XIV Toda advertencia se desprendió del aire mudo y lentamente la isla primada se fue consumiendo en el circuito purificado de mi ronda. Era la severa hora del centro final del instinto. Como el vientre de las estaciones en la atmósfera, la figura de Cuba se tiende en el coro del Caribe. Los mapas la tienen enclavada como un escondite secreto que perturba a los imperios; todas sus certezas se denuncian como una trampa y sus maduraciones son acuchilladas en el rodeo de sus costas. No tiene más uniones que sus propios cielos nocturnos y no goza más que en su ingenio. XV He aquí una isla que ha creado los ejes de la historia, lo mismo en el interior de sus selvas extinguidas que en el borde caliente de sus mares desiertos. Aquí tardó la llegada de la guerra y se adelantaron todos los exterminios, esta es la última barrera para el salto del poder y la primera cuna de los nuevos continentes, aquí se partió el mundo cuando creímos que se unificaba y se separaron las lenguas durante la codicia y las revoluciones. Esta isla está cuidada por el pasado y sus regalos y dones no abundan como destino. En sus ciudades se repartió la gloria y se enterró la infamia, se abrieron las puertas al pasar de huracanes y se autodestruyó la tristeza. Porque nunca un castigo puede convertirse en raza. Entonces la piel embistió un asalto furioso a los colores y sobrevino la música, la pintura, la fiesta inacabable: húmeda y ancestral. También el cambio permanece sin gobierno disfrutando sus calores; un verano eterno ha dominado a la conquista y esparce tiempos perdidos. Todos los secretos del origen, aquellos más sublimes, están reposando un sueño difícil en esta figura verde y negra y roja. El mar ha sido olvidado. Esto ya no es hoy una isla sino un hueco rodeado por el vacío, cualquier intento del oído se incumple y se extravía a pesar del castellano. Pero sé que hay verso y leyenda aún más fuerte que el orgullo, sé que aquella línea divisoria es también puente cuando se la transita en un silencio que no alerte al poderoso. Sé que hay un beso radical con el que se despierta a los cuentos disipando la injusticia del embrujo y a la tormenta de las maldiciones. Entonces comienza el horizonte a venir; el tiempo se resuelve sin la marca pétrea de todo calendario y los puertos se pueblan de rumbos y derroteros. Entonces este mar recobra a la más bella de sus perlas como una fruta que no reclama tesoros, la cinta blanca se engasta en las cabezas femeninas y las aves prestan su residencia. Pido un cielo que por gris sea el alma de las nubes para cuidar que el sol no nos reviente de un trazo; que la pobreza continúe alumbrando noches oscuras para que la miseria no arrase ni las casas ni las calles; que los niños en cueros sigan jugando con tambores para que el dinero no corrompa el ritmo de sus pasos. He de hallar, en todo caso, algo más que oraciones. Algo que guarde en eternidad la belleza de estas visiones; que venga a cobrar también como regalo y que limpie incomprensiones. Algo como un continente que se cursa a sí mismo hacia el universo, un continente que sabe a destino, pero que en las bocas se hace lengua propia y beso puro. Para reirnos y reirnos siempre. Un continente que de abierto se inunde con sus mares; que los haga hogar enviando y trayendo a sus gentes desde dentro y cantando; que los navegue por muertos y resucitados; que los domine entregado en el juego. Un continente que, como una aventura, se cuente sin fin en todo lugar. Cuba es la partida de ese continente. Y de sus mares. Has podido dividirte llamando tus frentes: oriente y occidente. He aquí una fortuna nominal que revela tu suerte. Y en cada extremo se adentraron las huestes de toda índole inflingiéndose crueles penurias y peste. Venían alzadas en estandartes, en perros gigantes. Y desnudas. Los amos de la guerra y los señores de la carne; sanguinarios, inocentes. Humillaron la entrada de los montes para que los cañones vigilaran la costa, sin embargo el sitio de tus mares siempre acabó en ríos de muerte. Las comarcas conservan todos los nombres para el advenimiento de la gloria mientras los cuerpos se derrumban olvidados bajo el verde de las hierbas en el campo. Todas tus riquezas recorrieron el mundo para extraviarse, para seducir nuevos arribos, para completar el circuito infeliz de la culpa. Todos tus hombres salieron alguna vez de la entraña bastarda que reposa antes de parir ilusiones, todas tus mujeres admitieron violencia en pos de la vida. Murieron y murieron tus hijos; los nuevos, los celestes y los verdaderos. Se abalanzaban con tambores, lanzas y aparejos sobre la piedra, la empalizada y la paja, se hacían de gritos con la espada, la cruz y la venganza sobre la comida, el oro y la pobreza. También crearon la luz sobre el destino humano de todas las razas. Nadie sabe quiénes eran, pero sus huellas inmortales se padecen en las venas y brillan en los ojos. |