con la Musa / con la Mujer
“así como la mano
que sube al labio la palabra(¿el río?)
hay aún música muda dentro del Tiempo.
“Acuérdate de ella, hijo mío”- repetía la voz
desde antes
de antes indicada”
Godofredo Iommi M.
Conversaciones con la Musa
Como la dificultad prendida
ocasional siempre durante
todo intento
la figura de tu salto
a la cruz de mi sombra
el filo hondo de tu labio
al roce implacable
y traidor
pero ya la confusión fue probada
y musa por mujer
destruye
la maravilla radiante
en el borde errante
del peligro
solos palpando una realidad toda ausente
castigada por el anhelo
contrayendo inminencia
el aroma trágico
del velo
sin cuidados sin arrepentimiento
la lanza exquisita
que rasga al nudo de la carne
el robo de la súplica
lo posible anulado
como cuando el viento atraviesa los bosques
moviendo el ritmo y danzando
sin rozar los ramajes
tuvimos una caricia
privada de su cuerpo
ha venido el temblor del rasgo
el pudor de la risa
la suerte de la música
y sobre el sitio cual otro tiempo
también aquel resplandor vacío
de un gesto cargado con lo imposible
Una sonrisa cubrió el afán de oír
lo prohibido del hablar entre musas
pero
la referencia secreta
al fuego vivo
marcando mi frente
la tuve
anticipada
en el ristre del ojo
y ninguna palabra se atrevería
a aparecerla
antes de tiempo
salvo el desvío traidor
residente en la piel
y ni el soborno
cumplido
como el beso primero
de las madres
arrastra al deber
contra el instinto
El control de tu presencia
sobre el espanto
fue atado al centro anterior
incurrí en oír una figura celeste
elevando los tonos terrenos
de la plegaria
y un reino propio
como el único previo
que no rinde contingencia
salido
hacia tus manos
limpias de prevención
quedó estacionado
en el temple
del augurio
Hasta ir en el abrazado tumulto
germinado por un viento íntimo
de tu cuerpo oscuro
ahí
gran fantasma
si tu máscara ha rodado
en la lágrima retenida
por la edad de la mirada
he visto el cruel fondo
cuyo gesto cursa
la derrota
crecer al sobrepaso
en la sangre perdida
antes de antes
entre aquel río
y la piedad de todo inicio
hacia la pobreza
cuando el espesor que nos cultiva
detesta la sólida realidad de su existencia
Una espera ciega
si conduce redenciones
hay un candor restringido
por
la cautela del asomo
a la pareja
acaso con fácil toque
perdimos
pero el trance
sin gobierno
cautiva
la respuesta indeseada
qué medir
hasta el atrasado rubor
desde los gritos cortos
que despedazan el tramo a la cruza
entonces la estrella
antepone con miedo su estigma
y la palabra vuelve
al silencio de su origen
El baile
que reconoce otro encuentro
más
y sin embargo no caben tus pies
dentro de mi sombra
pretende la historia
conseguir hacia adelante partidas
a merced de los cuentos
éstos
el ramo
atenuado en las ígneas arboledas
de tu cabeza
cinto de reina
si el trono se otorga
a cambio del elogio
resguarda soberana
la labor irreconocible
del canto
sobre el abrigo de tus delicias
que la aventura
nueva
recién comienza
alcanza el porte de cuanto queda
reservado por latencias duras
en el sin fin de tu gracia
como la subida imperecedera
del estío
hasta el bello olvido
que sí sucede mientras invita
sucumbe -por piedad-
en la oscuridad enferma
de la melancolía
que la tiniebla aún abre
anchuras y cauces
sobre mi sangre
mas cuál detalle innumerable
desciende también bajo tu manto
hasta el desliz apenas
de la memoria
ella te salva
incluso
el nombre
Actuar como la brisa
posada en la abundancia
con el gigante
marcado
en nosotros y ambos corriendo
sobre el campo
por la libertad interna
precisados en el borde de luz
que sobrevive
al horizonte terminal de la tarde
como el ave cruda
que interviene con matrimonio
el hueco de los anillos
con salud
el coro de los vasos
con eternidad
la ronda de los amantes
actuar como los héroes
desde el fondo de la carencia
para la seña santa
el ángel concede
impropia
que abre el tiempo de la casa
al abandono
de nuestro firmamento
La dimensión hallada
junto al plácido respiro
de tu suerte
cuando el sol parte una ola
con el filo de la orilla
vuelve el trauma
corregido de los bordes
a las manos
mirarnos con mansedumbre
el sueño perfecto
el alud de ángeles
la ocasión del caos
desnudos
ante el pueblo de las mesas
El duelo
ferozmente arrullado
en el arco del fruto
contigua en lid
por la familia
atrás de tu riesgo
atiende el ofrecimiento
ubicado
en la boca
porque es cierto
hay una violenta dulzura
disponible
en la tristeza
y la transparencia
sin medida
de tu distancia
hundida
en la cuerda profunda
de una canción
ama el salto furioso
atrevido a la gloria
Tempranos en la preparación
salvados
la ventana sin motivos
también conduce rayos
cualquier esquina extraviada
seduce azares
rostro vecino
el que ha muerto
la impresión del accidente
siempre se entregan
a la altura inminente
de una novedad
pero la certeza febril
de otra cosa que la posibilidad
induce al habla
y la noche del juego
acaece la sola melodía
un giro al baile
de tu misión
que me pertenece
por el coraje
Todo el mundo soñado
irrumpe en las estacas
cual tierra solemne
que la sinuosa maravilla
pegada en despojos
- despierta -
dices
como la orden
radical
y esa raíz
estocada en el vientre seguro
acaba
pierde una mañana
entre tus soledades
y ven
Toda tu desierta influencia
dispersa y erótica
en los alcances felices
de la voluptuosidad femenina
apunta las llagas infantes
hasta descolgar sin salida
los huesos usados
por el misterio
un temblor
sin fenómeno
arraiga esta voluntad
y la aniquila
una duda
con ignorancia
aprecia honores primeros
y perdona
si ésta la paradoja
desprecia otras promesas
y entra
te aguardaremos
La variante inusitada
entrando al preámbulo
la clase por dominio
modera desenlaces
al tanto
de una vez
a todas
tu imborrable
esta campanada
zimbrando el eco
en los escudos obrados
por el nacimiento
revierte la experiencia crecida
en la maldad de los ejemplos
toma un blanco
al mar
mientras el vigía contempla
la bondad de su apoyo
esta campanada
es el gusto
El largo ceñido
la historia
conserva la signatura
sobre el uso
la convención
herramienta de convivencia
para las generaciones
los transcursos se extienden
como continuación
y belleza
pero la lengua
al ancho de la existencia
invento de heredad
el matiz sensual
de los signos
y un pueblo
original
deviene antes
ya no por la hermosura
si tampoco la forma
ninguna materia
apenas
la pausa en paz
acusada en tus ojos
por la Gentileza
La fase estacionada
el deslumbre de su ensayo
y la luz rodante
que la luna escurre y fascina
para erigir las grietas
que cantan la cifra irregular
de la roca
única metida
a la lucha
si haga los desvelos
al fondo
de la fianza
tu has de llevar
y llevar
la caridad que nos urge
salve el lícito desdén
que no sobran golpes
ni estruendos de un cuerpo
y la angustia
porque se otorga la falta
en el desacomodado estar
y entonces la carencia
que muda toda zozobra
en inicio
extremo de la fórmula
que la máscara del desconocido
calza en la verdadera ley
de tu parecido
La formación preciosa
de tu indiferencia atenta
predilecta al trato
en un hombre
el aire de los jardines
servido al peso de ráfagas
presenta la última promesa
otro fin
más allá de la muerte
arrulla este reposo
la ignorancia bendita
que ella engrandece
el común umbral
de los juegos
el enfermo orden
tu vínculo
para atarnos al mundo
nada nos deja en la voz
para el día
sólo los hijos
tendrán qué usar
de sus almas
Hay un ángulo en el tiempo
que otro placer dona
a la templanza
y acaso virtudes
descienden al fuego
cada vez
el ademán del trabajo
pierda la figura de su ruido
y hacerse de tu gente
el gesto
Levántate oh musa
y desde esas crudas cenizas
intercede ante la vida
por nosotros
canta, canta
- me decías -
ah por tu muerte
entre mi andada
unas aves
el vuelo redentor de tus regalos
las vestiduras al lujo de tu engaño
y santa la hora
de tu retiro
pero en la sombra de la causa
cruje el seguimiento
de lo anterior
la verdad se hunde digna
más atrás de lo importante
entonces
sea éste el último
y el llanto nos consuele
dejando sangre fuerte
en las heridas
todos te hemos divisado
la corrida
y nos incumbe
los pecados tampoco te cambian
aquella fuente
con los nombres
levantada en una noche
cual la vida
que recoges por la fe
cuando la certeza exacta
limita
ya nada hemos guardado
entre tesoros
lo Celeste es la espesura
que consiente la paradoja
y nuestro Tiempo se instaura
sobre la Tierra
Conversaciones con la Mujer
a quedar
sin la prueba
de salto
en salto
que trajo textual
otro signo del misterio
a los órganos del cuerpo
si uno a uno
tal crecida extensión
en la lágrima feliz
tu intento de fuego
bajo toda tormenta
no creímos en la venganza
una cara de paz
hacia los extravíos
después de la lluvia de propuesta
los tuyos emocionantes
al fondo del perdón
hay una mirada
entre hombre y mujer
hay una mirada
el ajuste tomado del frío
contra tus brazos
una noche dormida
desde tan lejos
al fragmento
de esta distancia prístina
a una contenida de mareos
lo echado de menos
como si el tamaño naciera eficaz
en la ausencia
envío de trazos
por la carta de medios
cualesquiera
cede la entrega
su condición
esos divididos
arma la pinza a la horma
elemental de carne
sin concretos
dados
sobre el encuentro
que no entiende
vano el pórtico
sostenido en la costumbre
sólo la sorpresa silenciosa
de las flores que faltan
acuña una familia
tu equivalente reflejo
estampado sin colores
fabulosamente
nuestros íntimos litorales
que recibieron el paseo inicial
sin dar al encuentro
pero tu ribera retira el ánimo jugado
siempre hay alturas de glorias donde
fugaces
quien pierda el hogar de la fianza
si la más triste caída
sobre irreversibles
aquí la traición se paga
como el desierto del hielo
otro abandono que en destrucción simple
arrasa
tal vez la piedad redima
incluso las intenciones
si tan sólo salir
hasta donde el avance sufra pasos
que tu correspondencia al bien
robe esa coherente total
nuestro puente de cosas
rasante sobre el habla
y la mañana
reciente en el cruce
de tanta piel
muda
que a toda luz
nombra al tiempo
del día
haya esa independencia formal
de las partes sublimadas sin algo
en la junta
colaboramos sólo a la concepción
nos saluda
-dulcemente-
la visión que plena habita
después de la muerte
que tu frente rompa la cinta
después
de abierto tu regazo
valer todas las penas
entregadas en la primera audacia
de los símbolos necesarios
aquella posada ahora
donde la dormida transhumancia
de tus sueños palpables
alcanzó los giros breves y descuidados
del gesto gentil que junta al aire
para los amantes
en la virtud salvadora de la mañana
y despacio
que anulado el tiempo mensurable
paraliza el sabor seco de los labios
y el eco corto transido por el alma sin cobro
hasta unas niñeces planas
envuelven la frente arrugada en la marca
nocturna del movimiento invisible
hasta la mano alzada ante el feliz rincón lejano
suplicando retener la luz que lo detiene
sin cambio sobre la amplitud de una pausa
eterna
tu cuerpo sobre el calor furtivo
de las pieles que el pudor reserva en su contacto
y lo transmite en el desliz hondo
bajo el acuerdo de las sábanas
amanecidas ciegamente, como la nube
como la lluvia
Coincide la tumba con el espectro de una sombra tan lejana como el abrumador riesgo del fin, y aquellos soberanos destellos felices que cruzan la transformación inmediata de nuestras presencias voluptuosas siempre sobreviven . Una rauda tarde esa cabellera sostuvo con prestancia el perfume de su propio viento mientras la costumbre fiel subyugaba en calma la resistencia de las antiguas formas .
Que es cierto; la imagen, el espaciado hueco de la palabra retenido en el filo de nuestros labios para no establecer la referencia, para no decidir. El sol caído entre su cabeza, el frío amainaba, nosotros conversábamos extendidamente, pero si la risa podía crecer y crecer incluso hasta el cálido rubor de la palma alba de una mano . Quién accede, quién cuide el rigor de un blanco obsequiado, quién sepa el secreto anterior de las posibilidades y se entregue sin cuidado al estigma de las novedades . Quién sepa los rangos olvidados .
Nos rescatamos como un paseo para atravesar la plaza y sobre la escala de piedras una indecisión de oscuridad cautivó el esquema de mis observaciones para siempre . Como si de pronto el sentido fastuo de la hermandad me regalase un campo abierto donde extender la apreciación de los equívocos, donde soñar la perfección de las trampas, donde sufrir la maldad de los ejemplos .
Nunca se pudo aclarar tu repetición .
Bajamos hacia las bancas; un sitio de indiferencia o de fusiones cuyo aire siempre posa un turno que permite . Las piernas tan juntas como el congelamiento, los brazos alrededor de sus propios vínculos próximos y la mirada sobrepuesta con el oído de la noche . Siempre el espesor demuestra un margen del tiempo de la vida . Qué si ese silencio preparado supiera su término, si pudiese alcanzar en su figura la palabra que le concierne y que determina la ubicación siguiente . Sin embargo una muda estancia cuida con celo y con templanza su presente precisamente para que el velo seguro anuncie en secreto el pudor que lo eleva y lo consiente .
La contemplación nos conducía sobre nuestros cuerpos hacia saber que no quebraríamos la implícita promesa de preservarnos así detenidos hasta ese saber . La plaza vacía, sus prados mojándose con la invisible frescura del verde nocturno, el tránsito reducido a la inmutable marcha de los insectos, los recuerdos colectivos alojados en la faz de las esquinas solas, y su amor lanzado al príncipe de las distancias . Pero yo no buscaba su amor; entonces el entendimiento fecundo es la culpa de la distancia, y le distancia espesa es lo que provoca la insoportable pero justa brevedad de una complicidad incómoda pero necesaria que nos reúne libres en esa misma culpa .
Ambos presentimos cómo la noche nos iría olvidando al no conseguir unirnos más allá de sus alcances; porque el alba se reserva como la abolición de toda espera sólo en la mansedumbre posada sobre el fragor de los amantes . Y nosotros, allí sentados, casi entregados a la nostalgia que con abrumadoras estrellas nos presentaba la antigua y crucial figura de un tiempo que pudo sernos correspondiente . Cuál respuesta sirve entonces? Cuál importancia juega mejor que la verdad simple, inocua, inocente, para acceder a la realidad más incompleta de todas?, para establecer la entrada primera al tiempo que nos acoge dentro de su imprecisa pero certera estancia?.
Tiempo de los pocos, que bastaría el beso para indicar la aparición abrupta de un quiebre eterno sobre nuestras cabezas. Tiempo de los pocos, que bien nuestra fe ilimitada nos condenó bellamente la existencia con toda gentileza.
Sin pronunciar palabra alguna su cuerpo anticipó la salida. Ahí la lengua permanece atónita y el corazón asume el coraje que ama la inminencia. Porque mientras tus pasos lentos lanzaban hacia las sombras el porte de tu espalda y tu mano resignaba un gesto amable por despedida, la noche quiso reservar el tono ardiente de una soledad entera ofrecida en sacrificio al oído abandonado.
La plaza, abrazada por sus señores de encuentro y de residuo, no inmutó el ritmo de sus cuidados. El extremo del banco, apenas configurado en fantasmas, se presta y muestra la melancolía suave que adviene. Pero si mis ojos ya no penetraban el caso de otra aventura, la espera obtiene la abertura de su sentido extendida sobre el tacto.
Quien queda solo habitando un lugar de multitudes cambia crudamente su rostro y danza con el vacío, cuyo rostro consiste y se pronuncia. Así, establecida en el trono de un momento, la imaginación estima componentes, ordena todos los imposibles y pide al tiempo una manera; un espacio sin cancelaciones.
No había ya ciudades. La razón me envió el modelo perfecto del regreso a casa; pausado, profundo, lentamente alegre. Pero hay algo en el tiempo que la razón desconoce. La soberbia estela de su presencia invadía aún lo respirable. Ahí se comprenden los cuerpos y se avanza sobre la muerte, su idea, el principio. Siempre una cifra sostiene con vértigo su revelación en el filo de su acto y los hombres la reciben y la celebran con la espalda encargada. Entonces el atisbo furtivo de otros mundos que conforman la maravilla de éste, entrevista la condición final por cuyo destino uno conoce y es libre.
Ella jamás supo su deber. Acaso es piadoso usarnos una y otra vez para conseguir memoria. Ella no era la musa; incluso el hecho de acordar -entre nosotros- que podría llegar a serlo, borró de un trazo tardío pero inextinguible semejante posibilidad. Simplemente una mujer acabada en el propio reflejo de su forma cotidiana y dulce sobre el anhelo. Tampoco la madre de los hijos, ni la sangre de la sangre.
Mientras dejaba atrás los últimos vahos protectores de la plaza, retuve apenas una gracia; el canto de su suerte en el curso de los hombres. Ella, la entrada a algún desconocido. No recordaba ya su nombre.