Undécima Carta al Taller de Amereida.
Estimados.
En mi carta anterior dejamos a la Convención de ciudadanos de Francia aboliendo la esclavitud. Este acontecimiento provoca que Toussaint luche ahora bajo los colores de la bandera de la república francesa abandonando el alero de Carlos IV de España. El negro tiene tacto y olfato diplomáticos; consigue que los comisionados franceses enviados desde Europa por el gobierno sean elegidos representantes de la isla y los devuelve hacia la Asamblea en París quedando él solo para gobernar, solo para derrotar a los ingleses que se hacen con plazas y poblados en varios puntos de la isla mientras ofrecen ayuda, condonación de deudas, restituciones y otras regalías a los colonos blancos que presten obediencia a Gran Bretaña. Lo propio hace el gobernador de Santo Domingo para obtener nuevos súbditos para Carlos IV. Pero entre Toussaint y la fiebre amarilla, Inglaterra va a sufrir una derrota que no tiene parecido en toda su historia militar y naval hasta la primera guerra mundial. Una derrota que va a ocultarse por más de cien años por historiadores y gobernantes; 80.000 ingleses mueren sólo en 1796 en la campaña de Haití. Finalmente el general Mitland ha de firmar la capitulación no sin antes formar a su ejército con uniformes de desfile para que un cochero negro le pase revista. Luego cenan con servicios de plata y se celebra el tratado; enseguida los ingleses le tientan al negro para que se erija como Rey del lugar bajo protección británica. Toussaint rehusa con firmeza pero sin violencia.
En Francia se levanta la reacción; hay discursos y proclamas que dan al negro como un rebelde usurpador, casi un bandido que ha robado haciendas, tierras, dinero y que celebra tratados por cuenta propia irrespetando a la autoridad central. Envían al general Hédoville, uno de los más distinguidos y hábiles de toda la república, con el mandato de usar primero la maña y la diplomacia y luego la fuerza para doblegar al negro. Pero Toussaint es más hábil aún; busca pretextos y excusas para no reunirse con el general, se escabulle y espera. Hédoville finalmente se equivoca, no conoce las costumbres del país y reemplaza a uno de los generales negros por uno francés. Se levanta el alboroto y el tumulto; Toussaint ataca y al francés no le queda otra que huir con lo puesto de regreso a Francia.
Luego viene la guerra contra los mulatos. Antes de huir, Hedouville ha dejado plenos poderes a Rigaud, un general mulato adversario de Toussaint. La guerra es implacable y extremadamente violenta, pero finalmente los negros vencen. Es entonces el turno de los españoles, que mantienen un mercado de esclavos en Santo Domingo y que se niegan a cerrarlo ante las exigencias de Toussaint. Esta vez la victoria es fácil porque España no mantiene un gran contingente en la ciudad. Toussaint gobierna ahora toda la isla. Comienza la reconstrucción después de 10 años de guerras que han sembrado muchas cenizas y brazos de devastación entre las victorias y liberaciones. Se incluye el trabajo de un grupo que ha de redactar una constitución; sólo los blancos saben leer y son hombres ilustrados. Toussaint los invita y llegan desde todo el caribe gustosos de participar en la justa. Florece la libertad y el libre pensamiento bajo los estandartes del negro que se pasea por ciudades y campos con su guardia de 1.500 jinetes.
Hasta que aparece Napoleón. No es detalle menor mencionar a Josefina, porque es protagonista junto al emperador y genio militar de una buena parte de la historia del mundo occidental. Ella enviuda, a los 16 años, con dos hijos. Hasta ese momento sólo ha conocido el sol abrazador y perfecto del caribe. Ha nacido, crecido y se ha criado en las Antillas, mimada por esclavas negras, bebiendo leche al pie de las vacas con carne de coco y yuca. Napoleón no quiere a los negros, no son más dignos que un animal, como un buen y fiel perro. Que vivan bien y sin que se cometan demasiadas atrocidades en su contra es una cosa, pero de ahí a que manden es asunto diferente. Al general Dumas, padre del autor del inmortal “Los Tres Mosqueteros”, lo releva de su comando por el sólo hecho de ser hijo de una negra de Haití. Envía comisionados a la isla con órdenes de inscribir proclamas y de no hacer la guerra contra los españoles que ahora no están en guerra contra él. Toussaint no inscribe las proclamas, hace la guerra venciendo a los españoles para dominar toda la isla y encima devuelve a los comisionados con una copia de su nueva y flamante constitución. El emperador monta en cólera. Se organiza la más grande campaña militar que Napoleón haya emprendido jamás. Las tropas llegan desde Egipto, Italia, Alemania, además sus aliados España y Holanda aportan su contingente. 10.000 hombres al mando del general Leclerc, cuñado de Napoleón, zarpan hacia el caribe. Mientras tanto los hijos de Toussaint, que habían sido enviados a Francia para su educación, son retenidos en los palacios imperiales al cuidado de Josefina. Ellos son la carta que Francia prepara contra el más grande héroe que el mar caribe haya conocido.
Salud.
martesietedeseptiembredemilnovecientosnoventainueve.