sí nació en el caribe; en una isla que, como todas, es siempre reflejo de su mar, y desde allí es que se regó por el resto del continente. 



Salud. 




martesveintiunodeseptiembredemilnovecientosnoventainueve. 



Sign in  |  Recent Site Activity  |  Terms  |  Report Abuse  |  Print page  |  Powered by Google Sites