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Reuniones

[año dosmildós]


Ante la cuidada herida de las solas voces abandonadas por el presente y destinante, al lugar. 




Sobran entre los vastos espesores transitados, sin asir desvíos, la histórica morada de la estaca (para que los muchos vayan en la cabeza con el corazón). Quien adecua el necesario desperdicio al favor atendido de la miseria íntima, vive ante el cruce perfecto rigiendo la mano en curso que la ruda soga de un golpe en el misterio. Sí, corrige el hambre. De las líneas felices para la abertura contra el derecho . 




Duerme, duerme así; mansamente en la amplitud de luces. Y la aventura. 




Se va -lento- pagando a la interna de acá, que al fondo nuevo de otros permitido -un momento- con dibujos negros. 

Si cuerpos tibios que se llega y se va y partes públicas de otro frente sin centro final. Llanos, expuestos quedaríamos a las relaciones prematuras del único planteamiento, entre los cuadros opacos la ronda recibe su tempestuosa hechura y estando al trabajo una crónica propia y conseguida de nuestro origen completa así la unicidad reservada del baile vacío, para que el ojo abarque su estadio y la edad recobre su última crisis. Aquellos mismos sentados sobre el silencio, los otros mismos atentos al oído que amasa pasmado los ecos deformes de la lenta marcha. 

Quizás diluirse -sin más- conduzca toda fuerza sobria, pero el primer paso siempre salva honroso a la demora y el tiempo de tiempos se plantea cada vez para toda la vida. 




Han retenido la cruel tardanza contra el tiempo del cuerpo. Los últimos ofrecimientos merecidos por la edad de los años dilucidan el tránsito de mañana. Aquí la rara justicia convoca la caridad no por los ángeles, no por la tranquilidad; porque mientras, queda musitado el deber real de cantar con alegrías de Gracia la última marcha de su voz . 




Han expuesto el solemne reposo fuera del silencio y la herida merecida cobra con dolor su sangre en la mirada primitiva de la familia más grande. ¿Cuándo la seña -la verdadera- liquida el mero transcurso para no restar luz a la luz de la memoria si los hombres mueren? ¿Y aún antes de la muerte caen irremisibles en el perfil sombrío y ahí el alma -límpida y a solas con su reflejo- pide toda la verdad a sus hermanos; y ellos pueden mentirle, pero de un amigo no caben imágenes sólo la vida? 




Entonces la pudorosa claridad pide su fina movida hacia las actitudes exactas de la muerte. Volvieron los preciosos antiguos a renovar el ánimo festival con todos y nosotros, presentes en la huida que tal vez los sentimientos guíen alguna ocasión a la razón. Aquí la amistad cual fondo conoce el desvío hacia la concreta y verdadera forma de la realidad favorable al desarrollo de una estancia en paz. 




Desmoronado en desapariciones el resplandeciente rugido de una hora -rústica y seca- calcinando el agua de un valle primitivo, pero sí existe la casa inesperada entre los ruidos ruinosos del orden y la comida comienza entendida en medio de los bosques solos de lluvia. Si el rigor frecuente del frío - sumergidas las selecciones - entra cuando el fierro antiguo apoya, entonces que el cargo duro atienda al temor e invite como la compañía. 




Participar en la verdad que la lábil proposición atiende. Si el fondo ha de verse en distinguidos preservados por la disposición bella del mundo, ésta -la casa prístina- que la voz del suelo entrega fértil como el humo es bandera de hogares, disminuye entonces el miedo escrupuloso de los horizontes cuidados en el fuego. Rauda la salida desde los finos y lucidos rincones, frescores que rigen -saludados- a la luz en la bienvenida valerosa del grupo; muchos al síntoma de un otro tiempo, mientras el ágora curse de su huella los ritmos fulgurados en la decisión del abandono. 




Colabora con prolongaciones en la alusión. Tardanzas tras el dado de la salida. Suelos sin la eficiencia del crecimiento que emplacen huecos donde perduran los ecos de la leyenda. Y la piedra sucumbe altiva bajo la luz de su polvo entre las marchas, entre los pueblos. Las manos al tanto ciegas retoman el jugo de su sangre a levantar la nueva anterior mientras la ruina redime el candor terrible de su nostalgia cuando la voz se entrega al vuelo material de los talentos y convoca este creído trabajo hacia los vientos 

saluda 

para los encuentros 

que el sitio deslumbra su en-tierra así la brecha magistral juzgada en acciones sacrifica lo afligido mientras el pensamiento debe -siempre- sus paredes. Que la idea se acerca al pie de la toma, lado que grita el honor al privilegio de su apoyo en una existencia cogida entre los cuerpos por el abandono. 




Mientras leíamos los principios entre la carrera de las aguas -la bienvenida- y solos mirando de vidrios que el manso mar, que el cielo cerrado por la blancura y una lejana impropiedad amenazando la casa mientras se estudia. Cuídame los puertos para atender toda esta orilla -entre mis pies y las ventanas- quedamos sin piedad por los recuerdos. Salva a las antiguas oscuridades cuando me visitan espléndidas desde el pasado. 




La ficción creadora convenida por sus caras a que esconde de negras puertas toda maravilla, la real, de los errores. 




Clarifican las sombras al ojo de la aventura que el contorno de dentro pretende figura andando, pero el giro del gesto audaz rasga y exagera en el paso la perdición de la suerte. 




Asignamos con el poder, nos signa la palabra y la vuelta de mano sostiene el ritmo simple de los amados inicios en los obsequios de la naturaleza. Para el amor opera el peso del pasado sobre la costumbre y se hace un rumbo claro, total en el descuidado presente. Quién comienza entonces si la gracia responde al oído y la realidad supone la dificultad conque sus horizontes crueles internan la noche en la mirada, pero si ciegos también reciben lo regalado entre la tiniebla cuando música aparece débil en los puentes cantados siempre. Que aquel mientras diga abre...el más alto don para el rigor de todo destino. 




Ningún compromiso fértil fue adquirido entre seguros. 




Mientras reúnes en la tarea los manejos, aquel sensible ha visto los recibimientos (sin acorde personal), cuida la anécdota de los cuentos (nunca la risa quiebra sentido), y entra al carácter de tu música la perspectiva profunda en la advertencia de cuanto aparece que la dedicación promueve su intensidad en la cuenta del oído, el uso de la seña consta como el fuego establece visiones del hueco en la hora nueva y severa. 




Deviene en cuerpo siguiente, a recibe en casas y la última cercanía tras la mano ardiente de los anhelos. Quisieran duras las nubes para el contraste y el diálogo viste en gala su desfile frente a un ritmo. Ritmo de adelantos al ámbito consultado quien dice el trato diáfano de una tarde nueva siempre. Ritmo sin adentro dispuesto al doliente augurio que exagera tu carrera por los transparentes alcances de una medida en el habla. Ritmo de todo silencio cursa alucinado la flor de su agua conforme a la débil y aguda peripecia de una luz y así respira el tiempo -crecido- cada vez más, que el honor pisa y arrastra conminado su altura entre los míseros llantos, qué si lo inevitable deforma este camino cruzado. Así registra la vida su caída maldita. 




volver al ritmo de un otro tiempo 




abandonados 

abandonados 




Ahora 

Sugerido en la preferencia global antes de la variedad completa explicando un entonces. Hemos el control maravilloso cuando terminen pobres conveniencias de lo elemental, pero el caso de cristal no concluye cuando concreta sin aviso el hecho mortal tomado en cuerdas temporales. Así las tempestades y la borrasca, soportadas en la expuesta relación que también visita el extendido vínculo como oasis, se nos entregan por el agotamiento. Este el acento de un punto claro contra la significancia práctica y quien calcula necesidad pervierte a la carencia a quedar sin jornada cuando vuelve cada vez la tarde premiada a acompañar lo oído. Este el alcance hacia el traslado que incluye un normal y toda la realidad nueva que íntimamente duda su apariencia. Algo en la invención tiende, lo que sucede vierte, y la materia individual se extravía cuidando el brillo de su parte que permite un fondo blanco. 




Caída de saber un exterminio supremo sin renovación alada que salve a la espada de permanencia. Porque la flora, lenta e ingobernada, insiste su aporte cuando la primavera lúdica desaparece tras una imagen simple que nos roba -de un súbito trazo- la real abundancia. 

Así se extingue -presta- la dulce cadencia de una visión amplia. Allí sobre el extremo saludo que la desolación cubre con murmullo y rumores para prevenirnos del silencio. 




Cubre tus mansos debates bajo la sombra templada de una misteriosa extensión perdida, así verás -aún apenas- el riesgo de una memoria infinita y perfecta asomada sobre el rigor del ulterior jardín habitado por recuerdos ya en la Noche de los Tiempos. 




Quien venga y fije con sangre un límite ante el débil paso adherido como la humedad al pensamiento, disfruta azorado la elaboración meticulosa de una partida, sugiere susurrante la raíz poderosa de una peripecia y transforma titánico heridas antiguas y nuevas en desaparecimiento. Entonces, hablando, un cruce frugal nos extravía sin remedio entre la falsa ejecución y el ancla virtuosa de las eróticas acciones; se aparece cruda la constelación de temblores celestes y el saber audaz de la marca reclama gimiendo su servicio. Así resulta la tierra de los jardines donde aquella sola pieza desnuda brilla con hambre en su pedido hasta un vacío irreconocible que siempre holgado nos abraza y nos yergue. 

Porque rige y comienza desde el primer punto de lo dentro, desde la magna y cruel búsqueda que sostienen sin continuidad los principios de todo origen. Así se cuida el súbito rasgo que la belleza reserva celosa entre bailes vacíos a quienes ven una noche regalada. Así la partida gira reverente sobre su respaldo y expande un régimen fecundo hacia sus pies anunciados por el universal signo de una familia. 




Desde abajo este sólo vértigo de sabidas independencias que no prepara reglados niveles para la mañana mientras cruza el fantasma de la audiencia hacia la gracia elemental de hacer mundo. 




Revisamos con el lenguaje toda presentación, dura o irreal, que explica ante propuestas que decían a un pensamiento cuando la zona enmarcada acusa con un puro color su transparencia al consentir. 




Toda tu devoción humana entrampada en un testamento de músicas tomado de un puro día sobre el campo de poetas, cuyo incompleto habilitado vaga incesante de oído en oído mientras allí llegan los raudales corpóreos de imaginaciones y ubicación. Pero el tamaño y la posición operan sin transa como cálculo y con espejismos amenazan el cuidado de este empeño. Porque la poesía invade pasajera -tal curso- con imposible, cargando un dedo sobre el tono salvado de los abismos, entre la sangre tibia y sapiente sudada en tus manos hacia el camino furtivo y luminoso tendido por tu paso. 




¿ Cuál revelación sufre entonces ? 




En el fondo hay siempre un cargo asible para la elaboración inicial del mundo. 




Dando a partir una idea desatendida a cuesta, además del natural regalo, las manos ocupadas se hunden por la derrota en su exceso; la espalda al cargar se rompe con reverencias y elegancia en su finalidad; los ojos atentos se ciegan creados en el fulgor limitado de su ocasión. Así, evitado y generoso, el rumbo padece lejanía soberbia y se pierde rabioso en pos de una segura razón. Pero el peligro siempre otorga salvación. 




Definió asustado que presentaciones múltiples vienen prematuras, orientadas al trance acumulando preciosos y solos designios. El gran recurso extiende, como río, su llegada de anuncio sobre el lomo ardiente del futuro tocable y su imagen solvente atenuada por el súbito plazo debe sacrificar con dolor nuestro festivo presente. Porque una empresa cruda rige incorruptiblemente sus faenas con la huella sangrienta y mansa que tal dolor concede al Tiempo. 




Recoge la comarca el sentido de su fragmento para retomar la decisión actuante sobre su cierre. 




Facilitada de el son, una naturaleza en la diferencia creyente de la visita ampliada toma andares de cauce el espectro lejano de una relación inminente. Nadie cumple acertada respuesta mientras la obvia y pronta llegada de sus puros anhelos dependa de la evidente obligación cotidiana que imponen aprisa los cambios. 

Arroja desesperado tu áureo valor al rostro benigno de lo distinto, por la vida de vidas de lo único entrampada en el éxito miserable de este mundo. El parecer al sobresalto, expresado como ícono en la conocida rareza de un asalto violento que cae sumiso sobre nuestro paso, requiere a una avanzada, a un golpe de timón que vuelque -por danza- las vistas universales hacia donde no hay luz alguna. 

























































ya enterados, el tiempo corrija su examen. 






















Cuando el discurso esparce gracioso su anchura atraída, entre el inventado pensamiento y la calculada gran reunión, se expone el tris de un público avance. Cuando la poesía pasea y pasea su voz entre el tiempo y las gentes, una sorpresa épica revela celestes estancias sobre la frente en espera y ya limpia de cada cual. 

Entonces está la calle fácil descubierta por el brillo ascendido que dimensiona sin medir el filo mortal de los andares preferidos; tras un púber ciclo, tras el alma de una fiesta, tras una teoría inocupada. Mientras, se nos da melancolía en una cadena supuesta para juntar -extrañados- a la realidad con lo imposible en un presente que sí existe, se llama: la paradoja. 




Que algo le concierna a alguien sólo cuando crea. 




Cuando el discurso atrae salones ansiosos en su pretendida explicación entre sí mismo y los ojos, las manos usadas descansan en la paz soberbia de lo hecho. Cuando la poesía se entrega distraída y precipitada entre el poeta y la musa, el canto abandona paseando todo ensimismamiento, para encargar desprevenido y acucioso la siguiente impostergable faena lejos de todo supuesto camino, ajeno a cualquier útil herramienta, inocente ante el bello fracaso. 




Un precisamiento inequívoco delimita el fronterizo borde de un temple que al cerrarse mide cifrando. De aquí el hallazgo. 




La luz, que contenida bajo la promesa estable y huida de su constitución general, figura a puntos el contorno continuo de la vida ocupada. Por ésto la noche aún permanece en los mismos altares jubilosos del misterio, siempre dispuesta para hospedar a los espíritus desocupados. 




(Nuestras ciudades hoy ya no guardan la noche para otra cosa que el miserable desenfreno de la mustia y pervertida diversión. Nuestras ciudades hoy ya no guardan la noche para otra cosa que el peligro mortal; la inminente y pasiva posibilidad de una violencia encarnada. No como la de fantasmas exquisitos y apariciones románticas e inocuas que vivieron sin prisa nuestros abuelos. Más bien de sangre caliente derramada en masa por dinero, por disgusto, por nada. Nuestras ciudades hoy ya no guardan la noche.) 




Nuevamente el fracaso -testigo y testimonio- asombra roiendo sobre la pulcra suerte de lo indiscutible, quebrando a destajo soluciones suficientes y entendimiento clemente que la diversidad sembrada y dichosa abre en lo distinto. 

Reparan ya no en umbrales monumentales que la gran frontera inalcanzada estima. Más bien el recodo lábil, el rincón débil, la pequeña y breve interrupción que asalta y embosca órdenes inscritos y transcursos labrados, para desde allí partir - mañana - a comenzar sin ofertas un reinicio. 

Donde lo irresistiblemente anterior, desde las pruebas irrefutablemente obtenidas en lo que a un error le falta siempre ante una silvestre vista cotidiana: su cálculo. 




Sea la lectura una vertiente ordinaria y virgen, bajo cuya luz en cristalidad la disciplina humana habita agraciando a una verdad en la costumbre. Se activan voces, miradas sin causa desde un noble campo interno que apela solemnemente con su sol raído a la sustentación épica de un iluminado punto que, por propio, permite abandonarlo -sin más- hacia lo de todos. 

Se corrige un ojo con el error para el acto de actos que, sin detenerse ante su esperado reposo, abre sumiso otra pausa estridente sobre el ritmo de ritmos del mundo. Para entrever, lejos del primer golpe, aquel tono de tonos perdido entre cuentos salvados por el oído se avecina, impreciso y radical, el voluptuoso origen salvador de un espíritu conocido y asiduo que en su vasto abrazo recoge, sin valoraciones, cuanto vuela gracioso y eficaz en el espesor que hay entre hombre y hombre. 




Comenzar cambiante por los cautelosos finales para intersectar como con ígneas líneas a la revelación sorprendente de encuentros sutiles sobre el remarcado borde que vigorosamente cuidó el volver. 

Tal cruce, específico y dominante, concibe una suerte a ras para hacer habitación real en la múltiple e imaginativa ambición de muchos destinos distintos pero comunes; vagos pero ya lanzados; regalados pero sin opción. 

Desde lo otro, como danza, adviene hoy el secreto urgado que sirve curioso ya no a las verificaciones crudas ni a los fenómenos cíclicos; más bien a la estrella dorada cuyas magnitudes celestes favorecen con dicha a la disímil claridad que la juventud toda contiene apasionada para permanecer heroica y precisamente en lo otro. 

Asumiendo con usos el curso sinuoso de la labor realizante de una afirmación pertinente cuando la madurez humana se distancia cansada antes de salir. Cuando la equivalencia incorruptible cumple con el calce mudo de los ojos claros; cuando la pureza contenta se alza fantasmal por suelos cuidados; entonces se pliega el arte de una noche reflejada en el circuito inalterable de las eruditas e inocentes imaginaciones, hasta resultar la seña tardía que invita con pulso, sin intervenir, para armar -tal vez- a la ardiente paciencia. 




El honor cumplido de la raza tienta como regalo enrostrando jornadas; flameando láminas; pintando delicias. 

El axioma inventado de órdenes suspende su superficie en el sistema caótico de aconteceres para consolar al artefacto, para pulsar la fiesta. 




El nombre aquel de aquellos no es sabido en la mera acumulación fatua de tiempo y menos desarrolla su cualquiera entrada en la trágica agonía de la sabia y tranquila contingencia. Pero allí, el vuelo primario del día casual se levanta crecido desde una hora dicha para ocuparse al rojo de su propia estancia. Entonces los hombres adquieren plenitudes antes de los méritos apenas agregando un tono prodigioso que vista objetivo y con palabra a la ocasión recargada, para que la singular materia gire su minucioso dentro hacia la celebrada posición otra que nos ubica dolorosamente en era. 




La experiencia salvaje converge holgadamente perdida entre limitados sensores orgánicos y una decisión indolente ya escapada en la naturaleza. Entonces la escasa pista rescata con avales a la honda casa integrando descansada latencia, en la consistente pausa que una reflexión soñada nos trae a media tarde. Cuando apenas una visión cómplice vuelve a extender confesada todo el sabio respaldo que nos dona hacia la edad. 




Hay que extrañarse en pos de cuanto se nos va desde la propia e ingente identidad hacia lo más inasible. Entonces cada elemento vibra sustentado en la dignidad retraída de su importancia, para apoyar el efectivo dinamismo con que un programa plausible anticipa osado su contenido cuando una contemplación concordante saluda entrando en nuestro presente. 




El mar abarcado en la energía como si tratáramos en climas para desprender el flujo dormido de la alegría fundante que reside en la compleja alborada.