Poética en la e[ad]

Tour

de José Vial Armstrong†

"Desde Barón a Viña del Mar el camino no es propiamente un ferrocarril, es una calzada i por esto formará con los años, una especie de agradable e higiénico paseo entre las dos ciudades, o más bien, entre los dos barrios más pintorescos del futuro Valparaíso: el Almendral y Viña del Mar". Vicuña Mackenna, "Episodios de viaje", pág. 18, I Edición 1877.

Se puede decir que "tour", en francés, quiere decir "vuelta", un circuito que cierra su término en el mismo punto de partida. El Turismo, ha montado a partir de esta característica, una actividad comercial que desde un punto de vista económico, muchos la comparan con una industria: "la industria sin chimeneas".

Los medios de circulación, por efectos de la técnica, han logrado independizarse gradualmente de los medios de propulsión "naturales, que antes implicaban un buen grado de incertidumbre en cuanto a la duración de los viajes. Un buen ejemplo es la navegación a vapor, que al sustituir a la vela, no dependió más de las alternativas del viento, y abrió por primera vez a los viajes transcontinentales, la certeza de un "itinerario" fijo. Si a esto se agregan los sucesivos esfuerzos de la técnica contemporánea para alcanzar la conquista de la velocidad y la seguridad en el transporte, veremos reunidos los factores fundamentales que aseguran hoy la posibilidad de "darse una vuelta" —a un plazo fijo, velozmente y con seguridad— por el mundo.

La Realidad Acontece

Yo he visto (sobretodo he oído) cómo la realidad no se configura ni se produce; la realidad acontece. Y una vez que se ha visto y oído ese acontecer, ya esos acontecimientos de la realidad no se confunden con lo que los medios, suponiendo e imponiendo categorías, intereses y falacias, convierten también en una contingencia nacional.
Yo creo que la realidad acontece cuando es dicha o cantada por la palabra poética, que nuestro tiempo es desplegado por la virtud creadora, no por la exigencia de lo contingente. Y se despliega en la obra; aquello que por definición reside en la Demora, no en la actualidad que demanda soluciones inmediatas. Una solución inmediata es la negación del presente, aunque parezca lo contrario.
¿Significa esto que debemos quedarnos de brazos cruzados frente a las injusticias? Exactamente lo contrario, pues creo que será la obra erigida en lo que se Demora, iluminada por la fragua de los oficios, lo que permitirá superar todas las injusticias, una a una. En todo caso siempre aparecerá una siguiente y más despiadada y habré de emprenderlas entonces contra esta.
Manifestarse a favor o en contra de la educación pública, privada, estatal, dominical, lucrativa, ruinosa y todo lo demás es cosa de aficionados, ya lo sabemos. Por ahí no vamos a cambiar nada de nada. Basta de irresponsabilidades.
Si alguien cree que la palabra que construye no va a cambiar nada o que sus cambios serán demasiado lentos para sus propias urgencias, es problema de quien cree eso, no de la palabra que construye. ¿A cuántos artistas se les ha dicho en su cara y en su pobreza miserable que sus obras no eran nada, para que al cabo de más o menos años, más o menos siglos, esas obras se constituyeran en la luz del mundo? ¿Cuántas obras han sido despreciadas por la contingencia y sin embargo luego recogidas humildemente, casi sin saberlo, por gentes y gentes que gracias a esa acogida han dado un giro en sus vidas y así han girado los ejes del mundo? 
Yo he recibido una herencia, se traduce en tradición. Para favorecer las porquerías de la tradición basta con renegar del pasado y pretender actuar sólo con lo nuevo.
Jamás la obra que surge y nace en lo que se Demora podrá ser subvertida por el vociferante mandato del poder. No pudo hacerlo el dictador, no pudieron sus asesinos, luego no pudieron hacerlo las coaliciones que traicionaron todas las promesas y no podrá hacerlo tampoco ni la masa marchante ni los señores del dinero. 
Pero yo mismo ¿hasta donde he traicionado la obra en favor del progreso y la he sustituido por elucubraciones seudo académicas que complacen al negocio del conocimiento? Porque entregar la libertad de estudio a los índices de calidad universitarios, coaccionados por estados homogeneizantes e ideologías mercantiles, públicas o privadas, es tan ruin como hacerla depender de los banqueros. Pero acaso ¿no basta el testimonio de la no acumulación de bienes ni riquezas para demostrar la lucha concreta contra los enemigos de la humanidad? ¿Necesitamos entonces aniquilarlos y hacer patente la diferencia, la del todo por el todo? No. De ninguna manera el juego será superado por la guerra.
El resplandor de lo abierto sobrevivirá sin que cuenten ni las personas ni los hechos. Las obras fundadas en ese resplandor cantan acaso la levedad de lo que se hace en virtud de los otros, y demuestran el coraje de contradecir incluso al amor.
Yo fui invitado a un modo de vida, de trabajos y de estudios. Tal vez lo he tomado todo demasiado al pie de la letra, impidiendo que cada caso se manifieste en propiedad. Y tal vez porque he tenido el juicio de antemano es que no he podido decidir cada vez sobre cada caso. 

Carta

Querido amigo,

respondo tu carta con pesar y sólo para exponerte algunas notas sobre destrucción, avaricia y corrupción. Aunque imagino que ya conces de todo esto y más. 
No voy a usar la palabra patrimonio ni ninguno de sus adjetivos estúpidos, pues se trata simplemente del corriente y silvestre derecho ciudadano a vivir, compartir y disfrutar en lo público.
Hace una década comenzó un ataque sistemático, sádico e implacable a ciertos bienes nacionales de uso público de valores inmensos. El ataque mencionado ha tenido pleno éxito y tanto las dunas como el borde costero entre Reñaca y Concón han ya casi desaparecido. Los perpetradores son por todos conocidos y sin vergüenzas se jactan de sus atrocidades en la propaganda oficial y en la publicidad privada. Las corporaciones (municipales y privadas) y las inmobiliarias han destruido lugares asombrosos, bellos, naturales y, sobre todo, pertenecientes al bien común de uso público. Comenzaron con la parte alta de las prehistóricas dunas, donde increíblemente caben todavía más edificios, siguieron con la playa de Cochoa, donde increíblemente ya no cabe ni uno más y ahora le están dando increíblemente duro a Costa Brava. Para poder instalar sus feudos comerciales deben asolar y allanar vistas, vías de circulación, veredas, senderos, vertientes, rocas, paisaje, y en general todo cuanto se opone a sus moles gigantes de departamentos. Como no hay escrúpulos ni leyes ni pudores suficientes para detenerlos, sabemos que el ataque continuará hasta el acabose, especialmente teniendo en cuenta que en nuestra nación la propiedad privada es sagrada, es más valiosa que la vida humana y que se la defiende con gobiernos, parlamentos, jueces, ejércitos y policías.
Cerca de un bello lugar conocido como Roca Oceánica, había otro bello lugar conocido como Puente Piqueros. Ambos lugares visitados diariamente por muchas gentes, a pesar del abandono estructural al que históricamente han sido sometidos por las municipalidades (considerando que podrían ser, sin exagerar y con muy poco dinero, extraordinarios paseos públicos, dignos de elogios internacionales y a la altura de los mejores del mundo). Pero era un lujo que, los ciudadanos, no podíamos darnos. Es por eso que sin decir agua va, una buena mañana aparecieron sobre las rocas dos y tres sendas retroescavadoras. No hay ni un solo letrero que diga lo que estas máquinas malignas se proponen, pero ya todos lo sospechábamos. Se trata de un hotel gigante de cinco estrellas, de 140 habitaciones, de inversionistas siempre privados, de 40 millones de dólares, de arquitectura bastarda, de progreso para la comuna, de empleo para la región, de burlas obscenas a la ley, de bolsillos corruptos llenos de coimas. Un lugar magnífico robado a la ciudad y a los de a pie. Porque los ricos sí pueden darse estos lujos.
Lo más indignante de todo el asunto -aunque no por eso lo peor- y lo que ha colmado la paciencia a la ciudadanía, que ya comienza a organizarse en grupos de protesta, es que esta vez decidieron construir no en la orilla poniente del camino, como habían hecho hasta ahora, sino entre el mar y la calle. 
No creo que la acción ciudadana vaya a significar mayor diferencia ante estos energúmenos poderosos, ignorantes y codiciosos. Sólo tengo una bella y última esperanza; que la gran ballena blanca -que sí existe, por supuesto- espere a que el hotel esté terminado, emerja monstruosa en una pálida ola nocturna, y se los coma a todos en una opulenta, exquisita y sangrienta dentellada.

tu servidor, 
Ismael.

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